democracia

Ovidio Parra/ Colaboración/

Me gustaría partir con el morbo de la frase utilizada en “V de Vendetta”: El pueblo no debería de temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo.

Parte de entender el concepto, me gustaría partir de lo indicado por el jurista chileno Alejandro Silva Bascuñán y el texto “Tratado de derecho constitucional: Principios, Estado y Gobierno”[1] en el que por democracia representativa, se entiende que el gobierno representativo es aquel en que el titular del poder político no lo ejerce por sí mismo sino por medio de representantes quienes a su turno formulan las normas jurídicas, las hacen cumplir, deciden los problemas públicos y desempeñan las más importantes funciones de soberanía. En consecuencia, cuando el pueblo siendo titular del poder político designa representantes suyos para la integración de los órganos que ejercen los diversos atributos del mando, existe la democracia representativa. (Pág. 374)

Siendo esto cierto, parece que en Guatemala los términos democracia y gobierno representativo, no son apreciados por la población aunque muchos utilicemos la palabra democracia en diversidad de circunstancias o situaciones, los beneficios que se supone debieran ser aprovechados para todos o en su defecto la mayoría, no lo son.

Los partidos electorales que tenemos en Guatemala –y digo electorales porque solo les interesa ganar la elección, más no aplicar sus propuestas políticas o de gobierno– no se pueden jactar de ser democráticos, en cualquier país con un sistema electoral y de partidos institucionalizados, existe un proceso de elecciones primarias a lo interno del partido, en las cuales se determina el candidato hombre o mujer más apto o idóneo para competir en las elecciones. Por citar un breve ejemplo aunque como este, existen varios.

Si los partidos políticos no son democráticos internamente, ¿cómo podemos esperar que lo sean al ejercer gobierno?

Por otra parte, una de las deficiencias para la elección de diputados, radica en que los votantes elegimos por lista de diputados y no al candidato, es decir votamos por lista “cerrada” y no “abierta” ¿Es esto “representativo”? Por ejemplo, nuestro candidato o candidata de interés puede estar a la mitad de la lista, pero quienes tienen posibilidades de alcanzar un curul, son quienes están posicionados en las primeras casillas, quitando representatividad real al electorado.

Menciono lo anterior como sociedad con una democracia relativamente joven impulsada por los Acuerdos de Paz, pues para algunos grupos, la democracia existía durante el conflicto armado interno principalmente para los grupos de pro-derecha.

Al tener un sistema electoral débil y poco institucionalizado, es fácil entender por qué la democracia que vivimos en el país se percibe en declive. Lo menciono porque muchos de los guatemaltecos no nos sentimos representados tanto en el Congreso de la República, como en el Ejecutivo –o al menos, ese es mi caso.– Pero no creo que haya votante que se vea representado con la farándula que se ha dado en torno a la agresión de la Vicepresidenta Baldetti.

Otra debilidad del sistema, es el financiamiento de los partidos y la “carrera” electoral que estos realizan para las elecciones. Partiendo del financiamiento, este es sin duda uno de los eslabones más débiles dentro de la cadena para alcanzar la democracia; con esto no quiero decir que no venga una persona individual o sector privado, que desee financiar a un partido. Pero los partidos políticos y su carácter representativo dentro de la sociedad, deben de ser abiertos al escrutinio público, es decir NO esconder su financiamiento. Lo segundo, la “carrera” en un país multipartidista extremo[2], simplemente suena absurdo que un partido no compita para las elecciones presidenciales o no sea parte de una coalición para alcanzar la presidencia y por ende no muera al no alcanzar el 5% de los votos necesarios y permanezca dentro del Legislativo como un quiste.

Sin embargo, la debilidad más grande radica en la población y para ser más precisos en el ejercicio de la ciudadanía, que en términos simples, somos quienes tenemos la oportunidad de elegir y ser electos; que muchos creemos que la democracia se vive cada cuatro años al elegir representantes pero utilizamos el término a diario como si la aplicásemos a nuestro diario vivir.

Para no caer en la mediocridad de elegir al menos peor, es necesario primero que nos informemos y no nos dejemos llevar por canciones o colores. Porque de hecho, a pesar que se menosprecia a quienes se considera que votan por la comida o láminas que les dan para votar, lo real es que serán muy pocos los que lean las propuestas políticas de cada partido o que siquiera conozcamos a los personajes que nos representan a nivel departamental ¿escupiendo al cielo?

Para poder vivir en una democracia representativa, primero debemos de participar y no quedarnos de brazos cruzados. Mucho menos no querer involucrarnos por conceptos vagos de individualismo basados en términos “libertarios” que poco conocemos, por lo que tampoco se vale exigir y exigir sin querer hacer algo a cambio de que nuestras exigencias sean escuchadas. Entonces, si percibimos que los diputados NO hacen nada por el país, ¿para que nosotros? ¿Es eso representatividad?

Todos soñamos con una Guatemala mejor, mejor en oportunidades de crecimiento, sin pobreza, sin desnutrición, sin vagos, etcétera; pero a pesar de ello, no hacemos algo por componerla. ¿Así que quienes deberían ser temidos, los representantes o los representados?

 


[1] http://books.google.com.gt/books?id=b7SuZrunT2cC&lpg=PA374&pg=PA374&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false

[2] Diccionario Electoral del Instituto Nacional de Estudios Políticos (INEP) de México: http://diccionario.inep.org/M/MULTIPARTIDISMO.html

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