/Por: Rocío Calderón
Vi tus lágrimas acabar un suelo.
Escuché cada una de tus historias
y fingí no conocer tus memorias
como en la que eres un águila en vuelo.
Extraño esa sonrisa tan distinta,
tus manos entrelazando las mías.
Ahora no, camino por las vías.
¿Recuerdas esa cita? Fue la quinta.
Pero nunca, fue fácil descubrir
que contigo siempre, no es suficiente.
Mentir es más terrible que encubrir.
Sin excusas, ni mentiras, visitas,
las cuales llegaron y no se fueron.
Cuando olvidas, tu corazón agitas.
