By Gabriela Sosa
Posted: Updated:
0 Comments

Gabriela-Sosa-Febrero

Gabriela Sosa / Opinión /

En memoria de mi madre.

Conversando recientemente con un compañero respecto a nuestra graduación, me comentaba que al salir del colegio lo tenía muy claro: escoger una carrera y entrar a la universidad que le ofreciera la mejor opción. El problema venía después, al finalizarla, el camino no se veía tan claro. Aunque estas preocupaciones son válidas para muchos, ciertamente no es la situación de la mayoría de jóvenes en Guatemala. Únicamente cerca del 2% de la población tiene acceso a una educación superior. La mayoría ni siquiera termina secundaria.

Para todos estos jóvenes el camino no está tan claro.

Su prioridad es sobrevivir, encontrar un trabajo que los ayude a mantenerse y tristemente en muchos casos, a mantener o al menos ayudar a sus familias. Si no las tienen, a alimentarse a ellos mismos.

Al pensar en esto, no puedo evitar pensar en la suerte que he tenido. Acorde a datos del 2010, aproximadamente cinco mil niños se encuentran recluidos en casas hogar. El problema con estos hogares, es que aunque durante la infancia y la adolescencia brinden un lugar para vivir, en la mayoría de instituciones al cumplir dieciocho años, los jóvenes deben marcharse. ¿Qué harán entonces? En algunos lugares les ayudan a buscar un trabajo estable, pero se puede afirmar que la educación universitaria está fuera de su alcance.

No puedo evitar pensar en estos alarmantes casos, porque yo fácilmente podría haber sido parte de esas estadísticas. Sin que mi madre trabajara incansablemente para pagarme mis estudios durante la primaria, consecutivamente no habría podido aplicar a una beca para concluir mi educación en un colegio que, siendo honesta, no había otra forma de financiar, seguido de una beca parcial para estudiar en la universidad. Pero adicionalmente, no habría sido posible sin el apoyo de mi hermana y tíos cuando ella ya no estuvo para velar por mí.

Al realizar prácticas el año pasado en un Juzgado de Menores, eran comunes los casos en los cuales los padres habían fallecido, separado o migrado, dejando a sus hijos en las manos de familiares que no deseaban cuidarlos. En muchos casos, los niños huían por negligencia o maltrato. Otros tenían conflictos en la escuela o con los vecinos. Por supuesto, estos problemas son gritos de auxilio, más para estos familiares o personas a cargo, era un problema del cual no querían hacerse cargo. Muchos de estos niños y adolescentes terminaban siendo institucionalizados, pasados de hogar en hogar o de familiar en familiar porque nadie estaba dispuesto a hacerse cargo de ellos. No fue mi caso y por eso no puedo evitar pensar que es una desconsideración con todos estos niños no aprovechar las oportunidades que hemos tenido.

No todos, a fin de cuentas, tienen tan claro qué hacer al graduarse del colegio, no todos si quiera logran llegar tan lejos. Ya he escrito anteriormente sobre la indiferencia que se ve al caminar por los pasillos de la universidad y ver a los estudiantes salirse de las clases, preocuparse por las fiestas y el look perfecto, todo menos sus estudios, repetidamente botando cursos como si fueran servilletas y no costaran más de un quetzal.

Es un golpe para todos aquellos niños que ni siquiera se atreven a soñar con tanto.

Yo tuve suerte al tener una familia que me ayudara e hiciera mi graduación posible, a tener una buena educación de niña, la cual posteriormente me abriera puertas académica y profesionalmente, pero hay cientos, no, más específicamente, cerca de cinco mil niños y jóvenes en Guatemala que no tienen esa suerte; cinco mil no lo tienen tan claro.

Nota: el objetivo de esta opinión no es hacer sentir mal a las personas que tienen dudas sobre su futuro, yo las tengo también; se trata simplemente de una reflexión.

Imagen

About the Author

Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

Related Posts

Era un viernes normal, Pedro estaba cansado de una semana larga de trabajo, sus amigos le insistían...

En Guatemala, el déficit cualitativo según la Cámara Guatemalteca de la Construcción es del 82 por...

Una de las cosas que aprendí en Al-Anon es que no soy responsable por la bebida de otra persona. El...

Leave a Reply