By Brújula
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Racismo

Ovidio Parra/Colaboración/

Antes de iniciar, me gustaría lanzar la interrogante sobre de qué ha servido a una persona que se expresa con racismo y/o discriminación, el hacerlo.

Irónicamente no habrá quien acepte que lo es y otras/os que digan que en Guatemala no existe racismo. Debo confesar que en mi paso por el colegio fui racista y no registro en mi  mente que esto me sirviera para algo; lamento haberlo sido.

Entiendo que todos y todas tenemos sentido de pertenencia hacia un determinado grupo. Sin embargo, realmente no recuerdo que esas expresiones denigrantes hayan dado algún fruto en mi vida personal, laboral o cualquier otra. En mi caso, las actitudes racistas que en algún momento reflejé nos las aprendí en el hogar, las aprendí en las aulas y en cualquier otro ambiente público en donde solía escuchar frases como parecés indiose viste como shumoahí solo van mucoseso es de choleras, etcétera.  En los ambientes cotidianos podemos escuchar muchos otros comentarios con mayor o menor grado de repudio hacia determinados entornos o circunstancias del diario vivir.

Algunos podrán mencionar que es satisfacción denigrar a alguien “porque así son y ya”, nada que tenga mayores argumentos que las motivaciones personales, que no siempre son válidas para debatir o fundamentar ideas.

La Real Academia Española nos dice que el racismo es la exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros[1]. Y por discriminación (partiendo del verbo discriminar) nos dice que es dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etcétera.[2]

En Guatemala podemos encontrar muchos ejemplos de discriminación; uno de los más claros son los formularios de aplicación laboral en los cuales se  le pregunta a la persona qué religión profesa, si se ha pertenecido a un sindicato o en el caso las mujeres, si está embarazada o no, todas respuestas que podrían minar nuestro espacio de interacción.

De racismo podemos hallar muchos más casos y ejemplos, como los comentarios que se escuchan sobre el que las protestas o manifestaciones sociales en este país las hacen solo los indios, los bajados de la montaña, las comunes frases estoy trabajando como negro o las actitudes cotidianas cuando una persona patea fuerte una pelota, qué indio. Esas personas de las que no conocemos nada de su historia y que señalamos de diversas maneras, dando por hecho de que son lo que son porque nosotros así lo determinamos, y por autodefinición, es la afirmación lógica.

No podremos encontrar una verdadera democracia representativa, si no reconocemos a Guatemala como un país multicultural, tanto para hombres, mujeres, indígenas, ladinos, garífunas, xincas, jóvenes, etcétera.

Son estas razones por las cuales considero que este país no ha salido de su letargo social.

Motivarnos por razones individualistas para argumentar acciones racistas o discriminatorias no va a servir para mejorar nuestro desempeño académico o laboral.  Por ello, creo que ser discriminador o racista basándonos en la cotidianidad solo por repetir un discurso no tiene ninguna validez y la historia lo ha demostrado.

Concluyo con la respuesta a la pregunta inicial, la discriminación y el racismo no han servido, no han servido para mejorar los aspectos coyunturales, sociales y culturales que tanto se critican y/o adversan.


[1] http://lema.rae.es/drae/?val=racismo

[2] http://lema.rae.es/drae/?val=discriminar

 

Imagen: guatemalacsjsr.wordpress.com

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