By Brújula
Posted: Updated:
17 Comments

pink

Zaira Lainez/ INTRAPAZ/

¿Estamos destinadas a un tipo de vida por nacer mujeres (u hombres)?

El que hayamos nacido mujer u hombre, fue un asunto de azar. Durante la fecundación, fue determinante que el espermatozoide ganador aportara un cromosoma X o uno Y. El resto, no parece ser tan del azar.

Desde que nacemos mujeres, nos ponen los trajecitos rosados. Usualmente los accesorios son de esas tonalidades, con flores y animales tiernos. Los bebés hombres suelen portar colores más fuertes, figuras como carritos y animales como leones.

De niñas, nuestros juguetes son kits de cocina y costura. Nos dan muñecas para que las cuidemos como nuestros bebés (pareciera que nos preparan para el rol de mamá) y nos dan Barbies para jugar a tener mansiones, armarios a la moda, etcétera. Mirábamos películas de Disney en las que los personajes femeninos –siempre sensibles- llegaban a ser princesas y pareciera que el único fin de sus vidas era encontrar a su príncipe azul para vivir “felices por siempre”.

En la escuela recibíamos clases para el hogar, mientras que ellos, artes industriales. En los recreos, nosotras jugábamos avioncitos, yax, liga (el deporte solo lo hacían las machonas). Ellos hacían todo tipo de deporte, en sus casas jugaban videojuegos, jugaban en la calle y entraban a su casa a la hora que querían.

En nuestra adolescencia la sexualidad era un tabú y a la vez vergüenza: con nosotras mismas y frente los demás. ¡Qué traumático cuando nos vino la primera menstruación! ¡Qué pena cuando nos comenzaron a salir vellos y a crecer los pechos! Respecto a nuestros cuerpos, constantemente se nos repetía la importancia de ser puras, “limpias” (como lo opuesto a la suciedad), que nuestro cuerpo era el templo de santidades y el ejemplo a seguir era La Virgen María.

En cambio, la sexualidad para ellos fue una etapa de aventura y dar rienda suelta a ese “macho” que todos llevan dentro.

Circulaban revistas para adultos entre los pasillos del colegio. La masturbación se vivía como un juego divertido que se debía explorar. Algunos papás les llevaron a ver “teiboleras” y experimentar su primera vez con trabajadoras del sexo.

En las reuniones familiares, los hombres de la familia se sentaban en la mesa a esperar a que las mujeres sirvieran la comida. Mientras tanto, ellos hablaban de política y deporte.

En casa, eran los papás quienes tomaban las decisiones de la familia, quienes descansaban al llegar porque venían muy cansados, quienes aportaban el dinero. Las mamás nos insistían que no hiciéramos nada para no enojarles. Casi no les gustaba que el resto de la familia saliera sin ellos, pero ellos sí, de vez en cuando, salían a tomar unos tragos sin reclamo ni control alguno. A veces, cuando llegaban a casa, se vivía un cierto ambiente de tensión y miedo. El corte autoritario salía de repente.

De nuestras mamás se esperaba que fueran hogareñas, abnegación y entrega total a su familia, lo cual implicaba sacrificar sueños e intereses. Por eso, mejor si no trabajaban; además, en la calle cualquier hombre las podía seducir (no es que no confiaran en ellas, era por los hombres). Entonces nuestras mamás siempre dependieron del dinero que les daban y su gasto era controlado minuciosamente. Eran excelentes madres y esposas pero, ¿quiénes eran como personas individuales y mujeres

A nosotras nos costaba que nos dieran permiso de salir y tener novio. A nuestros hermanos, en cambio, les hacían porras para que tuvieran muchas novias (¡qué cabrón!). Algun@s compañer@s nos llamaban “fáciles” porque teníamos más amigos hombres y por nuestra forma de vestir o decisiones como besar o tener relaciones sexuales.

Al llegar a la universidad conocimos catedráticos que nos comían vivas con la mirada. Nada muy diferente al sentimiento producido por esas miradas y groseros comentarios que recibíamos en la calle por cualquier tipo (para ellos era algo natural o un chiste y estaban en su derecho porque ¡¿por qué les provocamos, pues?!). En nuestros trabajos, tuvimos que aguantar de jefes y compañeros, ser vistas como la “carnada” que ganaría el más “pilas” de la oficina. Nos teníamos que reír de sus bromitas, de los mal llamados piropos e insinuaciones sexuales.

Siempre vimos la publicidad y los programas de televisión con modelos de mujeres moldeadas bajo el ojo masculino. De ahí los estereotipos de mujer que nos motivábamos a seguir: delgadas, femeninas, delicadas.

En general, esperaban que nos casáramos a eso de los 25 años, tener hijos y que nuestros esposos nos mantuvieran bien económicamente. No pudimos ir a vivir solas porque eso nos haría ver mal o promiscuas. Además, las mujeres solamente salían de casa de sus papás, casadas.

En las relaciones de pareja siempre quisimos y nos esforzamos por vivir el ideal del amor, ese que todo lo puede y todo lo soporta. Nuestros novios nos protegían de otros que nos quisieran ver. Entonces, acoplábamos nuestra forma de vestir a sus sugerencias, ajustábamos nuestros horarios a los de ellos y  cambiamos el tiempo con nuestras amigas, familia o compañeros, por el tiempo con ellos (para que supieran que eran nuestra prioridad). También dejamos de hablarles a algunos amigos y para confirmarlo, podían entrar a nuestro correo.

A la vez, eran caballerosos (actuando como los fuertes y haciéndonos sentir que no éramos autosuficientes). Las relaciones sexuales ocurrían cuando ellos tenían ganas y como ellos deseaban. Pasado un tiempo, la declaración de compromiso llegaba cuando ellos querían y se sentían listos. Mientras tanto, nosotras esperábamos –como sujetas pasivas- a que nuestro ser amado marcara el rumbo de nuestras vidas. Luego nos casamos de blanco, simbolizando lo puras que debíamos llegar al altar. En fin…

En la sociedad que vivimos habían –hay y habrán- muchas expectativas de nosotras por haber nacido mujeres (en este caso, de la ciudad y de clase media). De no cumplirlas, quedaremos rezagadas a círculos de gente “rara” o desadaptada social.

 El feminismo, para mí, nace desde las experiencias de vida.

Primero las propias y luego de nuestras compañeras. No creo que exista alguna mujer que no haya pasado por al menos, un par de estas situaciones. Eso sí, se vive y se asume de distinta manera, dependiendo de nuestro punto de vista y de cómo le demos significado. Y cada una está en su derecho de vivir y asumirse como mejor lo prefiera de modo que sea feliz y viva con dignidad.

Sin embargo, el feminismo muchas veces es utilizado como un insulto o adjetivo peyorativo. Como sinónimo de exagerada y resentida (de plano ningún hombre le ha hecho entrada). Como descalificación se relaciona con ser transgresora, radical o lesbiana (¡y esto tampoco es nada “malo”!).

El feminismo NO ES LO CONTRARIO AL MACHISMO. No creemos que las mujeres sean superiores a los hombres o que tengamos que tener más privilegios. No peleamos contra los hombres. No los odiamos. Nos gustan los hombres,  tenemos compañeros y amigos.

 

Incluso, tengo la suerte de tener amigos que tienen conciencia feminista y se

atreven –valientemente- a cuestionar sus privilegios y formas de actuar.

Al ponerme los lentes del feminismo, puedo ver estas situaciones descritas como no normales ni naturales. No son mi destino. Puedo tomar mis propias decisiones sobre mi propia vida (claro, sin lastimar ni quebrantar la dignidad de nadie más). He aprendido a identificar desventajas e injusticias que sufrimos por haber nacido mujeres, porque el espermatozoide ganador portaba un cromosoma X y no uno Y. Puedo mostrar mi desacuerdo, dar mi opinión y nombrar estas situaciones: “VIOLENCIA”. Violencia contra nosotras, las mujeres.

Con los lentes del feminismo, no queremos ver un mundo donde las mujeres dominen a los hombres ni esperamos ser mejores que ellos. Queremos ver un mundo donde por nacer mujer nuestra vida no esté predeterminada y no tengamos que cumplir expectativas; donde nuestra dignidad no dependa del vestuario ni de la vida en pareja; donde nuestra presencia frente a hombres no nos convierta en animales silvestres que hay que cazar. Queremos un mundo donde el trabajo en casa sea compartido por igual y tengamos las mismas oportunidades; donde nuestra participación en espacios públicos no sea una concesión, sino un funcionamiento sano de la democracia y donde las relaciones de poder entre hombres y mujeres sean equilibradas.

Soñamos con un mundo en donde ser mujeres no nos dé miedo ni vergüenza, donde seamos capaces de tomar nuestras propias decisiones y no hayan limitaciones para ser personas y mujeres plenas, integrales, felices y con dignidad.

About the Author
Related Posts

En los últimos días he reflexionado acerca de lo aleccionador que ha sido este año. A decir verdad...

“Ningún proyecto de iglesia, social o político puede construirse al margen de los jóvenes”...

Estamos a menos de dos meses para que Jimmy Morales deje la presidencia y se termine la Legislatura...

17 Comments
 
  1. Avatar
    Karla Castillo / 11/07/2013 at 19:26 /Responder

    Como mujer, me sentí identificada, aún cuando la mayoría de mis amigos y compañeros son hombres, es difícil romper esos moldes. ¡Excelente artículo, felicidades!

    • Avatar
      Zaira / 16/07/2013 at 14:26 /Responder

      Gracias Karla.
      Te entiendo, es muy difícil romper esos moldes y los tenemos tan interiorizados -tanto hombres como mujeres- que no siempre tenemos conciencia de todo esto. Creo que un primer paso es evidenciar estos estereotipos para ir logrando poco a poco el cambio.
      Saludos!

  2. Avatar
    Erick / 12/07/2013 at 08:46 /Responder

    Muy buen artículo Zaira! Felicidades.

    Creo que es muy importante evidenciar las situaciones que se desean cambiar. Y estoy convencido que la forma en la que se educa a los niños tiene mucho que ver, como bien lo expone tu artículo, ya que reforzar los roles desde pequeños sólo se continúa la reproducción de la cadena.

    Saludos.

    • Avatar
      Zaira / 16/07/2013 at 14:30 /Responder

      Gracias Erick.
      Estoy de acuerdo con lo que decís y ahí me parece válido recordar que no es tan fácil como algunas personas dicen que somos las mujeres las que fomentamos el machismo al criar así a los hijos e hijas. Va más allá, se trata del sistema patriarcal dentro del cual vivimos y que con todo su bombardeo de ideas, valores, etc. hace que interioricemos -tanto hombres como mujeres- todo esto y lo demos por hecho, como lo “natural”.
      Saludos!

  3. Gabriela Sosa
    Gabriela Sosa / 13/07/2013 at 21:35 /Responder

    Excelente artículo. Gracias por atreverte a decir lo que muchas pensamos y vivimos. Crecí en una casa donde el mundo no funcionaba así, ya que mi madre y abuela eran las que la sostenían y aún me sorprende a diario como la sociedad simplemente no puede aceptar que la mujer pueda hacer ambas cosas y que los hombres hagan un poco más del hogar. No se trata de un lado dominando al otro, todos somos seres humanos, todos tenemos derecho a aspirar a las mismas cosas y tu artículo lo evidencia. Vivimos aún en una sociedad extremadamente dividida, prejuiciosa y machista; pero está en nosotros mismos, en la forma como se crían a los niños. Nuestra generación ya se dio cuenta, ahora está en nosotros moldear a las que siguen.

    • Avatar
      Zaira / 16/07/2013 at 14:36 /Responder

      Gracias Gabriela.
      Ciertamente no creo que exista alguna de nosotras que no hayamos vivido por más de alguna de estas situaciones. Y sí, desde las generaciones de nuestras abuelas y mamás a las nuestras se ha avanzado, pero falta muchísimo. Siento que en el discurso se asume más fácilmente, pero no estoy segura qué tanto en la práctica.
      Saludos!

  4. Avatar
    Timoteo / 15/07/2013 at 11:03 /Responder

    Excelente el material, y eso debería ser nuestra realidad. Pero tengo alguna dudas al respecto. Yo considero que hay acciones que el hombre y la mujer por naturaleza debe cumplir, pero al igual pienso que eso no implica hacerlo individualmente, lo importante es saber como hacer valer nuestros derechos.

    • Avatar
      Zaira / 16/07/2013 at 14:40 /Responder

      Totalmente de acuerdo contigo Timoteo.
      Los hombres y las mujeres tenemos distinta naturaleza, distinto sexo con distintas funciones, como la maternidad. Lo que no se vale, es que por nuestras circunstancias biológicas estemos condenadxs a cumplir un rol (el género, la construcción social de lo que “debe” hacer un hombre y una mujer). Como tú bien lo dices, no porque las mujeres son quienes pueden tener hijos, tienen ellas exclusiva responsabilidad sobre ellos y creo que esa paternidad responsable hace mucha falta en Guatemala -entre muchas otras cosas-.
      Saludos!

  5. Avatar
    Mayra Lemus / 15/07/2013 at 20:08 /Responder

    Excelente artículo, por mucho tiempo trabaje en el tema, y es muy difícil, además me considero una mujer femenista pero que me pienso que el hombre debe ser un caballero y cuidar y ayudar a la mujer, a la esposa.

    • Avatar
      Zaira / 16/07/2013 at 14:45 /Responder

      Gracias Mayra.
      Pues a lo que me refiero con la caballerosidad no es que me oponga del todo. Me refiero al simbolismo que esto implica. En muchos casos, se refuerza el estereotipo de la mujer “frágil, débil y sensible” que debe ser cuidada por un hombre, cuando -por ejemplo- en Guatemala existen una gran cantidad de hogares monoparentales en los que las madres son las que están sacando adelante a sus familias ¿dónde está ahí la fragilidad? Eso es fuerza verdadera! Y así, muchos más ejemplos.
      Saludos!

  6. Avatar
    Maria Jose Cruz / 16/07/2013 at 12:34 /Responder

    Excelente artículo, tuve la oportunidad de estudiar en un Colegio para mujeres. Desde pequeñas se les enseña a las jóvenes valores y actitudes para salir a la sociedad y defenderse, ante todo “no dejarse”, hoy en día aun hay empresas con puestos donde únicamente “pueden ocuparse por un hombre” pero en realidad creo que una mujer tiene una preparación igual a la del hombre y ¿por que negar un puesto?, cuando en realidad una mujer lo puede ocupar incluso mejor que un hombre, es de dar una oportunidad. A todos los empresari@s: las mujeres también tenemos capacidades y preparación al igual que los hombres.

    Zaira me identifique mucho con el articulo, la felicito, fui su compañera de colegio y la admiro por lo que escribió, éxitos siempre.

    • Avatar
      Zaira / 16/07/2013 at 14:48 /Responder

      Cruza! Gracias!
      No cabe duda que el Colegio a mí también me forjó en gran medida, pero ciertamente, cuando salimos al mundo real, nos damos cuenta que todo esto va más allá de actitudes. Se trata de luchar contra el sistema patriarcal que nos bombardea por todos lados. Como dice, el trabajo es una de esas áreas que se valen de los estereotipos que no nos sirven de nada.
      Un abrazo!

  7. Avatar
    Dania / 19/07/2013 at 10:36 /Responder

    Excelente articulo, la verdad me identifique completamente, y es verdad mi mama es una mujer que creció con el mismo estereotipo, mi papa siempre no dijo que nosotras no necesitábamos de un hombre, que eramos capaces de todo y podíamos hacerlo mucho mejor, nos enseño a ser fuertes y a valernos por nosotras ya que somos 6 hermanas pero debo admitir que aunque nos enseño a ser fuertes y valernos por nosotras aun crecimos en ese estereotipo que usted menciona, creo que depende de cada una de nosotras el valorarnos y mostrarles a todos que somos capaces y que no es que queramos ser mas que lo hombres, solo que nos tomen por igual, ser nosotras mismas, no seguir la misma linea, sino demostrar que siendo nosotras mismas podemos ser mucho mejor de lo que esperan.

  8. Avatar
    X / 20/07/2013 at 18:33 /Responder

    Siento que el titulo esta trillado en fin… esta bien el articulo

  9. Avatar
    Marvin Vásquez / 30/07/2013 at 09:17 /Responder

    Totalmente de acuerdo, me gustaría que abordara el tema de “La Nueva Masculinidad”, saludos

  10. Avatar
    Eli / 30/07/2013 at 09:53 /Responder

    Meeeee super encanto este artículo realmente se pone uno a reemplantear lo que nuestra sociedad fue, es, y será si seguimos el mismo camino… El cambio debe empezar por uno mismo.

  11. Avatar

    Excelente artículo, colgaré el link, en mi muro de Facebook, pues considero importante que muchas personas lo lean. Bendiciones!!!

  12. Pingback: No me digas bonita |

Leave a Reply