Gabriela Maldonado / Opinión /

[quote]“No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino.”
―Simone de Beauvoir[/quote]

Una de mis profesoras favoritas es la Doctora Hepner.  En una clase nos comentaba que, de niña ella estaba totalmente convencida de que era una extraterrestre enviada a la tierra para estudiar a los humanos. Según su relato, ella se sentía distinta al resto de las personas que conocía; distinta de una manera que no entendía y la única explicación posible era que ella no era de este planeta.

Cuando era pequeña rezaba “Dios me creó así” y trataba con diligencia de llenar ese papel. Probé depilar mi voz, maquillarme la inteligencia, y acentuar mi cuerpo/personalidad de casi-mujer, pero no cabía en esos tacones y me angustiaba pensar que de grande tenía que llegar a ser mujer.

Cuando escuché su relato de la inadecuación social que ella sentía de niña pude simpatizar inmediatamente. Recuerdo que de niña me sentía y sabía que era socialmente rara. Siempre tuve el presentimiento de que había faltado a la clase en la que se nos enseñaba a las niñas cómo ser niñas y a los niños cómo ser niños, y por eso no sabía como “ser normal”. Es más, al ir creciendo no entendía como se suponía que yo iba a llegar a ser una mujer como mi madre o mi tía.

[quote]”Pareces un niño” me dijeron cuando iba creciendo, pensé que finalmente yo había sido visto como era y rezaba “yo me creé así”. Entonces probé la lógica sin sentimientos y la independencia sin debilidades, pero tampoco cabía en esos pantalones. El pensar en llegar a ser un macho me angustiaba aún más.[/quote]

Fue hasta que comprendí que tener vagina no me hace mujer (ni tener pene hace a alguien hombre), que mis sentimientos de inadecuación social comenzaron a tomar forma.

Finalmente me rendí a mi angustia y sólo así pude ver que el dios, la mujer y el hombre no eran más que criaturas de una realidad virtual humanamente computarizada. Ahora voy aceptando que mi complejidad va más allá de los ceros y unos mientras rezo “mi ADN me creó así”.

Hoy me nombro mujer por razones prácticas y políticas. Entre las razones prácticas: se me ha educado como mujer, no hay otro género con el que me identifique, y pretender que la sociedad Guatemalteca me reconozca como algo más (que una mujer o un hombre) es pedir demasiado, al  menos por ahora.

La razón política la describe claramente la activista lesboterroristas Menstruadora, “Me asumo mujer como estrategia política, para solidarizarme, colaborar u organizarme con otras mujeres para dejar de ser las muertas, las pobres, las asesinadas, para dejar de ser mujeres.”

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