Juan Carlos.  20 años.  Huehuetenango.

María  Elena.  17 años.  Ciudad de Guatemala.

Jonathan.  23 años. Quetzaltenango.

Carmen. 29 años.  San Marcos.

Hoy todos viven en Estados Unidos.  Trabajan duro y con el dinero ahorrado, sueñan regresar a Guatemala algún día.  Otros sueñas con quedarse en esa tierra que los vio llegar sin un centavo en el bolsillo.  Todos tienen un sueño.

Cada hora, alrededor de 14 personas salen de Guatemala con el objetivo de mejorar su calidad de vida y el bienestar de su familia. Cada día salen del país alrededor de 330 personas.  (Unicef, 2011)

Uno de los fenómenos sociales más frecuentes en países centroamericanos, y al cual se dirigen menos esfuerzos para solucionar, es la migración. Cientos de guatemaltecos y demás centroamericanos dejan su país de origen con el fin de perseguir el “sueño americano”.

El viaje es inevitablemente largo –hasta 40 días-.  Cada día deben afrontarse a nuevos peligros.  Redadas policiales, el tren de la muerte, bandas criminales y crimen organizado.

La mayoría de los migrantes son jóvenes menores de 30 años, igual que vos.  ¿Por qué ellos decidieron irse y vos no? ¿A qué cambios debieron afrontarse al llegar?  ¿Conocemos las condiciones en las que viajaron? ¿Las condiciones en las que trabajan?.

A partir del mes de septiembre, desde Brújula estaremos publicando periódicamente material sobre jóvenes migrantes.  Queremos darles un rostro, escuchar sus historias, dignificarlos.  Saber que Juan Carlos, María Elena, Jonathan o Carmen pudo haber sido cualquiera de nosotros, de haber nacido en otras condiciones.  Saber que pudimos ser nosotros quienes  nos estaríamos escondiendo de los agentes de migración estadounidenses mientras cumplimos largas jornadas de trabajo pesado.

Creemos que la generación de contenido es colectivo, y por ello, también nos gustará escucharlos, conocer sus experiencias, que todos podamos tener una voz, en este tema migrante en el que cada día los pasos por su dignificación deben ser más fuertes.

Todos tenemos el permiso para soñar en grande. 

  Cada migrante tiene un pasaporte para soñar.

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