By Colaboraciones
Posted: Updated:
0 Comments

Por: Luis Eduardo Ortiz Calderón

Ninguna escuela, colegio o personal docente estaba preparado para el inmediato cambio a lo virtual, al inicio de la pandemia. Un año después sabemos varias cosas:

La docencia en la virtualidad es difícil, ser estudiante en la virtualidad es difícil, que tu hogar sea aula y oficina es difícil, tener que salir a trabajar mientras tus hijos se quedan en casa a recibir clases virtuales es difícil.

Las familias guatemaltecas viven en diferente grado estas dificultades, la desigualdad se ve reflejada directamente en el acceso (o no acceso) a computadora, internet, energía eléctrica e incluso la alimentación. A nivel más general, son problemas que atraviesan los sectores público y privado. Vimos las guías impresas y los programas en televisión nacional que hizo el Ministerio de Educación (Mineduc), sumados a obstáculos en los colegios que en parte, se han agrandado por la mala dirección del Ministerio. De pequeños a grandes colegios enfrentan retos que exigen exceder la jornada laboral para resolverlos.

Objeto de críticas, las disposiciones que el Mineduc ha adoptado han sido incongruentes a la realidad educativa del país y limitan los procesos de adaptación a la virtualidad de los servicios educativos. Por lo tanto, por más opiniones y realidades diversas que existan entre la población, una manifestación contra el Mineduc también es legítima y en pleno ejercicio de los derechos ciudadanos.

Pero conviene preguntar: ¿Es la reapertura de las escuelas y colegios lo que debemos exigir?

La educación de las generaciones más jóvenes no sólo está comprometida por la pandemia, también es por la incompetencia de las autoridades del Mineduc. Ha quedado ya muy claro que no es lo mismo recibir educación presencial que a distancia; si presencial ya era precaria en algunos sectores, dejo a la imaginación lo que puede ser en virtual. En un país donde la desnutrición, la falta de oportunidades y el estado de los sistemas de salud y educación son graves, pareciera que no da tiempo de pensar en el estado en que el desarrollo integral de la niñez se encuentra; que ahora está en casa todo el tiempo, o en su defecto, que ahora van todos los días a trabajar con su familia. Ambos, causantes de la deserción escolar, que ha costado reducir a través del tiempo.

Cuando era pequeño, ir al colegio era mi escape de la monotonía de casa. No puedo dejar de empatizar con la niñez y juventud que se siente de la misma manera, o de pensar en quienes han tenido que convivir con familiares y encargados abusivos durante todo el día, todos los días. Por eso las ganas de volver crecen, pero ¿volver a qué? No todos los colegios tienen la capacidad e infraestructura de atender las medidas de bioseguridad, las escuelas públicas siguen en las mismas o peores condiciones a las que estaban en marzo 2020.

Sé que es necesario volver a abrir escuelas y colegios, pero por el momento sigue siendo necesario cuidarnos y evitar el aumento de contagios (siendo conscientes del subregistro que maneja el gobierno). En otras partes del mundo han tenido que volver a cerrar nuevamente; salvaguardar la vida de docentes y estudiantes es prioridad. En Guatemala las disposiciones, según el Tablero de Alertas, persiguen este objetivo. Sin embargo, el silencio y la pasividad del Mineduc en la toma de decisiones, sumado a sus cuestionables estrategias de manejo del ciclo escolar y de recursos para mejorar la infraestructura (con agua limpia y espacios seguros), mientras no había estudiantes en las escuelas, son cuestionamientos que merecen atención.

Por años, el sistema educativo ha estado olvidado, el gran trabajo del Mineduc ha sido cumplir con la meta de días del ciclo escolar. Ningún docente está en calidad de perder su trabajo, menos bajo las condiciones en las que nos encontramos y esta necesidad, puede estar siendo aprovechada por las administraciones para sobrecargar de trabajo. ¿Ha hecho algo el ministerio para verificar que no haya sobrecarga de trabajo a los docentes? Conviene que las autoridades ministeriales se pregunten: “¿Estamos agravando o solucionando los problemas que la pandemia nos recordó que teníamos?”

Es importante que en el Mineduc sean coherentes y consecuentes con sus decisiones, no complicar la ya difícil tarea, que docentes a lo largo de todo el país, están haciendo por vocación para cumplir su deber para con sus estudiantes. El sector educativo está en la subfase 3C del Plan Nacional de Vacunación.

¿Están satisfechos con una fase tan tardía para un sector así de importante?

Vale la pena que el Mineduc exija también un proceso transparente, rápido y efectivo de vacunación al Ministerio de Salud. Sin vacunas no hay regreso seguro a clases y solo me pregunto:

¿Dónde quedó el Mineduc en todo esto?

 

 

Related Posts

Una vez le preguntaron a Lewis Hine, un fotógrafo de guerra, que porqué había elegido esa...

  Fotografía: Artes Landívar Por: Sabrina Castillo Gallusser   Mario favorece el que siempre haya...

Es innegable el hecho que en Guatemala la opacidad, el clientelismo y por supuesto la corrupción,...

Leave a Reply