Cómo olvidar ese 13 de marzo, esa noticia que nos cambió la vida a todos. Ya pasó más de un año desde que se presentó el primer caso de covid-19 en el país, sin embargo, he visto muchas discrepancias en nuestras decisiones y acciones.

En un comienzo le teníamos miedo y vivíamos bajo la sombra del virus, intentado no salir de nuestros hogares, tomando todas las medidas de higiene habidas y por haber, para evitar contagiarnos y a nuestras familias, vimos como los casos incrementaban, pero luego pudimos observar una luz al final del túnel que poco a poco se acercaba hacia nosotros, dándonos cuenta que los casos positivos disminuían en nuestro país, pero

¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué nuevamente tenemos incrementos en fallecidos por este virus? ¿Ya no le tenemos miedo?

 

Nos hemos adaptado a la realidad, utilizando mascarilla no como un medio para evitar el contagio sino como una obligación nacional, utilizándola solo cuando no queremos ser sancionados por la ley y no para resguardar nuestra salud. Nos lavamos las manos solo por protocolo, pero sin contar los segundos que debemos permanecer lavándonoslas. Ingresamos a los centros comerciales, tiendas de conveniencia, entre otros, nos tomamos la temperatura con la mano y nos aplicamos gel sin dimensionar la importancia que tiene el tomarnos la temperatura adecuadamente en nuestra frente y aplicarnos gel para evitar contagiarnos.

Hemos adaptado nuestro diario vivir a la nueva normalidad, pero no hemos reflexionado que esta pandemia continúa, nuestros familiares siguen falleciendo, los hospitales siguen sin darse abasto con insumos y espacios para los cientos de pacientes contagiados.

Tristemente vivimos en un país tercermundista, donde no podemos contar con planes de vacunación que sean eficaces para la población guatemalteca, donde preferimos viajar a otro país, si cabe en nuestras posibilidades, para podernos vacunar, a esperar que por grupos de edad, seamos vacunados, incluyendo que no contamos con la cantidad de vacunas para cubrir a la población entera.

Debemos como ciudadanos, continuar con las medidas de higiene, pero cambiando ese pensamiento que debemos realizar estas acciones como normas que nos imponen, sino que debemos realizarlas para el bien de nuestras familias y el propio. Podemos combatir esta pandemia siendo responsables y pensando antes de actuar, reflexionando sobre nuestras acciones y si estas serán de beneficio propio o solo nos perjudicarán.

 

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