By Alanon
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No debería sorprenderte mi historia, al comentarte que nací en una familia con problemas de relación. Una vez leí que más del 80% de las familias son así. Mis padres no bebían, pero mis tíos bebían en exceso, casi todo el tiempo. Es acá donde todo inicia.

Mientras crecía, estos tíos eran las personas más agradables y graciosas que conocía. Siempre estaban alegres y constantemente jugaban, bromeaban y sus fiestas eran fantásticas. También eran muy espléndidos con el dinero. Estaba seguro que siempre recibiría un par de centavos cada vez que caminaba o charlaba con uno ellos.

Por eso me perturbó descubrir la actitud de mis padres hacia estos alcohólicos amantes de la diversión. Nadie en mi inflexible familia hablaba de alcoholismo, sexo o problemas semejantes.

Su actitud parecía la siguiente: “mantente alejado de ellos, no hables de esto con nadie”.  Pero mis padres se mantenían enojados con ellos y su enojo parecía no tener fin, aunque mis parientes alcohólicos no nos visitaban tan seguido.

No entendía esta ira porque no veía qué hacían de malo mis tíos. Recuerdo una fiesta en que la familia se reunió en la casa de mis abuelos que quedaba al lado de la nuestra. Después de comer se difundió la noticia que alguien había entrado en  casa y había robado el dinero de nuestras alcancías. Nadie lo dijo abiertamente, pero hoy sospecho que uno de mis tíos se las llevó. Yo era demasiado pequeño para imaginar que mi dulce tía pudiera ser una ladrona, pero sabía que algo no funcionaba bien y que nadie quería hablar de eso…

Crecí lleno de secretos e inseguridades, posteriormente conocí a una linda muchachita de quien me enamoré. Ella tenía catorce y yo dieciocho años. A ella le encantaba las fiestas, no tenía límite para la bebida y el consumo de drogas, yo por mi parte, consideraba beber para divertirme. No la percibí como una persona alcohólica.

Tenía muy poco amor propio. El alcoholismo ajeno que había afectado a mis padres por la convivencia con mis tíos, me había alcanzado. El padre de mi novia era un alcohólico  agresivo, la perseguía por toda la casa amenazándola con un cuchillo y gritándole que la mataría. De allí nació mi pauta de “salvador”. Así que nos casamos, ella tenía diecisiete y yo veintiuno. Comencé a preocuparme casi obsesivamente en lo que ella hacía y con quién se encontraba. Aún después de descubrir una infidelidad de mi esposa con mi mejor amigo dos años más tarde, no quise ponerle fin al matrimonio.

Allí comencé a entender lo infeliz que ella había sido desde el principio. Me habló de lo mucho que deseaba el divorcio, en una terapia de pareja. Eso me destruyó y terminamos el matrimonio.

Volví a casarme. Ella era una mujer que en el pasado había consumido alcohol pero ya lo había superado.

Tuvimos muchos problemas los primeros cinco años y después ella volvió a tomar. Le exigí que lo dejara y luego comencé a rogarle y razonar con ella. Ninguna de las dos maneras me funcionaron.

 Yo sólo me concentraba casi exclusivamente en lo que ella hacía o dejaba de hacer.  Lo único que percibía era que me estaba arruinando la vida. Lo que no advertía era como, mediante mis acciones, le estaba entregado mi vida sin darme cuenta.

El control se transformó en mi pasatiempo favorito… estaba tan enfermo que marcaba las botellas con lápiz, luego me preguntaba si ella había cambiado las marcas. Convencido que el alcoholismo no era su único problema, supervisaba sus conversaciones telefónicas.

Nuestros hijos también estaban afectados por la enfermedad. Se nos dijo que nuestro hijo de siete años tenía instintos suicidas. El alcoholismo es sin duda una enfermedad familiar.

Vine a Al-Anon. No recuerdo quién me lo sugirió, cómo o cuándo llegué. El salón estaba lleno de mujeres y me pregunté si ese era el lugar apropiado para mí. Recuerdo el amor que sentí en ese salón. Ahí había gente que parecía preocupase por mí y por mi situación. No lo entendí en su momento, porque creía que yo era el único que estaba sufriendo, pero había algo indescriptible en esa reunión que me hizo seguir asistiendo.

En Al-Anon he encontrado un estilo de vida, muy diferente a la anterior. Sé que las personas no somos perfectas, pero tenemos el derecho de vivir bien a pesar de las circunstancias.

Creo que la recuperación es un proceso, no un hecho aislado. Cuanto más avanzo en la recuperación, reconozco que no tengo que saberlo todo.

 

David

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 22347503 y 22347504 ó alanondeguatemal@gmail.com/ GRUPOS DE FAMILIA AL-ANON GUATEMALA/ www.alanondeguatemala.org

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4 Comments
 
  1. Avatar
    Juan / 27/04/2020 at 13:00 /Responder

    Increíble el poder de destrucción de esta enfermedad. Espero que la vida vaya mejor ahora que va a Al Anon, ciertamente se ve que brindan esperanza a las personas!

  2. Katy
    Katy / 29/04/2020 at 21:37 /Responder

    Tropezar de nuevo y con la misma piedra..
    Si que nos sucede muy seguido, verdad? Es increíble que nos suceda. Una vez es error pero dos. Realmente la mente se nos nubla y seguimos y seguimos a pesar de que a todas luces iremos a dar al mismo lugar. Pero nuestro sufrimiento o forma de vida nos lleva a buscar lo mismo. Según lo que David cuenta si nos encontramos en la misma situación o similar tenemos que buscar la ayuda. Interesante saber que el alcoholismo es algo familiar.

  3. Avatar
    Raque / 29/04/2020 at 23:10 /Responder

    Es muy triste la historia de este joven, y más aún hacer dos veces lo mismo. Su sufrimiento debe haber sido tan grande que buscó ayuda.
    Qué bueno que existan grupos así.

  4. Avatar
    Laura / 01/05/2020 at 21:34 /Responder

    Es increíble como vivimos en este inconsistente colectivo, creyendo que beber esta bien, sin saber que detrás hay una terrible enfermedad que nos afecta. Hombres y mujeres crecemos tomando decisiones sin darnos cuenta que estamos afectados, sin ser concientes y educamos niños de la misma manera.

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