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Axel Beteta/ Colaboración/

Hace unos días las noticias reportaban lo siguiente: “Joven estudiante pierde la batalla”, este joven era Leonel Alejandro Guillén Sosa del Colegio San Sebastián, quien murió a consecuencia de la fría y podrida violencia que día a día se vive en nuestro país. Todo por un insignificante celular, una bala en la cabeza por un teléfono.

¿Qué sucedió con el ladrón? Algunos le llaman justicia; murió a causa de los golpes que recibió cuando una turba lo vapuleó. Aquí no hay Derechos Humanos, ni Procuraduría que interrumpa, solo el insaciable deseo de justicia y venganza que enciende a la población. Y es que cuando se llega a tal nivel de crudeza únicamente queda hacer algo: tomar la justicia por las manos.

Esto me lleva a una conclusión: estamos regresando a los tiempos de autotutela, a los tiempos de autodefensa.

¿Qué pasa con el Estado? El Leviatán que asegura la protección de sus habitantes, la mano dura que no es misericordiosa con los asesinos. No pasa nada, allí está, alimentándose del trabajo de los ciudadanos, poniendo barreras al desarrollo e ignorando estas circunstancias. Me llena de asco ver cómo algunos diputados creen que el hemiciclo son butacas de circo y los funcionarios públicos se creen miembros de la realeza.

La justicia -la cual debiera ser ciega e imparcial- en nuestro país es vidente, parcial e inexistente. Sufrimos un 98% de impunidad; es decir, de cada 100 crímenes únicamente 2 son castigados (o perseguidos me atrevería a decir), y en vez de pedir más presupuesto para el Organismo Judicial, pedimos más presupuesto para la USAC, más dinero para la “majestuosa” selección de fútbol y la legalización del matrimonio homosexual. Hemos aterrizado en el absurdo pensamiento que en vez de pedir mejores Cortes, se demanda al Presidente por considerar a Guatemala un país “conservador”, como si esto fuese un insulto.

Parece que todos los guatemaltecos vivimos sustraídos de la realidad, quizás de esta forma se vive mejor.

Hace algunos meses otro individuo, privado de las nociones básicas de lo que es la propiedad privada, asaltó en la carretera a otro compatriota.  El conductor que venía detrás sacó su pistola, le disparó a la motocicleta y terminó incinerando al ladrón. ¿Es eso justicia? No lo sé, pero los días de delincuencia para esa persona terminaron y la población actuó más rápido de lo que hubiese actuado la policía, ente encargado de nuestra protección. No lo estoy coronando como un héroe, pero me lleva a la conclusión que los guatemaltecos ahora tenemos que cargar una pistola en la guantera si queremos llegar a nuestro destino.

No estoy incitando a la violencia, pero me entristece que en nuestro país le tengamos miedo al cuerpo de Policías que debería cuidarnos. Que en las calles tengamos que vivir con un sentido de alerta (como en la jungla) ante el inesperado ataque de un feroz asaltante. Ya no hay hora segura, se cometen asaltos desde que el sol se levanta hasta que la luna desaparece. Niños muriendo de hambre, pilotos de bus que hoy no regresarán a sus casas, niñas secuestradas para el tráfico sexual, mamás que morirán antes de ver a sus hijas casadas y aún así, hoy vamos a pasar una hora más en el Facebook sin hacer nada. Todos víctimas, todos prisioneros, ningún culpable.

Imagen: Emisoras Unidas

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