By Gustavo Jerez
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Una de las grandes debilidades de la sociedad guatemalteca es la baja participación política de la ciudadanía en asuntos de interés público. El modelo de la democracia liberal exige la participación cívica como uno de los requerimientos mínimos para obtener como resultado: gobernanza, rendición de cuenta y accountability. Sin embargo, en pocos momentos de la historia del país, hemos visto una participación significativa de la ciudadanía organizada para alcanzar un fin.

Es probable que esta falta de participación se deba a un conjunto de causas tanto estructurales como sistémicas, tales como falta de confianza en el sistema, desesperanza y bajos niveles organizacionales, entre otras.

 

Edgar Gutiérrez, analista político e investigador, explica que durante las manifestaciones de 2015, en donde el pueblo guatemalteco logró forzar la renuncia del Presidente y la Vicepresidenta de turno, un 94.5 % de la población tuvo conocimiento de los sucesos, pero solamente un 12.3% participó de las protestas semanales en las plazas. Las cifras de participación durante esta coyuntura superan a cualquier otro evento de la historia democrática y a pesar que en su momento trajeron aires de esperanza, no fueron suficientes para alcanzar una participación ciudadana amplia y activa.

Lo que motiva la publicación de este artículo no es solamente identificar los problemas que nos mantienen condenados a un Estado ineficiente, bajo el control de políticos corruptos y burocracias infructuosas. La motivación es explorar una posible solución para iniciar un proceso gradual que conduzca a una ciudadanía más activa, crítica y participativa. La participación de vecinos es un modelo que no es nuevo, al contrario, es una de las formas más sencillas y antiguas de organizarse a nivel local. Un ejemplo de un modelo de participación local es el de los Consejos Comunitarios de Desarrollo (COCODES), el cual es un proyecto inconcluso que ha traído resultados positivos pero ha quedado estancado.

 

El gran beneficio de incentivar la organización desde los barrios, colonias, caseríos, comunidades, condominios, entre otros; sería la adopción de un modelo de participación bottom-up que permita a las personas experimentar el proceso de dialogar y alcanzar acuerdos.

 

El sentido es unir esfuerzos para ejecutar tareas sencillas entre vecinos, como asfaltar una calle, instalar alumbrado, organizar un plan de seguridad o simplemente participar de actividades recreativas. El verdadero valor de la participación dentro del barrio es comprender las dinámicas básicas de la vida política como el diálogo, la elección de autoridades, el disenso, la negociación, la resolución de conflictos, por mencionar algunas.

El objetivo es poder interesar al vecino en situaciones que afectan a la colectividad, con la esperanza que la participación resulte en más participación y que esta trascienda de lo local a lo nacional. Aquellas comunidades que puedan percibir los beneficios de la organización, posiblemente comenzaran a interesarse en asuntos que van más allá de sus vecindades; quizá se involucren en negociaciones con las municipalidades y posteriormente articulen la participación a nivel departamental, así hasta llegar a las instancias más altas de la esfera pública. En el momento que un grupo organizado tiene una verdadera influencia sobre la formulación de una política pública, ahí se concreta un verdadero proceso democrático.

 

El sentido de una democracia fuerte es que la relación Estado-ciudadanía sea manejada por lazos de gobernanza.

 

Si algo ha quedado claro es que limitarnos a la emisión del voto, como única demostración cívica, es una de las causas de nuestra débil cultura política. El horizonte debe ser motivar la participación comunitaria, para que esta despierte a los diferentes clivajes sociales y los vincule a la participación en la vida política. Pensar en un modelo de gobierno más descentralizado podría tener muchos efectos positivos para la politización de una sociedad sumamente descontenta con el sistema que le rige. Es necesario partir de lo local y construir la ruta hacia lo nacional, pero este es un proyecto a largo plazo y requiere de la voluntad gubernamental tanto como de la participación de los vecinos.

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