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Ovidio Parra/ Opinión/ 

Un muerto o varios por aquí, otro(s) por allá, otra desaparecida, violada, secuestrada, muchos “XX” y otras facetas de la violencia que se suscita diariamente en este país. Todo empieza al leer un periódico, al ver las noticias o al escucharlas, nos adentramos en ese mundo de la especulación, esa de la que somos unos expertos y se ha convertido en una cotidianidad como cualquier otra cosa, algo insignificante y simple, pero probablemente poco lamentable.

Y es que esa especulación muchas veces nos lleva más allá de lo que en realidad son las cosas, pero que al final de cuentas caemos en lo mismo: la deshumanización de las víctimas.

Esta desvinculación de la persona tiene mucho que ver con la manera en que la noticia nos llega, prácticamente nos muestran los cuerpos sin mayor censura, algo que en pocas palabras es una falta de respeto para la víctima. Todo provocado por un enjambre de juicios de valor que van desde el lugar en dónde se encontró, como su forma de vestir, ahora hasta nos preocupan la preferencia de género.

Aspectos relativa o totalmente carentes de argumentos a la hora de establecer las verdaderas causas de la violencia que sufrió. Sin olvidar que al crecer en este entornos, la violencia es tratada como algo “normal”.  Si fuésemos realmente conscientes debería de ser la víctima quien más nos importe, independientemente del estilo de vida que lleve, pues en términos de convivencia nadie tendría por qué violentar la integridad de otra persona.

Nos hemos acostumbrado tanto al “en algo estaba metido” o “eso le pasó por ir vestida así” que ya se volvió la lógica para tratar de tapar el sol con un dedo y simplemente ignorar las verdaderas causas entre las que se encuentra una sociedad fragmentada y carente de un sentido de pertenencia. Algo que sin duda encontramos enraizado desde el conflicto armado interno y la forma de justificar a cada muerto o desaparecido.

Es decir, siempre que no nos pase a nosotros o a nuestro círculo cercano “todo está bien”, y realmente creemos que la violencia está lejos de nosotros cuanto esta la podemos encontrar a la vuelta de la esquina.

Y es que realmente no importa en qué zona haya muerto una persona, o en qué tipo de lugar la hayan dejado, ni siquiera importa la forma en la que iba vestida, lo cierto es que nuestras autoridades no cuentan con protocolos claros para establecer causales de violencia ni capacidad para prevenirla. Y esto ya es una desventaja para la víctima.

Mientras no haya una preocupación por el prójimo y nos llenemos la boca de valores morales que ni practicamos, todo ese entorno se irá carcomiendo hasta llegar a nosotros.  Mientras no exijamos a las autoridades velar por el cumplimiento de las normas de convivencia (ojo: si exigimos, también las cumplimos), siempre que sigamos con nuestros prejuicios de valor social, siempre que nos interese más leer un periódico que no nos muestre como es el rollo de la violencia, lo cierto es que la realidad no va a cambiar.

Así que es momento de dejar de “preocuparnos” por lo que piensen en el extranjero sobre UNA condena y preocuparnos más porque a nivel mundial somos uno de los países “Top 5” en mayor cantidad de homicidios por habitante[1] , según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ¿acaso esto no es a nivel mundial?

La respuesta está en nosotros y lo que queramos para las generaciones que vienen.

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