Lizza Flores/Colaboración/

Todas debemos estar en constante capacidad para adaptarnos, el mundo está siempre buscando nuevas tendencias que se vuelven de moda en tres segundos y si no estamos atentas, es probable que la tendencia nos obligue a cambiar lo que somos en algún punto de nuestro camino. Pero, ¿qué sucede si nosotros no deseamos cambiar?

Los estereotipos en los que la sociedad está cimentada nos ponen ciertas fronteras o límites que conspiran en contra para llevarnos a cambiar nuestros ideales, nuestros pensamientos o nuestra esencia. Nos ofrecen un nuevo planteamiento de situaciones que nos mueven a tomar acciones sobre algún tema en específico.  Esto regularmente es aceptado conscientemente, aunque también está la posibilidad de ser orillados por diversos motivos a tomarla como propia, aunque no se conozca del todo y solamente seamos un reproductor más de una de las tantas ideas que existen en las personas que están a nuestro alrededor.

Es aquí donde podemos evaluar que las fronteras las podemos tomar como un límite flexible donde uno mismo decide dónde empieza y dónde termina por determinación propia. Una frontera es una OPORTUNIDAD, pero ¿cómo?. Sencillo. El mundo como lo vemos a través de nuestros ojos puede que nos desagrade. Entonces, a partir de aquí tomamos una de las miles de oportunidades que tenemos a lo largo de nuestra vida. Si una tendencia momentánea decide que la ropa que usamos no va con lo que está de moda, está en nosotros querer cambiarlo. Y aquí se toma como ventaja el poder de la decisión.

¿Cuántas veces nos han dicho cómo tenemos que vestir, cómo caminar, qué nos debe gustar?

Tomar el valor y decir “yo decido por mí” es el primer paso del cómo y cuándo romper las fronteras que los demás deciden colocarnos a nosotros. No les demos el poder de elegir por uno. Veamos qué es lo mejor y más conveniente para que con ello crezcamos interiormente y definamos lo que somos.

La palabra diferencia es una puerta que está abierta para quien se anima a abrirla. La esencia es algo único de cada persona y se va formando a lo largo de los años. Romper esquemas mostrando lo que uno es y proyecta es lo que vale la pena. Luchar por lo que uno quiere es constantemente el procedimiento de impedir que los límites nos marginen y que con ello nos auto restrinjamos en lo que podemos hacer y en lo que deseamos ser.

Ir en contra de la marea es complicado, pero no imposible. Requiere, en este caso, mucho amor propio y valor para hacernos felices y por consiguiente a los que nos rodean.

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