people walking on grey concrete floor during daytime

 La interpretación del espacio público se define como el espacio de formación colectiva, acuñado a la interculturalidad, siendo un elemento fundamental en la ideologización de los individuos pertenecientes a una región, comunidad o país. Siendo estos componentes culturales, estéticos y espaciales, los vínculos directos a la formación de sociedades entremezcladas con dimensiones sociales e ideológicas. El espacio público se ha convertido en el lugar donde convergen la ideología, intereses y representación, siendo parte del sistema político que se adapta a las coyunturas de tiempo y lugar.

La relevancia teórica sobre la formación ciudadana se vincula desde el enfoque social, ideológico y cultural que configuran al ciudadano en la exteriorización de la percepción de la realidad social. Por ello se destaca los imaginarios sociales que contribuyen a entender a la ciudadanía actual dentro de los espacios públicos como punto de equilibrio activo, participativo e inclusivo.  La línea asimétrica que se establece parte del rol que juega el espacio público como construcción social y que se entreteje con la ideología, contribuyendo a la formación ciudadana de los individuos.

El espacio público como concepción política

El espacio público se ha transformado en el escenario político por el cual las masas se vinculan por imaginarios colectivos materializados en acciones, prácticas o conductas generalizadas en el campo social. Las sociedades del siglo XIX comparten el factor común sobre los movimientos sociales que configuraron la historia de lugares o sitios específicos que hoy en día guardan gran hermetismo y que para muchos son considerados de identidad nacional.

“la esfera pública es entonces, en el lenguaje político un constructo en el que cada ser humano se ve reconocido como tal en relación y como la relación con otros, con los que se vincula a partir de pactos reflexivos permanente reactualizados” (Delgado Manuel y Malet Daniel, 2007) Dentro de cada espacio público coexiste forzosamente el elemento ideológico por el cual surge el sentimentalismo patriótico que se comparte y acepta por personas ciudadanas sin distinción alguna. Este espacio abre el escenario, para la racionalidad consensuada como decisión política, normalizado a través de la vida democrática, esto como vínculo entre la esfera social y humana a lo que se puede denominar cultura genealógica colectiva.

Desde el enfoque cultural, la ideologización del espacio público cobra relevancia por dos motivos elementales: primero, porque es una forma de rechazo, manifestación o aceptación que se legaliza en la mayoría de las Constituciones Políticas de países. Segundo, contribuye a la formación colectiva social por medio de la concientización que se une a la atribución de la simbología que se le asigna.

La formación ciudadana por medio de la concepción socio-ideológico se antepone a los aparatos ideológicos tradicionales –religión, educación, ejército y medios de comunicación- debido a que ocupa y ejerce el poder en los espacios de ideología ciudadana, por lo que se da la transición de la democracia representativa hacia la democracia colectiva o social. De esta manera se apela al poder reformador ascendente (abajo hacia arriba) basado en los principios, valores éticos y democráticos desde la visión del Estado republicano, dicho poder parte como principio fundamental que no existe o acepta otro poder más que la responsabilidad ciudadana por defender las causas justas sin importar la edad, clase social o ideología. Al mismo tiempo coloca en escena una fuerza de choque en contra de los mecanismos ideológicos para reconfigurar la correlación de fuerzas y producir el ciudadanismo desde el mismo ciudadano, como parte de una línea unilateral centrando su atención los espacios de interacción social, solidaridad y sentido unificador de masas colectivas.

En este sentido, se intenta retomar y colocar sobre la mesa la teoría de la justicia de Jonh Rawls, buscando romper el velo de la ignorancia, para conformar la cohesión social a través de vínculos humanos con alternativas para la comunicación política. “El ciudadanismo se plantea, como se sabe, como una especie de democratismo radical que trabaja en la perspectiva de realizar empíricamente el proyecto cultural de la modernidad en su dimensión política que entendería la democracia no como forma de gobierno, sino más bien como modo de vida y asociación ética” (Delgado Manuel y Malet Daniel , 2007)

El vínculo de la concepción política del espacio público parte de la comprensión de ese espacio como la asociación de individuos aceptados entre ellos por acuerdo voluntario e interactivo, para exponer y constituir el conjunto de doctrinas unidas por un lazo colectivo. Una plaza, un parque, una calle o una avenida se interpretan por perspectiva cultural, ideológica y estética, este último no como sentido ornamental, sino por la dialéctica entre los sujetos sociales y sujetos políticos que a través de la estatización de la política abogan por la sensibilidad humana para la construcción de prácticas de Estado. (García-DoménechSergio , s/f ) afirma: “históricamente los lugares urbanos se les ha llegado a otorgarles una percepción social de plaza urbana como lugar de interacción ciudadana, independiente de sus características formales y estéticas” (p. 167).  Las sociedades actuales o contemporáneas han recibido un legado público espacial en el que se reconoce su relevancia por su aporte en la coyuntura dentro del sistema político.

A pesar que la intencionalidad se enlaza más a un reconocimiento o legado cultural histórico muchas veces este sentido de identidad colectiva se tergiversa por la búsqueda de prácticas partidarias recurriendo al sentido populista y denigrando la esencia del espacio público como interacción social, lo cual es parte del reto de la ciudadanía del siglo XXI que se explicara en el siguiente apartado.

El desafío ciudadano en la sociedad actual

El cambio o transformación al que se han visto expuestas las sociedades, ha provocado que la ciudadanía se mueva en distintas esferas públicas, desde el decir, actuar y pensar, lo que ha provocado una serie de reconfiguraciones sociales por factores externos -injerencia, intervencionismo e ideologías occidentalizadas- e internos –movimientos y conflictos–. Las sociedades actuales se han visto absorbidas por grandes retos que limitan la construcción social, uno de ellos se evidencia por la división ciudadana entre activos y pasivos en el escenario actual los gobernantes prefieren a los pasivos porque son fácilmente controlados y manipulados. Sin embargo, para rescatar la esencia de la democratización colectiva, es fundamental contar con ciudadanos activos e inclusivos.

Gran parte de la pasividad ciudadana es derivado de la lógica capitalista consumista que se ha impregnado en las estructuras sociales llegando a la mayoría de ciudadanos posibles, lo que ha dado como resultado apatía política, abstencionismo y polarización social. Por lo que se ha caído en una falsa ilusión democrática republicana utilizando la ideologización para justificar la defensa del status quo que sirve al interés de la concepción elitista. “el modelo de la democracia moderna fue la democracia de los antiguos, especialmente de la pequeña ciudad de Atenas, en los momentos que el pueblo se reunía en Agora y tomaba libremente, a la luz del sol sus propias decisiones después de haber escuchado los diversos puntos de vista de los oradores” (Bobbio Norberto, 1986)

Hoy en día ese espacio público donde perviven y perduran los intereses colectivos ciudadanos es reconocido por las mismas autoridades o gobernantes como una fuente de emancipación hacia la estructura preexistente y de empoderamiento a las masas. Desde lo político se construyen redes de movilización ciudadana que son llevadas hacia un plano ideológico por causas compartidas que entrelazan historia y demanda nuevos modelos de hacer política. A pesar que las asimetrías unificadoras radian en torno al ciudadano como sujeto creador no deja de tener presencia la estatización del poder del Estado.

Al saber que la plaza o parque es el lugar de la fuerza colectiva este es aprovechado por actores que intentan plantear un nuevo adoctrinamiento opuesto a la ideologización ciudadana, esta nueva alternativa es utilizada desde la visión competitiva para influir en la colectividad para posicionarse como figura y proyectarse a futuro en muy posiblemente en escena electoral. Apuesta por el sentimentalismo de las masas utilizando ese espacio público cultural e ideológico como plataforma, lo que tergiversa su sentido ciudadano y polariza a la sociedad. La puesta en escena de prácticas desvirtuadoras en la esfera pública deja de ser percibidas como relaciones colectivas y se convierte en demagogia que coloca en el escenario una propuesta fuera del consenso ciudadano y se interpreta como una contrapuesta por la elite perteneciente al bloque hegemónico.

La polarización y fragmentación social ha sido utilizado por el poder estatal como mecanismo de respuesta ante la lógica unificadora social apelando al apoyo de grupos sociales que apuestan por un Estado limitado para politizar la ideologización ciudadana.

Durante décadas la lógica social dominante en el espacio público ha sido la mezcla entre clase y vida política girando en torno al ámbito cultural y económico definido por el Estado-nación. Las demandas lógicas sociales se subordinaban al monopolio que el Estado detentaba como productor casi exclusivo de la concepción de la ciudadanía en la sociedad industrial moderna. La crisis actual del Estado-nación ha puesto de manifiesto el predominio de esta lógica en la que lo político, lo público y lo social se entronizan de manera indiferenciada como centro sagrado de la modernidad. (Tejerina, 2005:7)

La monopolización del Estado ha provocado que surjan otras formas de producción política no necesariamente desde el espacio público, pero si con un alcance poderoso por parte de elites alineadas al status quo des legitimador de la colectividad ciudadana, aunque este último se convierte en receptor y retro alimentador de la relación dialéctica. La transición del siglo XIX al XXI trajo consigo el surgimiento de un mecanismo difusor de la información lo que movió totalmente la formación ciudadana en el escenario político. En un primer momento los medios partían del hecho de informar y educar al ciudadano común sobre la realidad coyuntural, Sin embargo, los tentáculos del poder por parte de la mencionada concepción elitista no tardo en cercar y moldear a los medios a su antojo, por lo que la agenda noticiosa dejo de ser para la ciudadanía para convertirse en espacios cerrados de resonancia por parte de supuestos tecnócratas.

La lógica ciudadana ha migrado de la naturalidad social comunal hacia la virtualidad privada antisocial, marcando un hito en la construcción formativa de los individuos en la sociedad desapegándolo de su ideologización como ser humano y social, los resultados de la práctica de vida social en las plataformas digitales o virtualidad ha puesto en escena la transición de reconfiguraciones de la esfera pública.

Referencias:

  • Bobbio Norberto, El futuro de la democracia, edición en español 1986, México, Fondo de Cultura Económica.
  •  Delgado Manuel y Malet Daniel, El espacio público como ideología, Revista Jornadas Marx siglo XXI Universidad de la Rioja, 2007.
  • García-Domenech Sergio, Percepción social y estética del espacio público urbano en la sociedad contemporánea, Escuela Politecnica Superior. Departamento de Edificación y Urbanismo.
  • Perafán Eduardo, estética, ideología y espacio público, Universidad Católica de Colombia 2020. Recuperado de https://www.researchgate.net/publicaction/344445722
  • Portillo Gustavo, De la política a la estética, febrero 2007, recuperado de https://dialnet.uniroja.es/descarga/articulo/2474607.pdf
  • TejerinaBenjamin, Movimientos sociales, espacio público y ciudadanía: los caminos de la utopía. Revista Crítica de Ciencias Sociales 2005 recuperado de http://journals.openedition.org/rccs/982
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