La anomia como la raíz del crimen organizado en Guatemala

Juan Luis Moya Romero

Paolo Dedet Cóbar

Guatemala se enfrenta a una de las crisis de seguridad más graves de América Latina. La violencia, las extorsiones y el control territorial que ejercen las pandillas no son fenómenos espontáneos. Son manifestaciones de un quiebre profundo en el aspecto social del país, la anomia. La delincuencia bien organizada en Guatemala, que en muchos casos presenta características del terrorismo, es resultado de una sociedad dividida o fragmentada, en la que las normas han perdido fuerza y varios sectores de la población han sido excluidos de las maneras y medios útiles para alcanzar las metas que la misma cultura les demanda.

La anomia y cómo llega a influir tanto en el individuo

La “anomia” como concepto sociológico fue introducida por el sociólogo Émile Durkheim al final del siglo XIX, para poder describir el estado en el que las normas sociales se van debilitando o desapareciendo, dejando al individuo sin una orientación clara de su conducta. Basándonos en Durkheim, la sociedad cumple con valores y límites que hacen posible una relación sana y controlada; sin embargo, cuando esa red normativa se rompe por diferentes razones, como crisis económicas o conflictos internos, el individuo “queda sin brújula” y ahí es donde se da la mayor cantidad de conductas desviadas.

Robert K. Merton continuó desarrollando el concepto medio siglo después con la teoría de la tensión. Para Robert Merton, la anomia no surge solo por la ausencia de normas, sino por la discrepancia entre dos objetivos culturales definidos como la estabilidad o el éxito económico y los medios legítimos disponibles para alcanzarlos. Cuando un individuo evalúa las metas que la sociedad propone pero no cuenta con los recursos para alcanzarlas, puede optar por adoptar una conducta desviada, como la delincuencia. Esta formulación es muy acertada para analizar la realidad guatemalteca.

Guatemala con desigualdad y exclusión

En nuestro país la pobreza, la exclusión y la impunidad sirven como condiciones que le dan paso o alimentan la brutalidad. La violencia social se da gracias a que no se trata seriamente este fenómeno histórico y social. La desigualdad en la educación, en el empleo formal y en la justicia ha hecho que varios ciudadanos piensen que el Estado es indiferente, y también, un agente de opresión. En ese contexto, las instituciones pierden gran parte de su legitimidad y las normas dejan de tener un peso moral sólido. Entonces, creemos que por estas razones, la anomia no es un accidente, es el resultado inevitable e inminente de mucho tiempo de separación sistemática.

La desintegración familiar, que es empeorada por la migración y la pobreza, separa demasiado a los jóvenes de las primeras conexiones normativas que deberían de haber en el hogar. Las escuelas, sobrecargadas de estudiantes, no logran entender esta desconexión.

El Estado, tan dañado por la corrupción y la debilidad de las instituciones, tampoco entiende. El resultado de esto es una juventud que crece con reglas que son ambiguas; el éxito lo ven siempre conectado al poder económico, pero los canales para lograr tal éxito están cerrados, y donde la violencia se ve entonces como una alternativa atractiva cuando están dentro del caos. El pandillero no nace en un vacío, nace en una sociedad que ya no le puede aportar una buena pertenencia.

De la anomia al terrorismo

En Guatemala, dos grandes organizaciones rigen el país hablando de delincuencia; estas son: Barrio 18 y la Mara Salvatrucha. Ambas fueron designadas como grupos terroristas internacionales por Estados Unidos en 2025. La exclusión a sectores urbanos pobres y la debilidad del Estado han hecho que las pandillas puedan desarrollarse cada vez más. No son simplemente grupos criminales, son comunidades que ofrecen una alternativa a lo que la sociedad formal niega. Esto es una ilustración de lo que decía Merton: ante la imposibilidad de integrarse por medios legítimos, el individuo construye estructuras paralelas.

Al estudiar el surgimiento de los grupos delictivos en Centroamérica, la anomia era uno de los factores reconocidos, así lo señalaron investigadores que retomaron la teoría de Merton para tratar de entender los fenómenos de violencia juvenil en la region. Las pandillas han logrado infundir miedo y eso ya es algo “normal”, esto ha generado el cierre de negocios, cambio o abandono de rutas de transportistas y a la vez genera inseguridad y terror. Cuando un grupo terrorista extorsiona a comunidades enteras, provoca una disputa de control de territorio con el Estado y su naturaleza se aproxima cada vez más al terrorismo aunque en algunos casos no sea calificado así de forma jurídica.

Las consecuencias de ignorar la anomia

El problema de la delincuencia en Guatemala no se puede reducir a una cuestión solo policial. La violencia arruina el desarrollo económico, la salud pública, la educación y la unión social. Tanta gente vive en condiciones de demasiada vulnerabilidad con violencia, extorsión, amenazas y muertes que forman parte del lenguaje cotidiano, sin que las autoridades logren impulsar políticas que aseguren su erradicación. Si las causas profundas, pobreza, exclusión, impunidad y anomia, no se abordan, los grupos violentos se vuelven a regenerar.

Entender la delincuencia como una expresión de la anomia nos lleva a reconocer que la sociedad que genera una exclusión masiva está, a cierta medida, produciendo también a sus propias víctimas. La violencia no surge de la nada; se construye en contextos en los que las condiciones sociales, económicas y normativas fallan de manera terrible. Enfrentarnos a esas condiciones es, por lo tanto, una gran responsabilidad colectiva y una condición necesaria para cualquier estrategia de seguridad para el país.

Conclusión

Los grupos criminales en Guatemala, son el resultado de décadas de anomia social. Al momento que una sociedad rompe sus normas con amplios sectores de la población aparte de generar pobreza, genera las condiciones perfectas para que surjan organizaciones que llenan este vacío con diferentes normas, violencia e infundiendo terror. Las teorías de ambos autores nos dan una explicación de la realidad que se vive en Guatemala, y a la vez nos ayudan a ir mas allá de solo el diagnóstico. Deberíamos de plantearnos la pregunta: si los malos funcionamientos estructurales de la sociedad son capaces de hacer que surja el terrorismo, ¿no debería ser la sociedad quien sea responsable de erradicarlo? La respuesta a esta pregunta sería que la violencia no puede ser resuelta con más violencia; en cambio, debería ser resuelta con reformas y educación.

Referencias

Durkheim, É. (1893). La división del trabajo social.

Cataño, G. (2008). Anomia y criminalidad: Un recorrido a través del desarrollo conceptual del término Anomia. Revista Criminalidad, 50(1), 319-332. Policía Nacional de Colombia. http://www.scielo.org.co/pdf/crim/v50n1/v50n1a09.pdf

Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala –ODHAG–. (2006). Violencia en Guatemala: Una interpretación sobre el aumento de la violencia. ODHAG. https://www.odhag.org.gt

Centro de Investigaciones Económicas Nacionales –CIEN–. (2006). Diagnóstico de la violencia juvenil en Guatemala. CIEN. https://cien.org.gt/wp-content/uploads/2018/08/Diagnostico-de-la-Violencia.pdf

Interpeace y POLJUVE. (2009). Violencia juvenil, maras y pandillas en Guatemala. Interpeace. https://www.interpeace.org/wp-content/uploads/2009/10/2009_CYG_Interpeace_POLJUVE_Violencia_Juvenil_Maras_Pandillas_GUATEMALA_SPANISH.pdf

Expediente Público. (2025, octubre). Radiografía de las pandillas en Guatemala. https://www.expedientepublico.org/radiografia-de-las-pandillas-en-guatemala/

ACNUR. (2017). Maras, violencia y extorsión en Centroamérica. Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/BDL/2017/11038.pdf

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