By Brújula
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Apolítico

Enrique Noriega / Corresponsal/

Últimamente he observado a varias personas o grupos que afirman ser “apolíticos”.

Las percepciones de la política la suelen ver como “un chiste”, “un circo”, “corrupción, corrupción y más corrupción”, “un juego sucio en el que no hay que meterse”, “la política es echar casaca”.  Por supuesto, esto sucede por las malas prácticas de nuestros políticos (por lo regular poseen deficientes estrategias de comunicación política), los medios de comunicación y porque los ciudadanos no nos involucramos en la política.

Los ciudadanos, aquellos que dicen que la política es sucia.

Sin embargo, nadie puede ser apolítico.  No podemos realizar demandas u organizar grupos sin ser políticos, ya que todos observamos, reproducimos y formamos parte de elementos propios de la política como lo son las negociaciones, jerarquías, uso de autoridad, preferencias…

Pongamos un ejemplo. El aborto.

Todos tenemos una opinión sobre él y probablemente tengamos una idea acerca de llevarlo a cabo o no en caso de enfrentarnos a un embarazo no deseado. No podés decir “no estoy ni en contra ni a favor del aborto”; podés tomar una posición y no necesariamente tiene que ir acorde a lo que la sociedad impone (siempre que estés dentro del marco de la ley).

¿Y si la otra persona tiene una opinión contraria a la tuya pero deben tomar una decisión? Ahí entran en juego las negociaciones, cada quien tiene ciertos intereses, miedos, principios éticos y creencias; sin embargo, es importante respetar las creencias de la otra persona, buscando encontrar un acuerdo sobre qué hacer.

La política y tomar posiciones no tiene que ser algo negativo.

Al contrario, si nos involucráramos más en la política y si nos informáramos un poquito más, podríamos exigirle transparencia, representación y eficacia a nuestros gobernantes. Podríamos exigirle a los candidatos presidenciales y a los partidos políticos que formulen planes de gobierno explícitos y coherentes (más allá de decir “buscamos lograr el desarrollo” sin explicar cómo hacerlo), y mejorar esos debates presidenciales tan peculiares que caracterizan a la política de nuestro país; podríamos deslegitimar a quienes hacen campaña anticipada y pasan por alto la ley.

Si fuéramos más democráticos y utilizáramos nuestras instituciones para expresar nuestras demandas, y si el gobierno las tomara en cuenta, no habrían tantas manifestaciones que nos han perjudicado a todos.

¿Pero cómo logramos todas esas cosas? Claro, es algo complicado y toma mucho tiempo, pero si no empezamos ahora, nunca tendremos un mejor país. Y si nos mantenemos al margen de la política y si seguimos pensando que en Guatemala nunca pasa nada (y si pasa algo se le saluda, los problemas en Guatemala no duran más de una semana), vamos a seguir permitiendo que vengan otros y hagan lo que quieran con el Estado y nuestros recursos.

Vivimos en una democracia y eso nos da el derecho a los ciudadanos de exigirle a los que están allá arriba que hagan bien su trabajo, de elegir a nuestros representantes y estar pendientes de qué es lo que hacen como funcionarios.

¿No nos gusta cómo es la política en nuestro país? No lo ignoremos, ¡Transformémosla!

 

Fotografía:  www.anarchistmedia.files.wordpress.com

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