By Brújula
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Un sol abrasador desgasta a cualquiera. El cuerpo sintiendo cómo poco a poco, el calor se filtra en cada poro hasta convertirse en una condición insoportable.  Sentir la obligación de descansar, buscar una sombra, hidratarse.  ¿Pero qué sucede cuando la sombra y la hidratación no se vislumbran a muchos kilómetros a la redonda? ¿Qué pasará por la mente de una persona que se encuentre en estas condiciones, solo, lejos de casa, de la familia, de los amigos?  Estar consciente que esa agonía es el preámbulo de –seguramente- los últimos momentos en esta tierra. Miedo, desesperación, preocupación por los que quedaron en casa, soledad.

Un escenario bastante triste pero lleno de realidad centroamericana. Gilberto Francisco Ramos Juárez, el adolescente que fue encontrado muerto hace algunas semanas en los alrededores de la ciudad de La Joya, en Hidalgo, Texas, probablemente sintió ese inmenso miedo y soledad al verse lejos de casa y a punto de fallecer.  Es cierto que la muerte nos toma a todos por sorpresa y que nadie puede escapar de esa tan humana e incomprensible condición; sin embargo, probablemente todos coincidamos en que nadie debería morir solo, lejos de aquellos que nos quieren y a quienes queremos.

La muerte de Gilberto, un muchacho de San José de las Flores, Chiantla, Huehuetenango vino a reactivar el tema migrante en el país. Niños y adolescentes que deciden emprender el viaje hacia Estados Unidos solos (no acompañados) y la poca atención que el gobierno de Guatemala brinda a esta problemática.  Muestra de la reactivación temática es la nueva campaña ¡Quédate!, que busca incentivar a los jóvenes en condición de migrar, a informarse sobre los riesgos que esto conlleva y asimismo brindarles capacitaciones sobre oficios técnicos donde ellos puedan emplearse.

Sin embargo, si en este país las oportunidades de empleo y las condiciones de empleo digno no se modifican, ninguna capacitación técnica logrará que el joven “se quede”. 

Gilberto no logró finalizar su viaje y reunificarse con Esvin, su hermano quien vive en Estados Unidos.  Sin embargo, en otro territorio del país, una historia diferente se encuentra ocurriendo.  Alex, deportado con más de nueve años residiendo en Nueva York, Estados Unidos, está intentando adaptarse de nuevo a este país que poco tiene por ofrecerle a su regreso obligado.  Mientras Gilberto emprendía el viaje hacia el norte hace algunas semanas, Alex lo hacía pero a la inversa, venía de regreso a Guatemala luego que las autoridades estadounidenses lo detuvieran manejando sin licencia de conducir, falta suficiente para iniciar un trámite de deportación.

Diariamente en Guatemala aterriza al menos un avión con personas retornadas forzadas en las instalaciones de la Fuerza Aérea; en ocasiones, llegan hasta tres aviones.  Si se sacan las cuentas, semanalmente vienen al menos cinco aviones con un aproximado de 130 personas cada uno. Es decir, 650 personas retornadas a la semana, alrededor de 2,600 por mes.  Y es que a pesar que la mayoría de estos números corresponden a migrantes detenidos en frontera, las deudas que traen consigo no hacen más que sumar al sentimiento de frustración que muchos presentan.  El destino de estos miles de guatemaltecos una vez atravesada la puerta de salida de la Fuerza Aérea es incierta, incluso para las autoridades guatemaltecas que no poseen un programa de registro y seguimiento de las personas retornadas.

En nuestra Guatemala, día con día, muchos Gilbertos van y muchos Alex regresan. ¿Por qué es un “quédate” y no un “regresa” por parte del gobierno de Guatemala e influenciado por Estados Unidos?  Porque un “regresa” implicaría la pérdida para Guatemala de alrededor del 11% del Producto Interno Bruto (PIB) que los migrantes guatemaltecos aportan al país por medio de las remesas que envían mes a mes. Porque un “regresa” implicaría la pérdida para Estados Unidos de millones de mano de obra barata para realizar los trabajos de agricultura, construcción y servicios alimenticios en los cuales muchos migrantes se encuentran empleados actualmente, con una retribución económica no igualitaria ante los salarios estadounidenses.  Para Estados Unidos es un “regresa” para los migrantes en frontera, es un “quédate” para los que se quieren ir, pero es un “por favor no te vayas” para todos aquellos que se encuentran sosteniendo gran parte de la economía del país.

Importante y necesario es que el gobierno se preocupe por generar las condiciones de vida necesarias para que el guatemalteco quiera “quedarse” en este país, o en caso que el guatemalteco “regrese”, también pueda empezar una vida digna aquí, en esta su tierra, en nuestra tierra. Preocuparse por las condiciones de vida de los guatemaltecos, atender  las problemáticas sociales del país, priorizar a su población. Realicemos una campaña de Quédate cuando realmente podamos ofrecerle a los jóvenes algo más allá de lo mínimo para subsistir.  De lo contrario, es un quédate con sabor a desempleo y desnutrición; es un quédate aunque sabemos que te irás.

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    Marisol Castillo / 24/07/2014 at 18:18 /Responder

    el tema de migración es tan amplio y a la vez confuso, es verdad que muchos quisiéramos que nuestra gente no muera en el intento de obtener una vida mejor, pero cada día se vuelve un reto vivir en este país en donde impera la violencia, el crimen organizado, la inseguridad, la desnutrición la pobreza y pobreza extrema, el analfabetismo y las condiciones tan precarias de empleo. Lamentablemente nuestra legislación no aporta propuestas de solución, porque se han convertido en tareas engavetadas que pasan a la historia y se reactivan ante los intereses políticos que al final son discursos sin alternativas de solución.

  2. Avatar
    domingo / 26/07/2014 at 15:45 /Responder

    Este gobierno pomposo pensaba ayudar a los pobres específicamente con todas sus habladurias en la campaña politica partidista, sin embargo es el peor presidente que tiene Guatemala en las últimas décadas

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    Noé Francisco Montoya / 27/07/2014 at 19:11 /Responder

    Hablar de nuestros hermanos migrantes, es tocar la fragilidad de cada país latinoamericano, es llegar al corazón de cada familia, que ora, espera y en ocasiones llora por sus hijos, hermanos y/o parientes que decidieron emprender el tan anhelado sueño: salir adelante con sus familias. Pienso que ya es tiempo de tomar protagonismo en esta situación, superando la actitud de espectadores que hemos mantenido hasta hoy. Podemos ayudar siendo parte de la solución, creando más oportunidades para nuestros hermanos y compatriotas. Son nuestros hermanos de nuestra misma sangre. Seamos luz para ellos.

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