By Alanon
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Soy una mujer que vive con un alcohólico activo y con un hijo, formando lo que se podría llamar “una familia”.

El alcoholismo ha dejado huella profunda en cada uno de nosotros y hemos buscado nuestro proceso de recuperación: yo en Al-Anon y mi hijo con profesionales de la salud.

La situación de confinamiento por la pandemia del coronavirus nos ha obligado a estar bajo el mismo techo que el enfermo alcohólico, más del tiempo que puede ser sanamente “manejable”.  Se respira desconfianza, miedo, frustración, no hay esperanza. Se camina de puntillas para no ser motivo de discordia. Todo y nada es problema

En mi caso, el alcohólico ha ido evolucionando en su enfermedad ya que del alcohol se pasó al consumo de pastillas para dormir. No lo había notado hasta que hace días hubo un cambio de 360 grados en su humor, en el término de unas horas, por la mañana se presentó platicador y nostálgico, recordando tiempos pasados con reproches y culpas hacia esos eventos. Tres horas después estaba pegando de gritos al hablar con sus amigos por teléfono, con un hablar pastoso, sin coordinación motora y con la cabeza gacha. ¿Qué pasó? ¿De dónde sacó las cervezas?, me pregunté insistentemente.

Mi hijo se dio cuenta de esta situación y estaba igualmente asombrado, asustado y enojado al verlo de esa forma. No hubiera pasado a más de no ser porque el alcohólico dejó la puerta de calle abierta y se salió el perro… ¡A buscar a la mascota! ¡Gritos llamando al perro, gritos de recriminación por el descuido, reclamos y amenazas! ¡Un caos total!

El alcohólico, en el estado en que estaba, decidió coger las llaves del vehículo e irse a la calle. Mi hijo tomó camino hacia la casa de su mejor amigo para no enfrentarse a su papá y allí pasó un par de días.

 Yo me preguntaba ¿Cuál es mi papel en esta locura? ¿Debo irme yo también pensando en resguardar mi seguridad física y mi salud? ¿A dónde se habrá dirigido el alcohólico, usará la mascarilla, respetará el distanciamiento social?

Mis pensamientos eran un desorden, mi corazón me latía con prisa y tenía deseos de salir corriendo. De pronto me vino a la mente algo que había escuchado en una de las reuniones de Al-Anon: piensa, respira, acciona en lugar de reaccionar. Al entrar en cierto control de mis emociones, específicamente miedo y enojo, me ubiqué en lo que estaba viviendo. Debía pensar en mi seguridad y debía definir el plan B a seguir, medidas que también las aprendí a través de lo compartido por personas en Al-Anon.

Platicando con mi Poder superior a través de la Oración de la Serenidad obtuve claridad para pensar y definir qué haría. Seguidamente, establecí el procedimiento para evitar el contagio: separar mi vaso, cubiertos y platos del resto, lavarlos y guardarlos en un lugar solo para mí. El distanciamiento social no fue nada difícil ya que tuve la suerte de irme a otra habitación. Todo ello sería por diez días por si el alcohólico regresaba contagiado.

¿Y qué haría si regresaba agresivo? ¿Y si no cumplía con el toque de queda y se lo llevaba la policía? ¿Y si…? ¡Alto! ¡Ya no más pensamientos trágicos!

¡Sí, reconozco que tengo miedo pero ello no me va a gobernar! Hay una lectura en nuestros libros Al-Anon en la que nos dice que muchas de las tragedias que nos imaginamos únicamente suceden en nuestra cabeza, así que nuevamente pedí serenidad para continuar tomando decisiones.

Dejé las llaves de mi vehículo a la mano, mi bolsa y dinero dentro del carro, una chamarra para abrigarme. El carro estaba parqueado para nomás encenderlo y huir.  Llamé a una amiga para alertarla de la posibilidad que llegara a deshoras a su casa para pasar la noche. Si la policía lo detenía él, tendría que vivir el encarcelamiento y pagar la multa correspondiente. Yo no lo rescataría. Ahora solo me quedaba esperar. Todo se resolvió de la mejor manera aplicando las herramientas aprendidas.

Los libros de lectura diaria fueron mi compañía, me ocupé en lugar de preocuparme, apliqué los tres primeros pasos de Al-Anon con los que reconocí que yo era incapaz ante el alcoholismo de alguien más, reconocí que hay un Poder superior me puede ayudar y decidí poner en sus manos lo que estaba viviendo.

Esta es otra cara de la pandemia que muchos no aceptan pero que hoy se evidencia con más claridad, la de una persona que se ve con la necesidad estar con un alcohólico.

Al-Anon puede ser la ayuda que se necesita hoy.

 

 

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 2251-8949 y 2253-9637 ó alanondeguatemal@gmail.com

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3 Comments
 
  1. Avatar
    Esther / 25/05/2020 at 16:27 /Responder

    Gracias por compartir tu experiencia, leerla me da la esperanza de una vida mejor ya sea que los alcohólicos de mi vida sigan consumiendo o no.
    Al-Anon me enseña que ellos y yo somos individuales, que yo no puedo vivir su vida ni ellos la mía.
    Gracias Al-Anon por enseñarme que hay otra forma de vida.

  2. Avatar
    JUAN / 25/05/2020 at 16:54 /Responder

    Gracias por compartir su historia, me da esperanza en esta época de confinamiento con un alcohólico y la incertidumbre y el miedo que ello implica.

  3. Avatar
    Lorena / 26/05/2020 at 07:00 /Responder

    Buen artículo, realidad que muchas personas viven en ésta situación de confinamiento. El reconocer lo que se está viviendo, pensar, respirar y accionar; es lo mejor.

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