By José Andrés Franco
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Las elecciones generales de Estados Unidos, están cada día más cerca. Donald Trump busca la reelección, después de 4 años de una presidencia poco común (por describirla de una forma muy suave); desde escándalos políticos, como la interferencia de Rusia en el proceso electoral 2016, pasando por el proceso de destitución (impeachment), el manejo muy criticado de la pandemia de COVID-19, sumando las tensiones raciales a raíz de actos de brutalidad, entre otros problemas que caracterizaron su presidencia.

El “Keep America Great”, es ahora la frase que está bordada en las singulares gorras rojas y muy pocas mascarillas, que se presentan en los mítines que realiza Trump, en cada uno de los estados decisivos para esta elección. El discurso es el mismo: ataque a los medios liberales como “Fake News”, la promesa de la recuperación y crecimiento económico, la búsqueda por deshacerse de Obamacare y presentar un plan nuevo, etc.

Por otro lado, Joe Biden es la alternativa moderada desde el Partido Demócrata. Biden con más de 30 años de experiencia como Senador y 8 años como Vicepresidente de Barack Obama, busca ganar la presidencia con la promesa de reparar todo lo hecho por Trump en estos 4 años: ampliar Obamacare, volver a un enfoque a favor del medio ambiente, restaurar la política exterior y la relación son los aliados, terminar con la política de separación de familias migrantes, impuestos a millonarios y más sueldo mínimo, entre otros. Sin embargo, el mayor argumento de su campaña es el restaurar “el alma de la nación”.

Para la elección presidencial en Estados Unidos, se utiliza el sistema indirecto de elección llamado Colegio Electoral, en donde cada estado tiene un número asignado de votos electorales, dependiendo del número de distritos que estos tienen, más dos votos que representan a los Senadores. En total son 538 votos electorales, en donde se necesitan 270 para ganar la presidencia de este país.

Por lo tanto, entender la complejidad de este método no es fácil y tampoco un mapa geográfico con el número de votos electorales, nos permite entender la relación del peso de cada estado por la cantidad de votos electorales. La siguiente gráfica, busca resolver en alguna medida este problema: el tamaño de cada estado es dado por la cantidad de votos electorales que presenta cada uno. Es por esta razón que estados como California (CA), son fácilmente observables, a comparación de otros como Delawere (DE) o Idaho (ID).

 

Esta gráfica también permite observar cuáles son los estados que tienen una orientación demócrata (azul) o republicana (rojo), dependiendo de cómo votaron sus electores a través de varias elecciones. En este sentido, mientras más fuerte es el color, más sólido es el voto, bajo esta orientación en estos estados.

Por otro lado, la gráfica también muestra cuáles son los estados decisivos para esta elección, de los cuales Georgia (GA), Iowa (IA) y Ohio (OH), presentan números muy apretados para cada partido, hasta el punto que pueden representar un empate.

Al realizar la suma de cada uno de los estados sólidos, de cada partido y los estados decisivos que están presentado orientaciones para cada partido, se realizó la gráfica sobre la proyección de votos electorales, en donde la línea negra indica los 270 votos electorales a superar.

Es bastante claro que el partido demócrata y su candidato Biden (azul) tiene la delantera, al tener una mayor cantidad de votos electorales prácticamente asegurados (223) y la mayoría de estados decisivos que se están orientando a este candidato (112). Esto se basa en el promedio de las encuestas de cada estado, realizado por la página Five Thirty Eigh.

Sin embargo, el voto de estos estados decisivos en 2016, dieron la victoria a Trump, como se presenta en la gráfica de resultados electorales de ese año. Los 163 votos republicanos (rojo) que están prácticamente asegurados y los 142 votos de los estados decisivos, le permitieron ganar.

Por lo tanto con el antecedente de 2016, estos datos se están abordando con mucha cautela; teniendo en cuenta que el 3 de noviembre, será el día en donde las estimaciones y proyecciones serán puestas a prueba. Más de 50 millones de ciudadanos ya emitieron su voto en todo el país, superando a la elección de 2016, a pocos días del 3 de noviembre. Después de un año como este, no se esperan resultados sin cuestionar, debido a la gran cantidad de teorías conspirativas que el mismo Trump ha ‘regado’ sobre este proceso electoral. Se espera que se lleven acciones que pueden ser solamente legales, o en el escenario más pesimista, acciones violentas por parte de grupos de derecha radicales.

Todo proceso electoral es interesante, pero a raíz de cómo el 2020 se ha comportado con nuestra realidad, se pueden esperar muchas cosas.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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