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Andrea Moreno/ Colaboración/

Guatemala, como la mayoría de países en Latinoamérica, posee un alto número de habitantes correspondientes a las etapas de la niñez y juventud. Según las estimaciones y proyecciones, la población guatemalteca se ha duplicado en los últimos veinticinco años. En 1990 la población era de aproximadamente 8,890,216 millones, la cual aumentó a 16,157,970[1] millones en el año 2015[2]. En el año 1990, la población infantil y juvenil  (0-19 años) estaba representada por un 56.3%; y en el 2015 se estimó en un 31%.

A pesar de que la población infantil y juvenil representa un porcentaje significativo del total, ésta no ha sido tomada en cuenta en todos los aspectos que involucra el desarrollo integral de una sociedad. Guatemala aprobó la Convención de Derechos del Niño en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1989 y la ratificó en 1990.

En esta Convención se determinan los derechos de la infancia, los cuales deben ser garantizados por el Estado.

Guatemala, a lo largo de los años, ha sufrido numerosos problemas que han repercutido en el desarrollo de la población y más aún en la niñez y juventud. La toma de decisiones sobre aspectos coyunturales se realiza en base a intereses de gente adulta que antepone sus beneficios sin enfocarse en priorizar a los sectores más vulnerables, entre ellos la niñez indígena, rural y pobre. La poca inversión que hace el Estado en la educación interfiere con la capacidad que tienen los niños y niñas para desenvolverse y preparase para el futuro. En el año 2014, Guatemala destinó el 3.4% del Producto Interno Bruto en inversión a la niñez (la más baja en Latinoamérica). Por esta razón, las nuevas generaciones poseen  una calidad de vida inferior a las que deberían gozar todas las demás personas.

Si el sector educativo no se ve priorizado por el Estado, existe poca probabilidad de reformar las acciones que afectan la estabilidad de la sociedad. Es difícil para una sociedad cambiar tendencias, patrones y actitudes que durante décadas han venido facilitando las conductas socioeconómicas, políticas y ambientales contemporáneas, pero también mentales y espirituales. Los niños y niñas merecen crecer en un ambiente sano, limpio, lleno de fraternidad y paz.

Es sumamente importante que gocen de una educación de calidad y atención por igual, sin discriminación.

La niñez en Guatemala debe ser considerada como un sector priorizado, respetado y sobre todo productivo, porque aunque en general no pertenecen a la Población Económicamente Activa, en sus mentes en formación, está el camino hacia la solución de grandes obstáculos que impiden la consolidación de la paz y la justicia. Y si a algún obstinado aún le queda duda sobre fortalecer o no el desarrollo de la niñez porque los beneficios se verían a “muy largo plazo”, sólo debe darse cuenta de que 5, 10 ó 20 años transcurren más rápido que el tiempo que tardaría la gente, que maneja actualmente el país, en darse cuenta de sus errores y rectificarlos.

[1]Proyecciones de población INE-IDH

[2]CELADE – División de Población de la CEPAL. Estimaciones y proyecciones de población a largo pazo 1950-2100. Revisión 2012

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