Por: Pablo Arrivillaga
Dime, dulce reina
De qué constelación vienes
Por qué una ciudad inundada eliges
Y por qué tu blanca mano no extiendes
Cuéntame cuántos pretendientes tienes
Quienes llenan tu cuello de brillantes pendientes
Dime por qué amas estas calles
Cuándo podrías dominar mis valles
Explica cómo brillas sobre estas torres
Y no los campos de la Toscana donde no corres
Las gaviotas y las palomas te alaban
Y las inundaciones tu alma lavan
Compites con el sol y la luna
Porque brillante solo puede ser una
Tu palacio no tiene estructura alguna
Y tu corazón es árido como una duna
Beso tu nombre como un dogma
A ti a quien Dios ni la poesía doman
Mientras vistes un roja corona
Volviéndote mi último axioma
Cuando decidas de estos canales irte
En una góndola voy a seguirte
Llevando tu pacífico canto de guerra
Mientras con tus rosas conquistas otra tierra
