La vida política de la humanidad se ha visto siempre fuertemente marcada por los hechos que ocurren a lo largo y ancho del mundo. Cada cierto tiempo se viven ciclos o épocas que caracterizan a varias sociedades. El surgimiento de los movimientos fascistas en los años 30, llevaron a que simultáneamente Franco, Mussolini, Hitler y Ubico, estuvieran en el poder. El surgimiento de la izquierda latinoamericana vio el surgimiento de Chávez, Lula da Silva, Evo Morales y Kirchner al mismo tiempo. Pareciera ser un tipo de moda como cuando un conocido nuestro se casa y empieza una época en la que al parecer “todos” nuestros conocidos deciden casarse. Claro está, uno que otro divorcio puede llegar en un futuro incierto.

La causalidad y la casualidad se entremezclan de la misma manera en ambos casos. En este año en particular hemos logrado ver una boda y un divorcio que por muy contrarios que parezcan, tienen razones similares para su existencia. Primero el divorcio del Reino Unido con la Unión Europea y recientemente la boda del pueblo estadounidense con Donald Trump.

La temporada de bodas parece aún estar empezando.

La incertidumbre de ambos casos al llegarse a resultados inesperados por el ojo público, demostró un resurgir de un grupo político que parecía diluirse con el paso de los años. En un mundo más globalizado, liberal y tolerante que nunca los conservadores han vuelto a desenvainar espadas. El voto blanco, rural y de menor educación, marcó el porvenir en ambos casos. Y como las decisiones del hombre sí están influenciadas por su entorno, en esta ocasión, la crisis de migrantes y las amenazas terroristas parecen ser los catalizadores de un neo-nacionalismo que busca recuperar sus países de las “garras extranjeras”.

La causalidad de los hechos actuales, ha llevado a que estos mismos movimientos lleguen a manifestarse en varios países que tendrán decisiones importantes en el futuro cercano como Austria y Francia, que celebraran elecciones en los próximos meses y, ven a Hofer y Le Pen muy bien posicionados para ser electos por el mismo perfil de votantes que en EEUU y el Reino Unido. Candidatos que han llegado a manifestar que el Islam no tiene lugar en sus países o incluso relacionar la llegada de los migrantes africanos con la ocupación nazi en Francia hace siete décadas. Además, vemos que grupos nacionalistas conservadores, toman mayor poder e influencia en sus gobiernos como Lega Nord en Italia o el Partido por la Libertad en Holanda entre otros.

Y aunque aún quede tiempo para que ocurran algunas de las bodas conservadoras, no podemos descartarlas como ocurrió con Trump y el Brexit.

En las democracias quien participe tiene posibilidades, aunque parezcan y muchas veces sean, minúsculas. El desarrollo del hombre no es de forma lineal, sino que sufre tropezones y retrocesos antes de lograr avanzar. Las nuevas tendencias marcadas por la recuperación de la soberanía y un anhelo por el aislacionismo, representan un futuro incierto y negativo para los esfuerzos de integración de la comunidad internacional. La duración de los matrimonios conservadores aún estará por verse.

Imagen: Grafitti de Donald Trump y Boris Johnson (promotor del Brexit)

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