By Daniel Monroy
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Hace unos días estaba repasando cuántos libros he leído este año y el número que llevo hasta la fecha es un poco triste; para ser exactos, solamente dos. Para ser honesto, no estaba repasando, realmente estaba corroborando si incluso he leído uno en todos estos meses.

Como he contado en columnas anteriores, desde el año pasado mis intereses han cambiado y mis gustos y pasatiempos también han evolucionado y transitado a lugares que ni yo me imaginaba que podía llegar. Eso, sin duda, ha impactado en mi hábito de lectura y en las hojas leídas en los últimos meses.

Por otro lado, mis actividades y obligacionales laborales y académicas me han orillado un poco a no poder leer como lo hacía antes. No son excusas, simplemente cuando hay varias obligaciones, por cuestión de prioridades, uno debe prescindir de ciertas actividades. Como dicen por ahí, es parte de crecer.

Pero no todas son malas noticias: he leído poco, pero he aprendido muchísimo.

En el primer semestre del año me volví consumidor habitual de podcasts. Empecé a escuchar conversaciones de personas con las que quizás no comparto mucho -o nada- de lo que piensan y proponen, pero considero que siempre es bueno e interesante escuchar las razones que fundamentan ciertas ideas. Al margen de mis gustos y mis posturas, escuchar a la contraparte es un buen mecanismo de aprendizaje. Uno ejercita el pensamiento crítico, aprende posturas y por qué no decirlo, es entretenido.

Además, paralelo a los podcasts, tiendo a leer bastantes artículos sobre los distintos temas que me interesan. No soy tan disciplinado como quisiera, pero creo que sí tengo cierto hábito que me ayuda a estar constantemente aprendiendo.

Yo sé que la cantidad de libros que uno lee en doce meses no determinan nuestra inteligencia o nuestra capacidad para remar en la vida. Ayuda, y ayuda muchísimo, pero creo que no se trata de afanarse por cumplir cierto número de libros.

Hay algo interesante que me ha pasado este año. En marzo empecé a leer un libro sobre análisis táctico de futbol, y no miento si digo que avanzo como 5 páginas cada mes. Paso de tortuga es exagerar. Sin embargo, siento que he dejado que el contenido del libro cobre vida en mi vida futbolera. Lo que aprendo en esas 5 páginas mensuales lo “aplico” en todo el mes. Como no estoy expuesto a un bombardeo de conceptos de forma frecuente, aunque sea “poco” lo que aprendo, me tardo un mes entendiendo y aplicando todo (aplicar, entendido como el hecho sabatino de sentarme a ver partidos en mi casa).

Conozco a personas que se trazan una meta anual de libros para leer y creo que podemos aprender mucho de ellos. Por mi cuenta, me siento tranquilo porque estoy encontrando una forma de organizar el tiempo para poder hacer las cosas que me gustan. Quizás ahorita no pueda leer como quiera, pero creo que lo he llevado bien (aunque para un lector serio leer dos libros en casi doce meses sea un motivo de preocupación).

Para mi fortuna, las últimas semanas del año voy a tener más tiempo libre los fines de semana, así que la meta es terminar el libro de fútbol y terminar otro que acabo de comprar.

El otro año veremos cómo gestionamos mejor el tiempo. Por el momento, me quedo con la experiencia de haber tenido un año diferente. No todo es tan malo como parece.

Pocas lecturas, poco aprendizaje. Otra de las rarezas del 2021.

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Estudiante en el día y músico por la noche. Amante de las buenas historias y las buenas conversaciones. Escribo para escaparme del bullicio del día a día.

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