By Lizza Flores
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Cuántos de nosotros no hemos tenido alguna discusión con alguien cercano porque cada uno ve una misma situación bajo su propia perspectiva. Quisiera conocer a alguien que no haya tenido este conflicto ideológico para que tenga la experiencia y aproveche algo nuevo que le pueda favorecer. En este tipo de conflictos se ven involucradas diversas emociones, desde tranquilidad y certeza de lo que decimos es lo correcto, hasta frustración y enojo porque no toman en cuenta nuestra posición. Ambas pueden ser correctas en determinados momentos, pero cuando dejamos que crezcan puede llevarnos a ser irónicos, altaneros e incluso a la prepotencia.

Un medio cambiante con diferentes momentos situacionales, favorables o lo contrario, nos hace tener una experiencia de vida completamente diferente a la de los demás. Esto mismo nos da cierto criterio al ir avanzando en la vida. En ocasiones, estos momentos nos hacen coincidir con varias personas con las que encajamos y logramos comprendernos bien.

Existen personas que quisieran quedarse solamente en ese círculo para la eternidad, estar en un entorno que en común acuerdo se desenvuelve. Pero llega un punto en donde la conciencia se activa y desde que empezamos a formar un criterio en cualquier nuevo entorno, puede haber conflictos de pensamiento.

Eso último no es del todo malo. Todos, como lo he mencionado, tenemos diferentes vivencias que nos han ayudado a ser quienes somos y por nuestra misma naturaleza, podemos tener el impulso o el deseo de compartirlo para evitar que alguien caiga en una situación similar a la nuestra o lo contrario, de aconsejarlo para que tenga la misma buena fortuna que nosotros.

Cualquiera de las dos formas, aclarando que ambas son positivas, pueden darle esa apertura a la otra persona a esta nueva perspectiva, esta nueva área que no habíamos visto y que alguien más ya vivió y conoce. Lamentablemente, la apertura mental sobre recibir estos consejos o advertencias depende solamente de cada individuo.

El escuchar esa nueva arista podría ser muy beneficioso para quien la recibe. Siendo un receptor que acepta los aportes, sin importar si se decide seguir o no lo que el otro comenta, es muy importante. No solo para el que comparte si no por nosotros mismos, ya que analizar las situaciones desde varios ángulos teniendo en cuenta cuáles pueden ser los beneficios o contra beneficios que podamos gozar de la situación que estamos enfrentando, nos hace tomar una mejor decisión, el mejor camino o un buen criterio para accionar.

Por otro lado, no tener esa actitud de escucha y, por consiguiente, rechazar todo aquello que va de buena fe es una total negativa a aprender algo nuevo, que nos puede servir en el segundo menos esperado. Es una semilla a la que le quitamos tierra fértil para que pueda germinar y darnos una oportunidad de crecer.

Cambiar el chip a que “no todo lo que pensamos y hacemos es siempre lo correcto” a “no todo lo sé y quiero aprender” nos hace crecer como seres humanos.

He escuchado muchas veces esa frase que dice “si te sirve tómalo, si no déjalo ir” y es tan cierto. Si nos ponemos a pensar, no quita nada escuchar algo que tiene sentido y un fundamento válido, más de algún fragmento de lo que nos dicen puede hacernos ver un panorama distinto.

Aunque podemos encontrarnos a muchas personas que hablan solo por hablar a pesar de ello, también pueden ser escuchadas. Desde el punto de la tolerancia, podemos objetar que a veces desconocemos de qué puedan carecer esas personas y por ello algunos de sus fundamentos de vida no estén en un sentido orientado. Sin embargo, nos puede ayudar escucharlo y asegurar que lo que estamos pensando es lo más acertado, quizás podamos aconsejarlo y si no tiene una apertura mental, dejamos ir lo que no nos parece funcional o, incluso, cuerdo y finalizamos la conversación.

Posiblemente, no podremos convencer a todo el mundo de que lo correcto es lo que nosotros conocemos, aunque tenga un buen porcentaje de probabilidad que sea lo más certero. Siempre habrá alguien que piense algo distinto y que incluso lo tome tan personal que se ciegue por completo y nos declare la guerra.

El objetivo entonces será tener una posición de aceptar que no todos pensamos igual o tenemos la misma apertura para escuchar nuevas formas de actuar. Pero al mismo tiempo, tener la responsabilidad de tener la mente abierta, evaluar siempre con más de una vista las alternativas y, por ende, actuar bajo la mejor condición siendo buena para mí, como para quien me rodea en su mayoría. De lo contrario, la opción debe ser evaluada nuevamente.

Marquemos la diferencia aplicando el valor de la tolerancia, dejando hablar a aquellos que quieren tapar el sol con un dedo, sin fundamentos o viendo solamente lo que les conviene ya que en algún momento verán que esa perspectiva no es la adecuada. Seamos voceros de la verdad, del bien común que más de alguno habrá de escucharla y sin darse cuenta la repetirá.

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