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Por: Lisa Álvarez

En los meses de mayo, junio y principios de julio, La Universidad Rafael Landívar prestó sus instalaciones para poder funcionar como un puesto de vacunación de COVID-19. El puesto funcionaba por medio de voluntarios del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala (MSPAS) y estudiantes de la Facultad de medicina, siendo en su mayoría de primer a tercer año.

Este puesto tuvo la característica que la vacunación y espera era en vehículo, evitando así el contacto con otras personas, cumpliendo con el distanciamiento social, siendo más cómodo para la población de tercera edad y para el personal médico. El proceso para poder vacunarse empezaba verificando si la persona ya estaba registrada, si sus datos eran los correctos y si cumplían con la edad necesaria establecida por el MSPAS para poder vacunarse.

Habiendo verificado que cumpliera los requisitos anteriores, el paciente se trasladaba a la siguiente estación, donde se administraba la vacuna. Llegando a este punto, el paciente se dirigía al puesto de control para que los estudiantes de medicina lo mantuvieran en observación, en caso de presentar alguna reacción, por lo que debía esperar un tiempo de 10 a 15 minutos para poder observar si se presentaba algún malestar grave.

El deber de los estudiantes que estaban en el punto de control era: informar sobre los diversos síntomas que el paciente podía padecer, explicar las reacciones comunes ante la vacuna, atender al paciente y suministrar medicamento para síntomas leves en los casos que fuera necesario.

En mi experiencia, cuando tuve la oportunidad de asistir como voluntaria en el puesto de control, pude percatarme que los casos donde los pacientes mostraron alguna reacción eran porque estaban nerviosos, tensos o muy asustados de la vacuna. Igualmente, hubo tendencia de algún malestar en los pacientes que eran hipertensos, diabéticos y alérgicos. Los síntomas más comunes fueron: cefale (dolor de cabeza), presión alta, mareos, parestesia (hormigueo) y dolor en el brazo donde se vacunó; sin embargo, en su mayoría los casos fueron síntomas leves.

Esta experiencia, fue enriquecedora para mi formación académica y me sirvió como práctica para llevar una anamnesis adecuada y poder tomar los signos vitales. Siendo esto difícil y limitante ante la situación actual de educación virtual, donde no se puede tener contacto con otras personas. Le agradezco a la Facultad de Ciencias de la Salud, por darnos la oportunidad de ser voluntarios y ser parte del proceso del puesto de vacunación ante el COVID-19.

 

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