By Brújula
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Isaías Morales/ Corresponsal/ Opinión/

Los rayos del sol pegan más que de costumbre. Es un día diferente por Jocotenango, los pasos de la multitud joven se dirigen hacia la misma dirección. Es fin de semana y han sacrificado su descanso para unirse a una causa que no solo les pertenece a ellos, sino a las generaciones posteriores. Los “sonriseros”, scouts, sumadores, voluntarios y organizadores se preparan con una energía que puede palparse desde las calles en esta ciudad.

“Se ven jóvenes comunes y parece ser una de tantas manifestaciones o movimientos que solo ellos saben hacer, probablemente buscan darse a conocer o ser famosos”, este puede ser un estereotipo hacia la sangre nueva que quiere alzar su voz. Pero hoy el panorama cambia y los actores también, conforme sus pasos, gritos y bailes se perfilan por la sexta avenida, el mismo viento sopla a su favor y esa petición a los cuatro vientos al unísono pareciera ser escuchada. Las cámaras y toda la atención hacia los mismos, unos inusuales “Doctores con bata y nariz de payaso” ponen la sazón a la jornada que empieza a fatigarse.

Una nueva porra que es muy sencilla se ha contagiado en el recorrido: “¡Guate quiere paz!  ¡Guate quiere paz! ¡Guate quiere paz!”. Los medios de todo tipo también se suman a esta marcha que se ha convertido en una verdadera fiesta. Por fin el recorrido ha terminado, tanto la banda que acompaña al grupo, como el baile de cada organización ha sido motivo para que las imágenes de este día único sean guardadas para la historia. Cada uno ha aportado para que se la algarabía contagie a los chapines. Pero, la pregunta sigue estando en el aire y en los espacios ya habituales. ¿Bastará una marcha para alcanzar esa paz que parece ausente?

¿De quién es la paz en Guatemala? ¿Con quiénes empieza?

Los rostros que piden a gritos ser escuchados, la esperanza que revive en ellos, el sacrificio por buscar eso que tanto se grita en las calles. La sociedad no quiere quedarse de brazos cruzados y pretende alcanzar lo que se pinta aún como una utopía, esa misma que se firmó hace más de quince años atrás. No importa para ellos lo que cueste, porque saben que en medio de su rutina diaria aplicarán aquello que han querido ver desde que nacieron y que aprendieron aquí.

Las canciones del concierto de cierre  han desaparecido, pero no así el compromiso que cada uno lleva grabada en su mente. Una tarea dura que se empieza a forjarse de adentro hacia afuera.

No veo una Guatemala distinta en las calles, pero sí una Guatemala diferente en su Juventud, la misma tiene más claro que el cambio se logrará con acciones pequeñas todos los días.

Imagen: Isaías Morales

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