By Gabriela Sosa
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Gabriela Sosa/ Corresponsal/

“Cuando somos pequeños nos hacen buscar la definición del algo en el diccionario, ya grandes vemos que podemos inventarla nosotros mismos.”

Ordenando mis papeles, olvidado entre trabajos de los primeros años de universidad, entre poemas que no riman y terribles dibujos de árboles secos, me encontré una hoja de papel donde había escrito esto hace ya dos años.

No recuerdo exactamente qué pasaba en mi cabeza en ese entonces. Sea lo que haya sido, lo había olvidado, guardado en un rincón –de mi cuarto y de mi mente-; había olvidado vivir como si fuera cierto. Tengo varias –demasiadas- memorias de pasar la tarde haciendo tareas con diccionarios alrededor, llenando infinitas hojas de trabajo para diversos idiomas; pero no tengo ni un solo recuerdo de haberme detenido a cuestionar lo que enunciaban. Ahora encuentro esta idea de nuevo y pienso cuán verdadera es.

 ¿Quién puede definir a una persona? ¿Qué tal una emoción? ¿Tristeza? ¿Amor? ¿Pérdida?

Consultar con la RAE nos dará la definición general, pero cada una de esas palabras tiene un significado totalmente distinto para cada persona. Un diccionario no podrá explicar cuán profundo será el vacío dentro de alguien, cuán fuertes las ganas de hacer algo por alguien pero no poder hacerlo y sentir como si quitaran el suelo bajo nuestros pies cada vez que sucede una tragedia. Incluso la palabra “tragedia” tiene una infinidad de significados, dependiendo de la persona. Un diccionario, ni siquiera un manual de trastornos psicológicos, podrían detallar cómo cambian y afectan cada pequeño y aparentemente insignificante suceso o palabra a alguien; cómo la redefine.

En mi carrera nos enseñan a hacer informes psicológicos, detallando cada etapa de la vida de una persona, cada acontecimiento significativo relacionado con lo que le ocurre ahora. Pero, ¿cómo se supone que se plasme la infancia o adolescencia de alguien en tres párrafos?

Algunos no tienen mucho que escribir, otros escriben demasiado.  ¿Quién dicta cuánto es mucho y cuánto es poco? Tal vez es cierto, lo que define a alguien sí cabe en cuatro páginas; otros quizás no cabrían ni en cuarenta. Pero ese es precisamente el punto. No hay una regla general. Un diccionario puede decirnos la definición de la palabra persona -Individuo de la especie humana- (rae.es, 2013) mas no puede detallarnos lo que hace a una persona ser quién es, lo que hace a alguien una persona completamente distinta a las demás. Y es que todos somos una persona completamente distinta a los demás.

Siempre se nos ha dividido en grupos, a veces étnicos, a veces políticos, a veces de estatus socio-económico, o el típico caso de los grupitos en el colegio: fresas, nerds, futbolistas, las que andan con todos, las que no andan con nadie, hipsters, “mucos”, los que andan por su lado…. La humanidad siempre ha tratado de encajonarse a sí misma en diversos estereotipos para mantener un orden, cada quien en su lugar. Con consecuencias fatales en muchas ocasiones.

No estoy tratando de decir que todos deberíamos ser diferentes, simplemente digo que ya lo somos, cada uno de los siete mil billones y más de habitantes de este planeta. Dos hermanos gemelos podrían crecer en exactamente el mismo ambiente, con los mismos amigos, familia, oportunidades y educación; pero algo será distinto, una pequeña experiencia, una pequeña palabra hacia ese niño, un hecho que los separa en dos personas distintas. Siempre lo hay.

Somos diferentes y es una verdadera lástima que nos eduquen para pensar que ser diferente es malo. No únicamente una lástima, una falsedad terrible; porque de por sí ya somos distintos, porque no podemos definirnos y aunque alguien lo haga, somos nosotros, cada quien respecto a sí mismo, los únicos que tenemos derecho a autodefinirnos.

Me disculpo si alguna vez traté de definir a alguien más; también a mí misma, por olvidarme de definirme yo y por casi permitir que alguien o algo más lo hiciera.

 

About the Author

Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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