Por Ixel Guorón/Tik Naoj

El impacto del COVID-19 en los diferentes ámbitos es evidente para la población guatemalteca y las desigualdades aumentan la vulnerabilidad principalmente de los pueblos indígenas.

¿Pero, cómo lo afrontan los pueblos indígenas en especial las mujeres indígenas? Por ejemplo, en el ámbito económico, las mujeres de las comunidades se dedican a la elaboración de sus tejidos, bisutería, al cultivo de maíz, frijol, hortalizas, crianza de animales, entre otros. Sus ingresos dependen de la venta de estos productos, los cuales los ofrecen y venden en los cascos urbanos municipales y  la falta de transporte  hace que paguen 3 veces más el traslado que las ganancias que podrían obtener de su producto.

Así mismo, han aumentado los despidos en maquilas, las fincas están cerradas y los que aún siguen trabajando solo reciben el 50% del salario que les corresponde, otro de los ingresos son las remesas, las cuales se han reducido por la pandemia a nivel mundial.  Cabe mencionar que el sector empresarial y sobre todo los mega proyectos como monocultivos, mineras, entre otros, no han parado de laborar aumentando el riesgo de los trabajadores y las comunidades.

La escasez de alimentos ha empezado a sentirse en las comunidades sobre todo porque han aumentado los precios de la canasta básica y las despensas no necesariamente tienen a la venta alimentos que consumen las familias en su diario vivir.  En relación a la salud, las comunidades que logran acceder al servicio de salud no cuentan con los medicamentos, ni las condiciones para atender la pandemia.

Algunas comunidades acceden al agua a través de recogerlo en los ríos y son las mujeres quienes recorren largas distancias quienes han tenido que cambiar el horario por el toque de queda muchas veces en horarios donde el sol es más intenso. Quienes tienen agua potable, esto no es permanente o ha disminuido en los últimos años.

No todas las mujeres sobre todo adultas tienen acceso a un teléfono inteligente a esto se agrega la deficiente señal en  las comunidades lejanas por ende el acceso a información es limitada y no se encuentra en los diferentes idiomas mayas.

Ante estos escenarios las comunidades proponen desde sus propias formas de organización haciendo un llamado a la población a realizar prácticas agro-ecológicas desde la cosmovisión de los pueblos indígenas donde la red de la vida no se centra en el ser humano si no en el respeto a todos los elementos como el agua, el fuego, el aire, la tierra cuestionando el capitalismo realizando nosotros/as mismos/as nuestra ropa, sembrando nuestros alimentos.

Reivindicamos la soberanía alimentaria sembrando huertos, intercambiando semillas nativas vendiendo el excedente a nivel local formando así mercados campesinos promoviendo la economía local de una forma orgánica. Replanteamos la forma en que vivimos pensando otras formas de vida al salir de la pandemia manteniendo nuestra conexión y equilibrio con el medio ambiente.

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