Recientemente se publicó la papeleta oficial que se usará para el binomio presidencial en las elecciones 2023 en Guatemala. Un total de 23 partidos finalmente fueron inscritos para la papeleta blanca, la del ejecutivo. Si a esto se le suma el partido Podemos y el MLP, los cuales por impedimentos legales no podrán participar para la elección presidencial, además del Partido de Avanzada Nacional y el Partido Popular Guatemalteco que no postularon binomio presidencial,  la cantidad total de organizaciones en contienda son 27.

¿Acaso no son demasiados partidos políticos? Si salimos a la calle y le preguntamos a la ciudadanía, probablemente la percepción es que si sean demasiados.  Sin embargo, aunque considero que sí es problemático el que existan muchos partidos políticos (más adelante expondré las razones), esta no debería ser la única preocupación. El otro tema que hay que poner sobre la mesa es el de la calidad de los partidos.

Para empezar, debemos entender que Guatemala posee uno de los sistemas partidistas más atomizados del mundo, es decir, que tenemos un sistema de partidos en donde la norma es que se conformen organizaciones políticas con cada elección, saturando la oferta electoral. El origen de ello lo podemos encontrar en el andamiaje institucional proveniente de la Ley Electoral y de Partidos, desde donde se exhorta la fragmentación política a través del método proporcional de asignación de escaños para el Legislativo.

Si bien el que existan varios partidos políticos no es algo que ocurre solo en Guatemala (Costa Rica y Ecuador hasta hace poco comenzaron a sufrir de este fenómeno), en el contexto guatemalteco el verdadero problema es que no hay partidos institucionalizados. ¿Qué quiero decir con esto? Que en nuestro país la mayoría de partidos políticos no sobreviven a más tres elecciones. Chicola (2019) afirma que en 33 años de democracia, el periodo de vigencia de los partidos políticos es de 12.1 años. El único caso “de éxito” actualmente es el de la UNE, el cual ya lleva más de dos décadas funcionando.

Otra característica de los partidos institucionalizados es que poseen un fuerte arraigo con la ciudadanía en lo que respecta a una ideología definida y a una notoria representatividad. Esto no ocurre en Guatemala. Lamentablemente, en nuestro país las personas generalmente eligen a diferentes partidos por elección. De esta forma se manifiesta el fenómeno de la volatilidad electoral, el cual indica que tanto cambió el porcentaje de votos de los partidos por proceso electoral. Para Sanabria (2017) Guatemala no solo padece de un sistema de partidos fragmentado, sino que también de una alta volatilidad.

Es así como nos damos cuenta que no solo importa la cantidad, sino también la calidad de las organizaciones políticas. Como buen pluralista, considero que a mayor cantidad de facciones políticas inscritas, hay una mayor probabilidad para trasladar las demandas de la ciudadanía a la arena pública. No obstante la otra cara de la moneda es que en Guatemala la fragmentación electoral también responde a intereses particulares, puesto que muchos de los proyectos políticos que están en contienda fueron creados alrededor de una persona o grupo, para únicamente llevarlos al poder.

Entonces, ¿Cuál es la solución ante todo esto? Realmente, no hay una fórmula mágica a este tipo de problemas de carácter político-institucional. Dado que estamos hablando del “deber ser” de la democracia, muchas veces es difícil materializar en la realidad las aspiraciones que analistas y politólogos puedan tener. Ahora bien, creo que al menos el primer paso es cuestionar la actual Ley Electoral principalmente en dos aspectos: 1) En los requisitos para conformar un partido político; 2) en la democratización interna de los partidos.

En torno al primer aspecto, el artículo 49 de la LEEP menciona que para que un partido esté vigente debe tener organización partidaria en al menos doce departamentos del país. Cada uno de estos departamentos debe tener, a su vez, organización partidaria en al menos cuatro de sus municipios. Y para que un municipio sea considerado en este requisito, debe tener al menos cuarenta afiliados por el partido. El problema de todo esto es que las barreras de entrada al sistema de partidos son demasiados bajas. La alternativa sería aumentar la cantidad de afiliados y la cantidad de municipios y departamentos en donde debe de tener vigencia un partido. Esta propuesta puede ser complementada con la institucionalización de partidos políticos regionales, para así evitar la exclusión de ciertas organizaciones.

Sobre el segundo aspecto, es necesario que desde la LEPP (Ley Electoral y de Partidos Políticos) se exhorte a que los afiliados posean un rol más preponderante a lo interno del partido. De igual forma, es imperante romper con el monopolio que los Comités Ejecutivos Nacionales poseen en la toma de decisiones y en la designación de candidaturas. Esto puede generar una mayor conexión entre partido-ciudadano, rompiendo así con dinámicas autoritarias y personalistas y fortaleciendo la representatividad e identificación ideológica. Estas son solo dos propuestas ante el problema de la calidad y la cantidad de organizaciones políticas. Estoy completamente seguro que existen muchas más y mejores soluciones. Pero como dije en párrafos anteriores, el primer paso es cuestionar lo que tenemos y luego ser propositivos en una futura reforma electoral, para que así dentro de cuatro años tengamos un sistema partidario un poco mejor del que tenemos ahora.

Compartir

Otros artículos de interés