By Brújula
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un mal necesario

 

José Barrera / Opinión /

En 2012 la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió dos sentencias (caso de las masacres en Río Negro y el caso del Diario Militar) en las que condena al Estado de Guatemala por violaciones a derechos humanos de comunidades indígenas en el contexto del conflicto armado interno.

Desde ese entonces se ha observado el cumplimiento del Estado de Guatemala a lo dictado en ambas sentencias.

En un informe que recién publicó, la Corte IDH condena el incumplimiento y las razones que el Estado de Guatemala ha presentado para justificarlo. En resumen, se argumenta que la Corte no tiene competencia para conocer ambos casos debido al tiempo en el que acaecieron ambos hechos y que la ejecución de las sentencias depende de una previa consulta interna para la asignación de los fondos presupuestarios y la creación de una comisión especializada para el efecto. Los argumentos fueron extensamente rechazados por la Corte, que calificó como un “evidente desacato del Estado respecto de la obligatoriedad de las Sentencias dictadas por [la Corte IDH], contrario al principio internacional de acatar sus obligaciones convencionales de buena fe”.

Si bien en Guatemala existen algunas instituciones gubernamentales y comisiones legislativas que se dirigen a dar cumplimiento a las obligaciones estatales que surgieron de los Acuerdos de Paz, aún no se han podido cumplir con la mayoría de estas en una forma real sino únicamente formal… una clásica enfermedad nuestra: la combinación entre el excesivo formalismo (con leyes y compromisos de papel) y las fugaces y casi imperceptibles conductas por parte del sector público y la sociedad para construir una sociedad más inclusiva.

Entonces, ¿de qué sirvieron los Acuerdos de Paz? ¿las sentencias de la Corte IDH?

¿De qué sirve la paz sin justicia?, ¿de qué sirve la paz si no somos iguales en derechos?

De nada nos sirve tener paz si en realidad lo que se vive es resentimiento, indiferencia o negación. Ocultar la verdad y vivir influenciados por grupos de poder que poco se interesan en buscar fines comunes (ojo que los grupos de poder no únicamente son aquellos que nos están gobernando, sino quienes viven del eterno conflicto entre el gobierno y la sociedad). Un claro ejemplo de una paz injusta: casi medio millón de vidas se perdieron en el conflicto armado (muertes que no discriminaron bando alguno) y, a pesar de eso, tenemos paz.

Propongo que, como guatemaltecos, nos enfoquemos más en la justicia y en la igualdad. Justicia es aproximarnos a la verdad y actuar sobre ella: reconocer las atrocidades cometidas por militares e insurgentes, perdonar, actuar y avanzar. Aunque aparentemente no se hable mucho del tema, no deja de ser una intensa herida que dificulta la comunicación y la confianza entre gobernados y gobernantes. En este punto es muy importante resaltar una noticia que inspira: el discurso en contra del antisemitismo que pronunciará Angela Merkel setenta y cinco años después del estallido de la Segunda Guerra Mundial… un discurso que no son palabras al aire, sino representa los casi $62 mil millones que Alemania ha pagado a los judíos que fueron víctimas del holocausto.

Para aproximarnos a la verdad necesitamos humildad, serenidad y coraje. Hoy la verdad se presenta en dos sentencias de la Corte IDH que condenan a Guatemala por haber masacrado a familias enteras y por haber realizado operaciones minuciosas dirigidas a torturar y desaparecer personas.

¿Qué tan valientes somos para aceptar eso?

La necesidad social de acceso a la justicia, específicamente en el contexto del conflicto armado, no implica únicamente la investigación y enjuiciamiento de los responsables, sino además un cumplimiento real de lo ordenado y una percepción tangible de compromisos a mediano y largo plazo que puedan estrechar la brecha existente entre gobernados y gobernantes. Creo fuertemente que el tema del conflicto armado es un silencioso detonante de la indiferencia y la intolerancia y que es un buen punto de inicio si se quiere trabajar con base en fines comunes acordados entre diferentes sectores de la sociedad.

En estos link pueden consultar la sentencia del caso Masacres de Río Negro vs. Guatemala y del caso Gudiel Álvarez y otros (Diario Militar) vs. Guatemala, así como el informe que recién publicó la CorteIDH sobre el cumplimiento en la ejecución de ambas sentencias.

Recomendación final: Equal rights de Peter Tosh. Buenísima canción, aborda las paradojas que suelen aparecer cuando uno se encuentra ante un conflicto interno. En el video salen algunas escenas de enfrentamientos en Jamaica, no muy diferente a lo que pasaba acá en aquel entonces.

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