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Isaías Morales/ Opinión/

No es su culpa sino de los que tienen los intereses más oscuros, versus las intenciones más sinceras por cambiar la realidad en la cual vivimos, frente a quienes se creen con el Derecho para decidir y manipular a una sociedad necesitada por exigir justicia e igualdad.

Esta es la situación que se ve en casos de alto impacto, en diversos temas que nos dividen como sociedad.

Donde las etiquetas pasan por ser un detonante para hacer más obvia esta dura, pero ridícula pelea por ganar en la razón y no es por culpa de las personas, porque sabemos que lo hacen porque piensan en pelear por evitar la impunidad presente en el país día a día.

En 1954 el país tuvo la intervención más infame y ridícula que se haya visto, cuando el derrocamiento de Jacobo Árbenz detuvo un proceso democrático que tenía grandes resultados a nivel económico y de educación. Y para variar, la “mano extranjera” hizo de las suyas en ese entonces, muchos guatemaltecos se opusieron a él y poco se pudo hacer para evitar la intervención.

Como estos se ven casos todos los días, donde si bien es cierto existe injusticia, impunidad y corrupción de muchas instituciones del Estado, pero no supone motivo para darle cabida a la intervención extranjera para que manosee las leyes y la soberanía de un país, cuya Democracia joven necesita de la cooperación mutua de sus ciudadanos.

Cuando más nos acerquemos a pensar como ellos, más nos alejamos de la identidad por construir el Estado de Derecho que tanto pretendemos.

Porque se ve a muchos manifestarse en contra de las modas impuestas y no cuestionan las leyes y políticas impuestas por otros, ya al final como títeres solo se hace lo que otro diga y no lo que el chapín proponga.

Es cierto no es culpa de todos, es más visible llenar la mente de ideas con fines de destruir el tejido social, que cuestionar nuestra total independencia para alcanzar ese futuro que esperamos ver, porque es fácil opinar, exigir y reclamar, pero no se usa adecuadamente la razón para identificar si son ideas propias o implantadas por alguien más.

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