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Gabriel Reyes / Opinión /

Nos olvidamos de las transiciones institucionales

En respuesta a  Juan Pablo Romero por Un pie en la calle

Analizar el sistema político sin evaluar todas las dinámicas entre variables y en muchas ocasiones a través del grito hepático y propio de la amígdala, no entiende de razones institucionales y se convierte en un peligro cuando la plaza no termina de aterrizar demandas que puedan categorizarse como típicos enlaces transicionales hacia una democracia consolidada. Un ejemplo puntual, son las demandas a vox populi de posponer o suspender las elecciones y apelar a la abstención y el voto nulo. Es fundamental comprender los efectos colaterales de dichas prácticas y reorientar sus significados a la profundidad de su incidencia, rompiendo los mitos que se escriben en cartulinas de parque central.

Aseverar entonces que la abstinencia deslegitima el sistema político, o si quiera el sistema electoral es radicalmente falso.

El sistema electoral no solo contempla dichas posibilidades desde que el voto es constitucionalmente un derecho y no una obligación, sino que implica el aislamiento del poder ciudadano del único mecanismo que comprende de un proceso institucional para el ejercicio de la democracia. Los teóricos de la Ciencia Política coinciden en que los procesos transicionales hacia una democracia consolidada dependen exclusivamente del fortalecimiento de las instituciones tradicionales de la democracia, entre ellos los mecanismos electorales y los partidos políticos como instituciones.

Pero si habremos de filosofar, entender que existe un impulso sentimental que se atañe a la forma del ejercicio democrático como un fin y que no se interpreta como un conjunto de reglas e instituciones va de la mano con pretender que se deslegitima la labor de los actores, corruptos y demoníacos, a través de no votar, afirmación que parece certera, más no lo es.

Existe en el espectro una dinámica que opera fuera de los regímenes democráticos que pretendemos deslegitimar. Lo que Linz y Stepan describen como la coexistencia de algunas instituciones democráticas con instituciones no democráticas que no dependen del control de los regímenes estatales.

Estas instituciones que no se democratizan hoy pactan los puntos fundamentales de la agenda política y determinan el norte de la mayoría de las dinámicas que competen en otro escenario al ejercicio parlamentario y a la institucionalidad partidista.

No votar entonces se acerca más a deslegitimar el vínculo ciudadano que nos permite hoy, tener algún tipo de incidencia en esa dinámica y otorgar nuestra cuota de poder a un limbo, que carece de respaldo institucional y muchas veces se diluye entre la inoperancia de la plaza como canalizador de ideas.

La plaza es poética y muchas veces es una dosis de adrenalina hacia el corazón de una clase media indignada, pero, que por su indignación, no se ha atrevido a revisar los procesos prudentes para la instauración de una democracia consolidada. O como bien apuntan Linz y Stepan, “en cuestiones de comportamiento, la democracia se convierte en la única alternativa cuando no existen grupos significativos que intentan seriamente derrocar el régimen democrático.”

Las condiciones entonces, proponen un panorama que en términos de O`Donnell pudiera traducirse en un retroceso hacia los gobiernos autoritarios o la permanencia de situaciones frágiles o inciertas. O’Donnell afirma que en este proceso transicional “es crucial la construcción y el fortalecimiento de diversas instituciones que se convierten en nudos de decisión importantes dentro del proceso de circulación del poder político.”

No votar no deslegitima el sistema, deslegitima nuestro papel en el sistema, y aunque éste texto, considerando que el liderazgo político e ideológico está hoy sometido a las reglas de operaciones mercantiles que rigen el sistema electoral, no es un llamado al voto, si es un llamado a considerar las repercusiones que en un teórico proceso transicional hacia una democracia consolidada, pueda tener el abstenerse.

Debe ser fundamental en la agenda de los sectores sociales la recuperación y el fortalecimiento de los procesos democráticos bajo cualquier circunstancia, no todo lo contrario.

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