Llega el fin de semana y muchos pensamos en descansar. Se vale, especialmente cuando las semanas han estado cargadas de ensayos universitarios o informes laborales. Sin embargo, en Guatemala pareciera que no todos los jóvenes hacen precisamente eso, estudiar o trabajar.

Los NiNis en Guatemala, es decir los jóvenes entre 15 y 29 años de edad que no estudian ni trabajan, para el año 2014 eran 980,879 (28.3% del total de población joven), a diferencia de otros años donde el número era menor, por ejemplo 768,575 (2011), 612,496 (2006) y 599,907 (2000).  En otras palabras, 28 de cada 100 jóvenes en el rango de edad mencionado para 2014, no estudiaban ni trabajaban.

Este término -NiNi- hace referencia a los jóvenes que por diferentes razones, no logran estudiar ni trabajar, a pesar que todavía se encuentran en edad y capacidad de hacerlo, si así lo desearan. Es decir, no son necesariamente los jóvenes que teniendo todas las posibilidades económicas deciden no hacerlo; por el contrario, son aquellos que con todas las ganas de estudiar y trabajar, no pueden.

El indicador real para esta extraña palabra es “población joven que no estudia y no trabaja”; sin embargo, por alguna razón durante los últimos años, el término Nini se ha puesto de moda e incluso algunos jóvenes ya lo utilizan haciendo referencia a ellos mismos cuando se encuentran desempleados y no están estudiando.  Sin embargo, tal y como en algún momento escribió Magda Angélica García Von Hoegen, hacer referencia a los jóvenes de esa manera, es negarlos dos veces, es darles un papel pasivo y no activo dentro de la sociedad.

Es preocupante lo que estos datos nos presentan. La desigualdad y la pobreza en este país afecta a todos, no importando si es mujer, niño, joven o adulto mayor. Eso sí, no es lo mismo si soy un agricultor del área rural que un gran empresario de empresas extractivas, tampoco si soy mujer con estudios universitarios que si soy hombre con estudios universitarios. Los datos demuestran que en el país existen altos niveles de desigualdad en cuanto al ingreso, dependiendo del sexo y la actividad económica y especialmente, que durante los últimos años, los salarios de las personas han venido a la baja mientras las ganancias económicas del país, a la alta.

¿En dónde se están quedando entonces todos estos ingresos extras que el país está recibiendo?

Estos datos a detalle se pueden consultar en el informe “Los mercados laborales, pobreza y desigualdad desde un enfoque de derechos humanos: el caso de Guatemala“, presentado por la Red de Desigualdad y Pobreza de AUSJAL (la red de universidades de la Compañía de Jesús) y en el caso guatemalteco, por el Instituto de Investigación y Proyección sobre Economía y Sociedad Plural (IDIES) de la Universidad Rafael Landívar.

En un país que crece económicamente con los años, es difícil creer que los salarios son bajos o más aún, que existen grandes cantidades de población, muchos de ellos jóvenes, que no logran ni siquiera acceder a un empleo digno.  Se afirma que para lograr más bienestar y menos pobreza, un país debe fortalecer sus políticas públicas en educación, salud y vivienda, al mismo tiempo que fortalece los salarios mínimos. Sin embargo, ¿qué hacemos mientras tanto con todos esos jóvenes que, después de la larga semana que lleva al “descanso”, no pueden siquiera decir que fueron a estudiar al instituto o que se sienten satisfechos con su trabajo?  Allí la gran pregunta y sus posibles respuestas.

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