By Brújula
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Fotografías de Celeste Mayorga

Gabriela Maldonado / Opinión /

Cierro los ojos cuando me toco; apago la luz para no ver el contorno de mi cuerpo. Mi desnudez frente al espejo me intimida. ¿De quién es esa piel? ¿De quién son esos pelos? No puedo imaginar ver más allá de la superficie. Toco para crear placer; toco pero no sé qué. Me tocan y lo siento; me tocan pero no veo. Que si me pasa algo, que si necesito algo – no sé, pero ellos sí. Al fin y al cabo ellos sí pueden ver-me. Aunque estos órganos son míos, los desconozco.

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Me desnudé simplemente porque no pude decir “no” al reto que suponía ser la propuesta de Numa Dávila: realizar acciones de reconocimiento corporal en público. La excusa era el Festival Ixchel 2014, la motivación la necesidad de hacer visible una parte del cuerpo de las personas biológicamente sexuadas como femeninas, y nuestra arma el espéculo vaginal.

Espéculo, del Latín speculum, espejo, es un instrumento médico para examinar orificios del cuerpo. A mediados del siglo XIX, J. Marion Sims inventó el espéculo vaginal moderno para facilitar la examinación de la misma y del cuello uterino. En su trabajo, Sims realizó operaciones experimentales en esclavas negras, quienes fueron operadas sin consentimiento previo hasta 30 veces y sin anestesia (1).

Al mismo tiempo que el espéculo revolucionó la práctica ginecológica, surgió la estigmatización de las mujeres que buscaban ayuda médica pues se creía que los exámenes las pervertirían. De hecho, usualmente se contrataba a prostitutas para que los doctores pudieran practicar en ellas.

Así, cuando el espéculo abrió el cuerpo biológicamente sexuado como femenino y este se volvió visible al ojo de la industria médica, los doctores – agentes por excelencia del régimen farmacopornográfico – tomaron control exclusivo sobre la salud y la sexualidad de las personas con vagina y ovarios.

Como sociedad sabemos más sobre la sexualidad de personas masculinas con pene, que sobre la de personas con vagina. Nos preocupa más el orgasmo del hombre cisgénero (2), que conocer la complejidad de los cuerpos con órganos sexuales femeninos.

Han puesto una venda sobre nuestros ojos. Caminamos ciegamente, en fila, todas tomadas de los hombros de los doctores y del establecimiento médico, dejando que sean ellos quienes nos guíen.

Por eso, nosotras tomamos en nuestras propias manos el instrumento que, en manos de doctores, nos ha quitado la posibilidad de conocernos. De hecho, hoy en día cualquiera puede comprar un espéculo desechable por Q8.00 en APROFAM.

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Me desnudé alistándome con Numa detrás del telón. En el escenario, alrededor de nuestra utilería, se encontraba el público esperándonos. Pero ni me los podía imaginar, ni importaba quiénes eran. Lo que más me inquietaba era lo que estaba a punto de revelarse frente a mis ojos, una parte de mi cuerpo que nunca antes había visto: mi cérvix o cuello uterino.

El cérvix, según lo describe wikipedia, es “es la porción fibromuscular inferior del útero que se proyecta dentro de la vagina, y es un componente anatómico exclusivo de la hembra en los mamíferos.” Esa apertura deja que salga la sangre durante la menstruación y al dilatarse, durante un parto, permite que pase el bebé.

El examen que se realiza con el espéculo es para localizar la parte externa del cérvix y analizar su apariencia ya que esta cambia dependiendo del punto durante el ciclo menstrual en el que se observa. El cérvix de cada persona es distinto. Además, muestras de las células del cérvix pueden ser  utilizadas para detectar la presencia de células cancerígenas o enfermedades de transmisión sexual.

Nos quitamos la ropa, no para complacer la mirada masculina patriarcal, sino para satisfacer nuestra curiosidad animal de entendernos más allá del conocimiento y para demostrar que es posible establecer otra relación con nuestros cuerpos. Nos quitamos la ropa para visibilizar corporalidades sexuadas como femeninas, estigmatizadas y silenciadas.

Pero cuando salimos al escenario no le gustó a la institución ver nuestra desnudez — tal vez si hubiéramos sido más “sexys” o más delicadas con nuestro movimiento hubiera sido permitida nuestra aparición en público. Sin embargo, menos de 24 horas después de nuestra Acción de Reconocimiento, la junta directiva del IGA le informó a las organizadoras del festival que había decidido cancelar el resto de las actividades previamente acordadas. La excusa, según una de las organizadoras: haber presentado una obra con contenido poco apropiado. Es decir el cuerpo desnudo de Numa y mío en exploración conjunta (3).

Nos desnudamos y hoy lanzamos a la web el registro de nuestra acción y ojalá y este post se vuelva viral para que todas las instituciones y personas que se suscriben, consciente o inconscientemente al régimen heteropatriarcal sepan que las personas que tenemos vagina y ovarios estamos tomando el control de nuestros cuerpos y nuestra sexualidad y alejándonos de su control médico y medicado.

(Y como no tenemos fotos de nuestros propios cérvixes les invitamos a visitar las galerías de fotos de BeautifulCervix.com)

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1) Información histórica extraída de “Why no one can design a better speculum”.

2) El término cisgénero se refiere a las personas que desarrollan una identidad de género que es congruente con su sexo biológico. Para más información lee “Mi género no está entre mis piernas”.

3) Pueden leer el comunicado que Numa publicó en su blog luego de enterarse de la censura por parte del IGA.

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