By Antonio Flores
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Antonio Flores/ Opinión/

El Brayan, el Kevin, la Nicole y la Kimberly…” ¿Se les hace familiar? ¿Y qué tal este? “La María y el Pegre…” ¿Lo reconocieron? Acá les va otra: “Indios huevones, no tienen otra cosa que hacer más que andar chingando a la gente que quiere trabajar” ¿Esa sí la identifican? Las tres son expresiones utilizadas por el capitalino de clase media para referirse a los que, según él, no están a la altura de su educación, puesto de trabajo y acervo cultural; como si vivir en la ciudad, tener un trabajo rutinario, subir selfies a la redes y beber fuera señal de superioridad moral, cultural o intelectual. Tristemente en la ciudad, carecemos de una identidad propia, algo que nos haga sentir parte de algo más grande que nosotros mismos. Tenemos bares, clubes, centros comerciales, gimnasios y universidades para satisfacer las necesidades inmediatas de los individuos, pero en todos es la misma rutina todos los días; si hay algo especial, es una celebración ajena: 4th of July, St Patricks, Halloween, Thanksgiving, Champions League. La cultura se nos implanta según estándares en los medios de comunicación y publicidad, esa invisibilización silenciosa de nuestra pertenencia a una cultura propia, es un problema de fondo en nuestra sociedad.

Hace algunas semanas, se dio a conocer la decisión de institucionalizar el MIS por parte de la Ministra de Salud. Esto provocó que saliera a relucir el pensamiento racista y ciego de las personas, para quienes no tiene sentido el “usar el dinero de sus impuestos en tratamientos para supersticiones de indios”. No se podía esperar menos de un país donde el racismo esta adherido al imaginario colectivo y se mantiene a través de prácticas rutinarias; donde se aplaude y valora cualquier tradición o moda ajena.

Pero tanto alegar y decir me hace dudar si estas personas saben siquiera que es el MIS o la medicina intercultural.

El Modelo Incluyente de Salud, es un modelo de atención que fue concebido como una estrategia de largo plazo para impulsar una reforma del sistema de salud desde una visión alternativa, basada en derechos y mediante una atención integral e incluyente dirigida a reducir inequidades en la atención, buscando fortalecer las capacidades del MPAS para el cumplimiento del derecho a la salud. Ahora cuando decimos “medicina intercultural” es la atención médica basada en  la comunicación entre dos o más culturas para lograr relaciones armoniosas entre sus integrantes; es también el intercambio, reciprocidad, solidaridad entre los diferentes modos de entender la vida en dichos grupos, garantizando el desarrollo de una mejor vida en el marco de una realidad multicultural.

Esto implica, que a largo plazo, el principal reto para el MIS y el trabajo de la ministra no es la gente en las ciudades, los ladinos incrédulos y racistas o los facebookeros ignorantes, el verdadero reto para la medicina intercultural somos nosotros, los bata blanca (estudiantes y profesionales). Todos pueden opinar lo que quieran, hablar a favor o en contra de la medida, pero ellos no están en los puestos de salud, ellos no conversan con las personas y tampoco son a los que buscan por un niño ojeado, mollera caída o sustos; de poco sirve el deseo de inculturizar la medicina, si la mentalidad de los profesionales de la salud no se abre a las nuevas directrices y objetivos del MIS, en vano se estaría institucionalizando la pertinencia cultural. Muchos estudiantes y profesionales ignoran que estas enfermedades están reconocidas por la OMS, la OPS y algunas se describen en la Guía Latinoamericana de Diagnostico Psiquiátrico (por mencionar alguno), donde se describe la etiología y tratamiento cultural de cada una de las enfermedades, su relación con enfermedades biomédicas y el país donde de donde es originaria la enfermedad.  Por si no lo creen, les comparto algunas definiciones de enfermedades tradicionales

Mal de ojo: Se trata de una enfermedad originada por la “mirada fuerte” de algunos individuos. También se menciona, como posibles causas, la envidia y la influencia de aquellas personas que pasan por determinados estados de ánimo. Es reconocida por la presencia de vómitos, diarrea, llanto e intranquilidad, entre muchos otros síntomas. Afecta principalmente a los niños y ocasionalmente a los adultos, se cree que las plantas y los animales también pueden ser afectados por el mal de ojo. Es una de las creencias más antiguas y difundidas en el mundo, de mayor consideración y conocimiento en el ámbito del saber médico popular.

Susto o espanto: Padecimientos somáticos crónicos muy diversos atribuidos a “pérdida del ánimo” inducidos por un miedo intenso, a menudo sobrenatural. En algunos casos, los acontecimientos traumatizantes no se sufren de manera personal; los pacientes se afectan cuando otros (generalmente familiares) se asustan. Los síntomas incluyen a menudo agitación, anorexia, insomnio, fiebre, diarrea, confusión mental y apatía, depresión e introversión. Diferentes estudios atribuyen algunos casos a hipoglucemia, enfermedades orgánicas no especificadas, ansiedad generalizada o estrés producidos por conflictos sociales o baja autoestima

Nervios: Frecuentes episodios, a menudo crónicos, de extrema tristeza o ansiedad que dan lugar a un conjunto de manifestaciones somáticas tales como dolor de cabeza o dolor muscular, reactividad disminuida, náuseas, pérdida de apetito, insomnio, fatiga y agitación. Más frecuente en mujeres. Las investigaciones ligan este trastorno al estrés, la cólera, el desequilibrio emocional y la baja autoestima.

¿Están locos en la OPS o los editores de la GLDP para agregar estas “supersticiones de indios” a las normas de atención y diagnostico vigentes actualmente? ¿O los locos somos los capitalinos que no podemos ver más allá?

Cualquiera que haya realizado su EPS en el área rural, es testigo del gran número de personas que consultan por este tipo de enfermedades los puestos de salud y dependiendo de la atención que reciban, deciden seguir el tratamiento o ignorarlo y seguir buscando respuestas. Al hablar de pertinencia cultura o inculturación, nadie nos pide que abandonemos lo que aprendemos sobre anatomía, fisiología, patologías y vademécums; el reto está en saber aplicar esos conocimientos biomédicos (propios de la medicina occidental) con pertinencia cultural, lo cual afianza.

Porque cada enfermedad tradicional, tiene una explicación fisiológica y tratamiento con fármacos; pero también engloba un sentimiento, pertenencia, identidad y conexión con algo más grande que nosotros mismos.

El reto es enorme, brindar salud incluyente en un país sumamente excluyente; la ministra ha dado el primer paso, ahora necesita de nosotros, sus colegas, para avanzar en la dirección correcta.

[quote]A mí también me duele el corazón, pero de que seamos incapaces de reconocernos en el otro y de aceptar que la relación médico-paciente siempre será más humana que científica. – Claudia Valenzuela[/quote]

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Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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