By Liza Noriega
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Liza Noriega/ Brújula/

Generalmente cuando se cuenta una historia, el esperado final se guarda para las últimas líneas.  Sin embargo, en esta ocasión iniciaremos por el final de esta historia, que realmente para los protagonistas de la misma, es el inicio de muchos nuevos retos y desafíos.

José Luis y Hans estudian el quinto año de la carrera de Arquitectura en la Universidad Rafael Landívar (URL); se hicieron amigos en el primer año universitario.  Uno está iniciando su gusto por la lectura, mientras el otro se inclina por las artes marciales y los deportes acuáticos.  Hoy, después de mucho estudio, diseños, trabajos en equipo, desvelos e intercambios estudiantiles,  también comparten la pasión por la arquitectura y un premio importante a nivel nacional.  José Luis López Palencia y Hans Liscutin fueron premiados en septiembre con el primer lugar en el concurso para el diseño del nuevo campus de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología –SENACYT-.

Hace algunos mesas, la SENACYT convocó a todas las facultades de arquitectura de las diferentes universidades del país a participar en el concurso para el diseño de su nuevo campus, el cual además de contar con las oficinas administrativas, también contaría con un centro de investigación, centro de capacitación y un data center para datos del gobierno digital.  La invitación llegó a José Luis y a Hans por medio de la Facultad de Arquitectura de la URL, y este fue asignado como un proyecto de curso.  A pesar que la mayoría de estudiantes trabajó en equipos de 4 personas (3 estudiantes y 1 asesor), ellos decidieron participar en pareja y un asesor, el arquitecto Pierre Sarkis. Esto, en parte, derivado a que los dos jóvenes ya tenían un proyecto arquitectónico profesional en marcha (GRAS), y este concurso les permitiría ver el potencial que tenían como equipo. “Era una prueba, si vamos a trabajar juntos fuera de la universidad, con el concurso de SENACYT podíamos ver cómo nos iría”, afirma José Luis.

Y parece que la fórmula funcionó: en septiembre fueron premiados como ganadores del concurso a nivel nacional.

Una vez lanzado el concurso y la convocatoria, empezaron a trabajar.  Fueron tres meses de generar el proyecto, el cual desde un inicio fue pensado como ellos para ser un proyecto ganador.  En la primera fase, la investigación, se debían determinar las necesidades del cliente, en este caso del SENACYT.  Después entraron a la fase de la conceptualización, es decir, lo que deseaban comunicar por medio de la arquitectura y lo que comunicaría SENACYT con su diseño. “Nosotros nos lanzamos por nuevas tendencias, la tecnología estructural cantiléver, que viene del francés voladizo.  Voladizos bastante prominentes con estructuras muy livianas son visibles en el proyecto”, afirma Liscutin.  Además de esta tecnología estructural, el proyecto utilizó el concepto de pieles, que es todo el revestimiento del edificio. En la fachada de este diseño ganador se pueden observar perforaciones y estas, entre más concentradas están, menos dejan entrar la luz del sol.  Por ello, en áreas sociales el diseño permite que entre más luz solar que en las oficinas.  Luego de la conceptualización, vino el desarrollo del proyecto en sí, todas esas ideas que tenían en mente, debían hacerlas realidad en un diseño para presentar.

Gras1

Hans y José Luis comentan que una vez finalizado el proyecto, este fue presentado a la Facultad de Arquitectura, y este fue evaluado junto a más de 30 proyectos, por una terna de diez personas.  Finalmente, y después de algunos cambios gracias a la asesoría del ingeniero estructural Luis Stolz, la URL selecciona a tres proyectos finalistas, quienes serían los que presentarían su propuesta a las oficinas del SENACYT. A pesar que les indicaron que en junio darían respuesta de los proyectos finales, la respuesta llegó hasta agosto. “De hecho, ya habíamos dado por perdido el proyecto. Dijimos: allí lo dejamos, vamos a traer nuestra maqueta y nuestro proyecto”, comenta Hans.

Sin embargo, en agosto reciben la notificación que son finalistas y el 04 de septiembre se realiza la premiación en el II Congreso Internacional de Ciencia y Tecnología.  En todo momento,  José Luis y Hans se sintieron apoyados por su facultad, quienes los apoyaron en dicho congreso, en donde el equipo tenía, junto con los otros dos finalistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala, un stand para presentar su proyecto.  “A la ceremonia de clausura fuimos trajeaditos y  bonitos”, comenta José Luis con una sonrisa recordando la emoción de ese día.  “Ha sido lo más cercano a una entrega de Oscar que he estado”, sostiene.

“Felicitaciones jóvenes. Han marcado historia en la arquitectura de Guatemala”, fue la frase con la cual Hans y José Luis se hicieron acreedores al primer lugar de este concurso nacional.

La emoción del momento es indescriptible.  Para Hans, lo que le dejó este proyecto fue descubrir que realmente le apasiona lo que hace.  “Tenemos el potencial para hacerlo. Hay que aventurarse, no tener miedo, salirse de la zona de confort. Ser de mente abierta, apasionarse por lo que uno hace porque es como mejor salen las cosas. Querer y enamorarse de cada uno de sus proyectos.” Para José Luis, ganar el proyecto personalmente le cambió la vida. “Yo estaba en incertidumbre, estaba en el último año de la universidad, iba bien en la carrera pero no sabía qué pasaría después de graduarme.  Al ganar un proyecto de esa magnitud a nivel nacional, me indicó que por allí va la cosa, si a los 22 años logramos ganar a nivel nacional, el cielo es el límite. Se vale soñar.”

El premio para José Luis López Palencia y Hans Liscutin será ver su proyecto hecho realidad.  Además, viajarán a Panamá a la Ciudad del Saber y recibirán algunos talleres en arquitectura.  Derivado a que los jóvenes aún no se encuentran graduados, no podrán concursar en la licitación gubernamental; sin embargo, la firma ganadora deberá tomar como base el diseño realizado por los jóvenes.  Asimismo, una vez finalizado, se colocará una placa conmemorativa con sus nombre en las instalaciones de la SENACYT.

Logotipo GRASLa narración de esta pequeña historia inició por el final, por el premio ganador.  Sin embargo, realmente es el inicio de muchos nuevos proyectos. José Luis y Hans ya trabajan en su propia firma y estudio de arquitectura.  Gras es el proyecto personal desde el cual han estado trabajando sus últimas propuestas. Este equipo de futuros profesionales buscarán trabajar desde la arquitectura emocional y verde, lograr plasmar el sueño del cliente en un proyecto arquitectónico que logre interactuar con el ambiente.  Esos conceptos fueron también los que movieron el proyecto del SENACYT, y a sus 22 años, con ello lograron impresionar a arquitectos, diseñadores e ingenieros.  El camino para estos dos jóvenes parece estar lleno de muchas posibilidades; como menciona José Luis, el cielo es el límite.

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Editora. Creo que los momentos y emociones vividos junto a otros son los que realmente nos construyen en este mundo, más allá de las teorías y contenidos.
Politóloga, un poco escéptica, fiel creyente de la educación.

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