By Brújula
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Ángel Ramírez/ Corresponsal/

Como ciudadanos guatemaltecos, ¿alguna vez se han preguntado qué significa la democracia en Guatemala? ¿Quizás se han cuestionado cómo es que funciona la misma? ¿O en realidad, únicamente han considerado a las elecciones como el único elemento que nos hace ser un país democrático?

Inicio este artículo con estas preguntas por una sencilla razón. Como parte del curso de Prospectiva Política II estuvimos realizando un análisis sobre la cultura política de los guatemaltecos y clarificamos una situación impactante, incluso escalofriante: el guatemalteco es democrático en la teoría pero autoritario en la práctica. Es decir, cree en las elecciones, confía en el Tribunal Supremo Electoral, valora su voto; pero cuando se trata de la mediación de problemas y convivencia social (la parte más esencial y profunda del contrato social) prefiere ser autoritario e imponer lo que considera correcto, sin aceptar opiniones distintas y deliberar entre la diversidad.

Esta situación posiciona a nuestro país como democrático ante la comunidad internacional, ante los indicadores sociales y en muchos aspectos más. Sin embargo, las apariencias pueden engañar y se convierte en un problema aún más grave si al lobo vestido de oveja se le olvida que en realidad sigue siendo un lobo que, simplemente, se vanagloria de ser oveja. Es decir, muchos guatemaltecos que tienen tan arraigado su autoritarismo, por más que crean en las elecciones o en la “democracia”, prefieren ver muerto a un delincuente antes que pase por los tribunales de justicia; prefieren la justicia en propias manos antes que el Estado de Derecho.

Existen muchas actitudes ciudadanas con las cuales se puede fundamentar esta afirmación, en todas las dimensiones de la sociedad.

Desde el presidente electo por votaciones libres, regulares y limpias (sin fraude) que declara que el asesinato de un hombre es una lección para todos los delincuentes, pasando por alto cualquier proceso judicial propio de instituciones democráticas; hasta aquel ciudadano que cuando el guardia de una colonia no le abre el portón por reglamento interno de la misma, empieza a lanzarle toda una serie de insultos y confrontarlo incluso hasta con violencia, sin considerar que existen reglamentos de vecinos por los cuales un guardia se rige.

En conclusión, el guatemalteco cree en la democracia por sus elecciones, porque considera su derecho votar, pero no cree en sus mecanismos y procedimientos. La justicia democrática, la distribución de la riqueza, el reconocimiento de las diferencias, el desarrollo sostenible, la transparencia, el respeto a cualquier ley siguen siendo ideas y no realidades, porque preferimos ser democráticos en la teoría pero autoritarios en la práctica. La democracia va más allá de las votaciones y ese es el reto que tenemos como ciudadanos, considerar que hay muchos más mecanismos democráticos que tenemos que fortalecer y respetar.

 

Imagen: www.toda-mafalda.blogspot.com

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