Presupuesto

Luis Arturo Palmieri / Opinión /

Raro, muy raro me parece no encontrar alaridos de descontento en las redes sociales. Raro me parece también que no haya si quiera una manifestación nueva enfrente del Congreso. Incluso me llega a parecer extraño que no haya habido ya otra revolución en Guatemala. Y lamentablemente, muy -pero muy- extraño me resulta que no haya habido ya una masacre o un exterminio de políticos. Pasan los minutos y pienso por qué no ha habido nada de esto. ¿Será que no nos importa? ¿Será que es porque tenemos cosas mejores en las cuales invertir nuestro tiempo? ¿Será que ya nos acostumbramos?

O peor aún, ¿será que no estamos enterados de lo que sucede?

Creo (de creer y no de duda) que la respuesta la encontramos en un amalgama de las anteriores preguntas. Pero el elemento esencial de la respuesta a por qué hoy no hay quejas, manifestaciones, revoluciones o matanzas, lo conforma la ignorancia, el hecho de que no estamos enterados de lo que sucede en la vida política del país. Como no nos informamos, no sabemos. No estamos enterados que hoy en Guatemala suceden cosas que ameritan, por lo menos, revoluciones y hecatombes.

¿O acaso sabías que nuestro flamante Congreso de la República acaba de aprobar un Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el 2015 que solo podemos tachar de absurdo, ridículo, penoso, exorbitante, irracional y estúpido? Y si sí sabías, ¿tienes idea cuántos ceros componen la cifra de “setenta millardos”?

No soy ningún experto en finanzas. Definitivamente no soy un as en el manejo del dinero ni soy muy ducho en el aspecto económico y financiero. Sin embargo, soy lo suficientemente cuerdo como para entender la gravedad de la situación. Trataré en las siguientes líneas de explicarles de forma sencilla qué es lo que pasa. Hagamos de caso que el presupuesto de la nación es el presupuesto de una familia como la tuya o la mía. El presidente de la República es el papá, el Congreso de la República es la mamá y todos los guatemaltecos son los hijos de esa familia. El país es la casa de la familia, los funcionarios y empleados públicos son los trabajadores de la casa y los impuestos vienen del fruto del trabajo de los hijos. Veamos lo que sucedió:

El año 2014 marchó bien; sin embargo, a inicios de noviembre la familia se quedó sin dinero. Se gastaron todo lo que tenían. Han pasado meses y no han logrado pagar los sueldos de algunos empleados del hogar. La casa está sucia, no hay dinero para comprar detergentes y limpiadores, la grama está crecida, hay ventanas rotas, hay muebles que necesitan ser reparados y les cortaron la luz y el agua por falta de pago. A pesar de ello, el papá y la mamá visten con prendas Gucci y Ralph Lauren, tienen parqueado en el garaje una camioneta BMW y un Porsche, ambos último modelo y llenos de guardaespaldas, y de cenar el día de hoy hay langosta y champán caro. En la casa hay empleados que no han podido darle de comer bien a su familia y que han tenido que pedir préstamos al banco para poder pagar sus cuentas. Pero también hay otros empleados que comen langosta con el papá y la mamá y que el fin de semana viajarán a Miami para relajarse. La situación es contradictoria.

Es importante mencionar que el dinero de la casa proviene de los hijos. Ellos trabajan y el dinero que ganan lo dan al papá para que con eso pague los gastos de la casa. Llega el final del año 2014 y el papá le presenta el presupuesto del siguiente año a la mamá, quien es la encargada de aprobarlo. El papá estima que necesitarán Q.1,000 para poder pagar todo en el año 2015. Ella tiene tiempo suficiente para analizar la situación. Sus conclusiones son: este año teníamos Q.990 y nos alcanzó apenas para llegar a octubre. Mis hijos apenas pueden aportar Q.800 cada año. Así ha sido la situación por años y con el banco que nos presta dinero año con año para ajustar el presupuesto ya tenemos una deuda de Q.5,000 que parece muy difícil pagar. “Ah, pero este es mi último año a cargo de la casa así que tengo que aprovechar a sacarle jugo, así tendré este estilo de vida hasta que me muera”.

La mamá bien podría decirle al papá que el presupuesto que le ha presentado es un exceso. Podría decirle que es absurdo y que va en contra de la razón pretender gastar más de lo que se puede pagar.

Además podría hacerle ver que muchos de los gastos que tienen en la casa son innecesarios. Podría hacerle ver que los viajes a Europa, los carros blindados de lujo, la langosta de las cenas y que la ropa cara están de más. Que podrían reducir costos y apretarse los pantalones para este año. Podrían tomar el ejemplo de papá Ubico y proponerse pagar la mayor parte de la deuda que tiene la familia con el banco.

Para ajuste de penas de los hijos, la mamá ha decidido hacerse de la vista gorda a todas estas cosas y sucumbió a la tentación que le ofreció el papá de un collar de perlas a cambio de la aprobación del presupuesto. “Cielo, ¿y con los Q.200 que nos faltan qué vamos a hacer?” Le pregunta la mamá al papá. “No tengas pena mi amor, esos los vamos a pedir prestados otra vez, así como siempre lo hemos hecho. Total, son nuestros hijos quienes tienen que pagar estos préstamos. Mientras tú y yo tengamos dinero en la bolsa y dejemos bien jodidos de deudas a los papás que vienen a sustituirnos el otro año, todo estará bien”.

De Q.70,600 millones es el presupuesto para el año 2015. O, para que suene más bonito: de Q.70,600,000,000.00. La cifra estimada (“estimada” en la jerga político-chapina quiere decir que será menor) de recaudación es de Q.54,701.1 millones. O sea, hay un déficit de Q.15,898.9 millones. ¿De dónde se van a sacar? Pues de bonos y préstamos –como siempre-. ¿No creen ustedes que lo lógico sería buscar cómo reducir costos en el gobierno y apretarse el cinturón para que no se gaste más de lo que se pueda recaudar? Así de sencillo suena. Y así de sencillo puede resultar reducir los costos si, por ejemplo, a la Vicepresidente no la escoltaran día a día 3 motocicletas, 5 camionetas blindadas y 2 patrullas. Pues, digo yo.

Así de grave, amigos, es la situación del país. Así de insolentes han sido los políticos de turno. Tomémonos el tiempo de ver el Presupuesto a General de Ingresos y Egresos para el año 2015. Descaradamente los gobernantes de turno se asignan más dinero, para poder pagar compromisos políticos, para poder financiar campaña política del Partido Patriota, para poder comprarse pantalones con bolsas más grandes y así meterse más dinero a las mismas.

Y nosotros… Ni nos enteramos, ni nos preocupamos. “¡Hasta que no quede nada!” es el lema de estos gobernantes. Yo pregunto: “¿Hasta cuándo, amigos?”

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