Investigadores: Wilson Romero, Heydy López Lepe

El estudio analiza los programas sociales como estrategias de reducción de la pobreza, específicamente de los programas de transferencias monetarias condicionadas -TMC-  y su impacto en la distribución del uso del tiempo, así como el trabajo remunerado y no remunerado al interior de los hogares beneficiarios.

Es un estudio cuasi-experimental que utiliza la base de datos de la Encuesta de Condiciones de Vida –ENCONVI- 2011 y 2014, con la cual se puede medir los niveles de pobreza y caracterizar a la población beneficiaria y no beneficiara del programa. Utilizando el módulo del uso del tiempo permitió y el método de análisis de componentes y emparejamiento por punteo, fue posible analizar y contrastar el impacto del programa de transferencias monetarias condicionadas entre las mujeres beneficiarias y las no beneficiarias en el uso del tiempo al interior de los hogares.

En América Latina la protección social se estableció como un derecho asociado al trabajo formal y se centró en cubrir los aspectos de salud y seguridad social para los trabajadores y sus familias (pensiones y jubilaciones), como mecanismos para reducir la vulnerabilidad de la población frente a las diferentes etapas del ciclo de vida. Se esperaba que la protección social se fuese incrementando conforme se avanzaba en la formalización de las relaciones laborales. Sin embargo, con el ascenso del neoliberalismo, uno de cuyos planteamientos era el de la necesidad de flexibilizar el mercado laboral y reducir el tamaño del Estado se dio un notable incremento en las tasas de desempleo, empleo informal, trabajo precario y autoempleo, lo que dejó fuera de esta cobertura a amplios sectores de la población. Así, los impactos de los programas de ajuste de la década de 1990 se tradujeron en un incremento en la pobreza y pobreza extrema. Tal situación se agudizó derivado de las crisis económicas haciendo evidente la necesidad de programas complementarios de asistencia social, que no estuviesen directamente vinculados a contar con un empleo formal.

Las TMC han sido dirigidas a romper la transmisión  intergeneracional de la pobreza a través de pagos condicionados con corresponsabilidad dirigida a desarrollar las capacidades humanas de los niños; para que en el futuro no necesiten de la asistencia social.

En Guatemala algunas evaluaciones del programa de TMC han afirmado la existencia de efectos positivos que se tradujeron en mejoras en los niveles de consumo en alimentos, elevaron la asistencia escolar y la asistencia a centros de salud de niñas y niños y las madres en periodo de lactancia. Uno de los efectos negativos no previstos del programa es que el velar por el cumplimiento de las condicionalidades recayó en las mujeres, dados los roles de género socialmente construidos y reforzados a través de la historia. Eso significó que en los hogares beneficiarios las mujeres destinaran una mayor cantidad de tiempo al trabajo reproductivo, reduciendo el que dedicaban al trabajo remunerado. Una de las recomendaciones de la investigación es que los programas sociales deben diseñarse con un enfoque de género a fin de permitir a las familias obtener los beneficios del programa y distribuir las responsabilidades entre todos los integrantes del hogar, atendiendo a su edad y condición física.

Imagen: IDIES

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