By Brújula
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Para muchos capitalinos la Costa Sur representa un espacio ocasional de descanso; en contraste, para miles de trabajadores de la costa y del altiplano, es un amargo e ineludible espacio de trabajo. Mi interés por estudiar esta región surgió hace dos décadas mientras hacía trabajo de campo en San Martín Jilotepeque, donde campesinos indígenas me relataron sus experiencias como cortadores de caña en las plantaciones del Pacífico.

Este interés creció más adelante, cuando, haciendo investigación hemerográfica y de archivo, me topé con documentación sobre la persecución anticomunista en Escuintla durante la contrarrevolución de 1954. Más recientemente, quedé impactada por la lectura de testimonios de trabajadores de Santa Lucía Cotzumalguapa en los que se evidencia, por un lado, el alto grado de organización política que tuvieron los trabajadores agrícolas en los años setenta y ochenta del siglo XX; y por otro, lo extensivo e intensivo de la represión estatal en su contra.[1]

Así pues, la Costa Sur tiene una historia política convulsa y fascinante que merece ser estudiada e integrada a las narrativas históricas de las demás regiones del país. La investigación que estoy realizando está orientada a comprender las formas de organización de los trabajadores de la Costa desde la contrarrevolución de 1954 hasta la firma de la paz en 1996, así como la respuesta que dio el Estado a estas iniciativas.

Algunas preguntas que me hice a partir de este objetivo general son:

Después de 1954,  ¿qué iniciativas tomaron los trabajadores agrícolas de la Costa para negociar, debilitar o destruir el Estado finquero?; ¿Formó parte la Costa Sur de la insurrección campesina del altiplano que puso en jaque al Estado finquero entre fines de los años setenta e inicios de los años ochenta?; ¿Cuál es el lugar de la Costa Sur en la guerra, tanto desde el punto de vista del ejército como de la guerrilla y de los movimientos de masas?; ¿Cómo respondió el Estado a las iniciativas organizativas de los trabajadores y del movimiento revolucionario?; ¿En qué se diferenció su reacción de la que tomó en otras regiones?

Responder estos cuestionamientos pasa necesariamente por marcar distancia del enfoque victimista, judicial y muchas veces despolitizado que domina gran parte de los discursos de la posguerra. Creo que necesitamos pensar menos en víctimas y más en sujetos políticos, y que nos hace falta combinar análisis generales del Estado con análisis sobre sus actuaciones específicas en cada territorio. Proponer una reforma integral del Estado o más aún, su refundación estructural, implica necesariamente revisar de manera crítica nuestra “historia reciente.”

Retrato del líder campesino Juan José Yos, originario de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, quien murió en la toma de la Embajada de España el 31 de enero de 1980. Detalle de mural en la oficina del Comité de Unidad Campesina (CUC).

 

[1] Porque queríamos salir de tanta pobreza: la memorable historia de Santa Lucía Cotzumalguapa contada por sus protagonistas (Impunity Watch, 2011) y Hasta ver la justicia (Guatemala: Asociación Memoria, Dignificación y Esperanza /Asociación Civil Verdad y Vida, 2016).

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