By Lizza Flores
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A todos nos ha pasado más de alguna vez, que algún amigo o familiar está interesado en contarnos algún evento de su vida. Al momento en que inicia a contárnoslo, en su mensaje van emociones que podemos ver que externa y otras que están ocultas. Y seguramente hemos tenido la tentación de interrumpir, de comparar su situación con una personal o simplemente sentimos que nuestros pensamientos están dando vueltas por nuestra cabeza que carecemos de una actitud real y genuina de escucha.

Esta última es uno de los principales ingredientes de la comunicación.

Una escucha con la finalidad de comprender, no solamente de actuar para hacer ver que estamos “escuchando”, es el objetivo principal para que dos personas logren entenderse, más no de ‘ponerse en sus zapatos’ como coloquialmente decimos o estamos acostumbrados.

La empatía resulta no ir tan de la mano con la escucha, ya que es imposible que vivamos literalmente lo que la otra persona está viviendo y con ello sentir y pensar exactamente lo mismo. Todos tenemos muchas maneras de afrontar las situaciones que durante nuestra vida se presentan y por lo tanto, debemos aprender que existen muchas perspectivas para una sola situación.

Una de las principales claves para escuchar es estar en silencio. Pareciera que es algo inútil y que es lo que la otra persona no busca, pero hay que dejarlos hablar. Estamos acostumbrados a que si alguien nos habla solo escuchamos para responder, es por ello que guardar silencio se convierte en una tarea complicada, pero como todo, podemos aprender y con disciplina, sin duda, se podrá convertir en un hábito que nos dará como resultado una comunicación basada en la comprensión.

Y vuelvo a esta palabra que se siente gigante y muy difícil de conseguir. Lo primero es aceptar que muchas de las veces al escuchar a alguien, no es que esté buscando soluciones que vengan de alguien más.

Las bases para aplicar la escucha, principalmente es tener la intención de escuchar, que inicia con el deseo de estar ahí y reconocer cada una de las palabras que la otra persona quiere comunicarnos. Hacerle ver que nos importa lo que nos está contando, sobre todo porque esa persona es importante para nosotros y nos interesa su bienestar.

Seguido de demostrar un interés genuino por la otra persona, al iniciar a escuchar debemos sin duda, poner atención. Esto implica estar atento, postergar cualquier actividad que implique alguna actividad física o mental, esto hará que exclusivamente nos dediquemos a quien se quiere comunicar con nosotros. En este aspecto no aplica el ser multitarea.

Durante la escucha no debemos tener prejuicio alguno o aplicar frases como “estás haciéndolo mal”, “yo he pasado cosas peores”, “te quejas por nada”, entre otras. Esto hace que el emisor se sienta incómodo y comience a generar más ideas conflictivas en su cabeza, tendrá más enredadas las ideas que cuando inició a contarte.

Finalmente, luego de escuchar, debemos expresar nuestra comprensión. No implica que estemos de acuerdo o no con lo que diga la otra persona, sino que nos facilita el acercamiento a ella y que con ello logremos una mejor comunicación.

Estas bases aplican para cualquier tipo de relación de nuestro entorno social y familiar. Si tratamos de escuchar con el fin de no colocar nuestras ideas en la cabeza de los demás, sino tomarnos el tiempo para entender más allá del porqué de la situación y lo que implica emocionalmente para la otra persona.

Cuando ya aplicamos el interés para escuchar, brindamos toda nuestra atención al momento de recibir el mensaje, aunado a un silencio que propicia comprender al emisor; debemos aplicar la interpretación de lo que nos están diciendo o contando.

Normalmente hay una gran distancia entre lo que nosotros entendemos, lo que el otro dice y lo que realmente quiso expresar desde su interior. Estar conscientes de ello, nos ayuda a hacer las preguntas correctas para recolectar toda la información necesaria, con la finalidad de evitar cualquier malentendido.

Es de mucha ayuda que, al finalizar, podemos preguntar si hemos entendido bien, como por ejemplo “¿Lo que me dijiste es que…? Reformular lo que el otro dijo con nuestras palabras, puede ser útil para saber si de verdad lo hemos comprendido.

Al final de todo, todos buscamos ser escuchados, pero en el momento en que nuestro interés se enfoque en escuchar a los demás, empezaremos a ver más caminos, incluso para nuestra propia voz interior.

 

 

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