By Brújula
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Colaboración-Abril

José Pablo del Águila / Colaboración /

Millones de guatemaltecos amanecemos todos los días en un país con una democracia nefasta, fallida y desastrosa. Ante esto, muchos buscamos los rostros de los responsables con nombre y apellido para someterlos a la justicia, y la mayoría de las veces nos topamos con figuras políticas. Sin embargo, en este escenario de corrupción, violencia e impunidad, hay actores de los cuales nadie habla, y ciertamente comparten parte de la culpa de que el país esté como esté. Me refiero a los medios de comunicación.

A partir de las Guerras Mundiales del siglo pasado, figuras como Hitler se dieron cuenta que los medios de comunicación eran sinónimo de poder, ya que por medio de ellos se podía lanzar mensajes manipuladores a la población y se podía hacer que temas relevantes para la ciudadanía quedaran al margen de la opinión pública, simplemente porque perjudicaban los intereses de las grandes élites. De esta manera, los medios fueron maniobrados por los sectores poderosos para hacer prevalecer el status quo.

Hasta el día de hoy, aún existen actores que, al igual que Hitler, están afanados con mantener el poder en sus manos. Prueba de ello es la existencia del poderoso monopolio de la televisión abierta, compuesta por los canales 3, 7, 11 y 13, propiedad del empresario Remigio Ángel González.

Medios de comunicación como Prensa Libre y recientemente Nómada han reportado el modus operandi del señor Ángel González; fechorías como cederles publicidad gratis a los dos candidatos que lideran las encuestas cada año electoral son parte de las perversidades que este señor comete. Todo esto, con el fin de obtener la simpatía de los sectores poderosos para que sus intereses permanezcan siempre intactos. Sin embargo, ¿es esto ético para un medio de comunicación? ¿es moralmente correcto?

Lo lamentable de todo es que, mientras este tipo de personajes gozan de su capital multimillonario -adquirido por el acaparamiento de los medios de comunicación-, existen en Guatemala políticos que sacan provecho de los privilegios publicitarios que cadenas como Albavisión les ceden.

Muchos se preguntarán cómo es posible que candidatos como Manuel Baldizón -que aparentemente no presentan propuestas coherentes- mantengan el liderato en las encuestas.

Ciertamente, estos fenómenos no se deben a que Baldizón ni otros políticos más presenten increíbles planes de gobierno, sino se debe, en gran parte, a la publicidad. Pues en países como Guatemala, donde hay niveles muy bajos de educación, lo que hace ganar a un candidato presidencial no es un plan de Gobierno, sino es la publicidad misma y la algarabía que esta produce.

Me parece que, en medio de todo este escenario, hace falta que recordemos cuál es la razón de ser de los medios y reconocer el poder que éstos tienen en las sociedades. Los medios de comunicación masiva (prensa, radio, televisión, etc.) son los encargados de brindar espacios públicos en los cuáles se puedan debatir los distintos idearios que hay en la sociedad, ayudando a fortalecer de esta manera al sistema democrático. Sin embargo, hoy en día parece que a muchos medios de comunicación ya no les importa fortalecer la democracia, sino lo único que les interesa es elevar el rating. Por eso, sus esfuerzos se ven invertidos en la creación de programas de farándula y entretenimiento, que lo único que hacen es negar la realidad del país (Combate, por ejemplo). Otros medios, aparte de negar la realidad del país, limitan la libre emisión del pensamiento, sesgando, limitando u ocultando información que todos deberíamos de saber, pero que no lo haremos porque eso perjudicaría los intereses de las grandes élites (entiéndase por grandes élites a personajes como Ángel González y su cuñado Luis Rabbé).

La sociedad guatemalteca cada vez está más enferma, o al menos así lo ratifica el informe “Índice de Desarrollo Democrático” realizado por la Fundación Konrad Adenauer, en el cual la democracia de Guatemala es la peor calificada, esto sobre un total de 18 países Latinoamericanos y del Caribe. ¿Qué vamos a hacer al respecto?

Por el momento, caería bien por empezar exigiéndole a los medios de comunicación que cumplan su verdadera función.

No nos conformemos únicamente con presentadoras de rostros bellos, pechos y nalgas llenas de silicona, exijamos calidad en la información periodística, pues aunque no lo creamos, los medios de comunicación tienen el poder para propiciar el cambio de toda una nación, o por el contrario, de hacerla permanecer igual.

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