By Brújula
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José Rodolfo Trinidad/ Opinión/

El tema de género a lo largo de la historia ha sido definido por los seres humanos como los comportamientos y atributos que mujeres y hombres deberían realizar de forma apropiada según el sistema en el que se encuentren.  La definición de estos roles favorece a la generación de desigualdades entre los sexos, frecuentemente los roles asociados hacia la mujer abusan de tradicionalistas colocándole en una situación de desventaja y si no fuera poco, “La relaciones de poder se han construido desde un poder masculino sobre lo femenino”, tal y como afirma el psicólogo Marcelo Colussi.

Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer es el tercer objetivo de desarrollo del milenio, su meta es eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, preferentemente para el año 2005, y en todos los niveles de la enseñanza antes del fin del año 2015. Para Guatemala la meta es eliminar al menos la disparidad de género en la educación primaria y secundaria para el siguiente año. Sin embargo, el panorama se ve adverso ya que en Guatemala para el año 2013,  solo el 12.6% de las mujeres logró alcanzar el nivel educativo de secundaria, alrededor del 36.3% se encuentra en edad escolar primaria, contrastante, ante un estimado de una población de 7.3 millones de mujeres para Guatemala

Así como en la educación, en otros temas como el acceso a las mismas oportunidades, la diferencia es abismal entre mujeres y hombres. Por ejemplo, de la Población Económicamente Activa (PEA), solo el 33.1% está conformada por el sexo femenino y el resto por el masculino; en el Congreso de la República las mujeres representan solo el 12.66% de los 158 diputados; en el gobierno es la primera vez que el puesto de vicepresidente lo ocupa una mujer, no digamos la Presidencia de la República.

Como país se han hecho algunos avances, sobre todo en el tema de educación primaria ya que año con año se inscriben más niñas en las escuelas, sin embargo para poder alcanzar esa cultura de igualdad entre mujeres y hombres, es necesario desechar esos patrones sociales y culturales que hemos creado desde el poder masculino y llegar a una reivindicación de lo femenino. En palabras de Carlos Cabarrús S.J, desde su libro Haciendo Política desde el Sin Poder nos menciona: “Lo femenino no se rige solo por la razón sino que integra también la intuición, el corazón, la emoción y el universo arquetípico del inconsciente personal, colectivo y cósmico“.

Lo ideológico siempre será el punto de partida que nos ayuda a lograr ese cambio tan esperado.

Sin embargo, es importante sumarle fuerza a estas instancias organizadas para que promuevan la igualdad de oportunidades para ambos sexos, velar por el cumplimiento de las leyes, mejorar los métodos de enseñanza en las escuelas y sobre todo velar por el cumplimiento de estos objetivos de desarrollo del milenio que  promueven el avance en los índices de desarrollo humano como país.

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