By Axel Ovalle
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Axel-Julio

Axel Ovalle / Opinión /

A pocos días nos encontramos para que se lleven a cabo las elecciones gubernamentales en el país y mi postura a estas alturas es la misma que hace 4 años y los años anteriores, totalmente un sentimiento de desagrado y frustración.

En el tiempo de elecciones, la historia es la misma, son los protagonistas los únicos que cambian, surgen nuevos o se mudan de bancada. Hablar de política y de corrupción se vuelve un trending topic, del cual, solo se está pendiente de las metidas de pata que cometen los candidatos como si de celebridades se tratase; los medios de comunicación, las carreteras, las casas y hasta los bebés se ven envueltos con la cara de los presidentes, alcaldes y diputados. A todo esto, se genera una gran contaminación visual que solo pretende manipular el ojo de los transeúntes inocentes que no pueden dejar de ignorar semejantes cartelones que ocupan lugar como los nuevos “paisajes” característicos del país.

Es toda una parodia a la que no se le da formalidad.

Cuanto candidato promete un futuro mejor para todos, un país con seguridad, empleo, equilibrio en la economía, un país con oportunidades para los jóvenes, educación y otras cosas más; sin embargo, en sus campañas parece verse lo contrario. ¿Cuánto pisto mal gastado? Playeras, carteles, afiches, cirugías y photoshop, carteritas, bolsas, dinero que podría servir de donación para alguna fundación, en mejoras de infraestructura, en pavimentación, albergues, reforestación, incluso para impulsar y apoyar a pequeñas empresas y emprendedores, pero no, esa no es la estrategia a implementar.

Las personas que realmente podrían cambiar la situación actual del país no buscan ser electos. No necesitan salir en vallas publicitarias, en la televisión o en los medios escritos abrazándose con otra gente y posando para la foto; las personas que están cambiando el país están luchando día a día en sus trabajos, casas y centros de estudio, buscando brindarle una mano a su comunidad. No buscan abastecerse de dinero, vender una imagen y tener mil propiedades; son personas comunes, cuya vida ha sido en lo particular “normal”, si así se le puede llamar, no hay monumentos levantados en su honor y su nombre pronto caerá en el olvido, pero han ayudado a tantos en esta vida y con eso les basta, ese debería de ser el ejemplo de los candidatos actuales.

¿Por qué esperar a ser candidato para ayudar al país si se tiene el dinero para hacerlo desde ya, como ciudadano?

Cuanta campaña que, en vez de incentivar al voto, generan vergüenza ajena en la manera que utilizan fases o discursos para contraatacar o contradecir la campaña de los demás oponentes de forma “indirecta” como si de un tweet se tratase. Es rara la propaganda que muestre un verdadero plan de gobierno. ¿Será que es porque la mayoría de candidatos no cuenta con uno? Seguro han de pensar que en Guatemala no se necesita tener uno porque se maneja más la postura de “voz en voz”, dejarse llevar por lo que nos cuentan las demás personas a lo que realmente sabemos.

¿Cuántos no hemos escuchado que el partido “rojo” es ladrón, mentiroso, narcotraficante y mañoso, pero de igual forma “el que va de segundo queda en primero a la próxima”? Pareciera entonces que nos contradecimos, y también lo hacemos cuando un candidato tiene lo que creemos necesario porque así lo piensan los licenciados, los maestros, los vecinos, el primo, el amigo, etc.  Nos dejamos llevar por lo que dicen los demás y no por lo que nosotros podemos conocer. Es frustrante saber que hay quiénes se dejan llevar, no acuso a las personas que venden su voto a cambio de fertilizantes, alimento u accesorios de segunda mano porque si hablamos de ese tema se debe mencionar a aquellos que venden su voto por “proteger” un puesto de trabajo.

Es tanta la manipulación que se impone y el miedo de hacerle frente al “que dirán” o al “voz a voz” que no buscamos informarnos. Que decepción que como ciudadano esté obligado a elegir y la corrupción que rodea este proceso no permita conocer a un candidato adecuado. Por eso, en estas elecciones sigo pensando por quién votar y si me lo preguntan no lo diré. Cada quien es libre de escoger y de decidir, y si lo hacen, luego no se deben arrepentir para simpatizar con la otra bancada, sean firmes en sus decisiones y demuestren que pueden ser soberanos.

¿Realmente existirá una democracia justa o seguirá disfrazada bajo tanta manipulación?

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Querido alguien: No sé cómo te llamas ni dónde paseas tus tristeza, pero sé que algún día me encontrarás.

Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. Escritor Incauto, poeta, prisionero y fiel.

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