Magda Angélica García / Instituto de Estudios Humanísticos /

Es jueves por la noche. Un hombre atiende la invitación a una exposición pictórica en una reconocida galería; está absorto observando un cuadro, como perdiéndose en sus colores, cuando una mujer le interrumpe abruptamente y le dice: -¡¡Yo te conozco!! ¡Eres mi amigo!

Atónito voltea a ver a esta mujer que le hizo bajar de golpe a la tierra y le contesta: -Disculpa ¿en dónde nos conocimos? Ella responde: – ¡¡¡En Facebook!!! ¡Eres mi amigo!

Una anécdota cotidiana como esta, podría despertar una serie de interrogantes en un mundo donde la distancia y el tiempo parecen desvanecerse. ¿Es posible tener la certeza de conocer a alguien por haberle contactado en el campo virtual? ¿Estas son realidades concretas o ilusión de realidades, visiones fragmentadas o profundas? ¿Por qué el ser humano se adapta tan fácilmente a las redes tecnológicas como si hubiera estado familiarizado con ellas desde tiempos ancestrales? ¿Será que los conceptos de red e hipertextualidad no son  tan nuevos como creemos? Y en el área de la moral, ¿estos nuevos medios son buenos o malos?

En primer término, es importante decir  que las necesidades de afiliación y pertenencia son inherentes  al ser humano y le han acompañado desde el inicio de la historia. Los hombres y mujeres primitivos necesitaban vivir en grupo para poder sobrevivir y esa necesidad de sobrevivencia, bajo otras circunstancias, nos sigue acompañando hoy.

Necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo y esto cubre desde nuestra necesidad más básica de afecto, hasta la potencialidad de tener contactos de trabajo y negocios.  En pocas palabras, siempre nos hemos movido en redes sociales, está en nuestros genes y esta necesidad de ser gregarios, solamente se trasladó al Internet para convertirse en la gran novedad de las redes sociales virtuales.

Por otro lado, aparece el término hipertextualidad, definido por Gamba Bar como “un tipo particular de escritura y lectura en la que el usuario puede controlar las secuencias de texto que desea consultar”[1]

En síntesis, esto quiere decir que a través de la tecnología ya no existe una lectura lineal, impuesta por un texto escrito. La persona que consulta un sitio web tiene ante sí  la posibilidad de elegir una  ruta libre a través de varios sentidos; una lectura que presenta video, audio, imagen y poco texto. ¿Esto es nuevo?

Para responder esta pregunta, sería muy bueno en este mismo momento salir a la calle. Sitúese en cualquier esquina. Observe lo que pasa, escuche, huela, sienta, lea los rótulos publicitarios y de tránsito. ¿Es usted capaz de elegir a qué le quiere poner atención, en qué momento prefiere darle más importancia a un elemento que a otro? Eso mismo es una lectura hipertextual. Es decir que el asunto tampoco es nada nuevo, la mente y los sentidos humanos siempre han sido hipertextuales y tenemos grandes habilidades selectivas para discriminar qué informaciones atendemos y cuáles no. Podemos afirmar que siempre hemos leído hipertextualmente la realidad y nuestra vida.

Ante ello ¿por qué existen grandes contrastes en el uso de la tecnología? Por una parte podemos observar parejas transnacionales que se conocieron a través de Facebook y hoy viven felizmente casadas. Por otro lado, vemos jóvenes asesinadas, contactadas a través de este mismo medio por los culpables de su muerte.

Vemos familias unidas a través de esta red social, que se comunican más digitalmente que cara a cara, amigos que se han reencontrado después de muchos años.  Sin embargo, también somos testigos de víctimas de secuestros, que fueron vigiladas por los criminales a través de sus perfiles.

El Internet nos ha permitido acceder a un cúmulo invaluable de información que nos acerca a lugares lejanos, a expresiones culturales, a libros gratis, a conversaciones sin limitaciones de espacio. Por otra parte, a olvidar el valor del pensamiento y caer en el desgano y simplemente copiar un texto adjudicándose la autoría.

El mundo virtual provee grandes herramientas educativas para las niñas y niños; por otro lado,  les expone a un gran cúmulo de amenazas.

El problema radica en que no hemos asumido la responsabilidad del uso de la tecnología. Esos “ángeles y demonios tecnológicos” no están fuera, ni son sujetos del juicio moral. Somos las y los usuarios quienes decidimos de qué forma accedemos a  este recurso que es neutro; ni bueno, ni malo y que adquiere tonos de luz o de sombra según las manos en que se encuentra.

Es importante informarse, formar una cultura digital que permita conocer las opciones de privacidad en las redes sociales, qué información publicamos y cuál nos reservamos. Es importante saber que la tecnología nunca sustituirá las relaciones interpersonales, el contacto cara a cara, pero puede potenciarlo y facilitarlo. Por tanto, no se puede tener la ilusión de conocer a alguien por un perfil de Facebook o lo que dice en Twitter.

No toda la información publicada es veraz, hay que saber elegir las fuentes, -así como no toda la información publicada en los medios tradicionales ha sido verdad durante la historia de su existencia-.

Aunque el “bb chat” es una herramienta fantástica, que permite comunicarnos gratuitamente incluso a nivel internacional, no podemos usar el mismo código lexical que empleamos allí, que en una investigación académica.

La computadora no es una niñera que sustituye el cuidado de las niñas y niños; por tanto hay que estar alertas a los sitios que visitan.

En fin, la tecnología ha sido creada por humanos y por eso mismo, tiene la potencialidad de acercarnos y no alejarnos de esa misma condición: ser humanos, con toda nuestra capacidad de elección, decisión y aprovechamiento del recurso.

 

Referencias:

Agra, S. (SF) La Semiosis ilimitada. El Hipertexto como herramienta en acción. Universidad Santiago de Compostela.

Gamba, A. (2004) Hipertexto y pensamiento: una búsqueda de nuevas herramientas de interlocución. En Revista “Relato Digital”. Universidad Javeriana, Colombia

Vásquez, Claudia. Contactadas por Facebook fueron halladas muertas. Noticia publicada en Siglo XXI el 10 de febrero de 2012.

 


[1] Gamba, A. (2004) Hipertexto y pensamiento: una búsqueda de nuevas herramientas de interlocución. En Revista “Relato Digital”. Universidad Javeriana, Colombia

 

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