Violencia

Levi Jacob Mejía/ Instituto de Transformación de Conflictos para la Construcción de la Paz en Guatemala, INTRAPAZ /

La violencia en la escuela es un problema que se ha venido dando desde tiempos remotos y es lamentable decirlo, pero se sabe que es algo que no tiene una pronta solución.

A cuántos de nosotros, en especial a los que tuvimos la suerte (para bien o para mal), de estudiar en una escuela pública, nos tocó vivir momentos un tanto desagradables provocados por los estudiantes más grandes de tamaño y edad.  En la actualidad, todavía es muy común ver casos en los que niños o niñas se quejan de situaciones difíciles en sus aulas.

Muchas veces estas situaciones llegan a ser repetitivas, logrando causar un impacto psicológico en ellos.

No es lógico imaginar que un niño pueda actuar con tanta saña contra otro.  Sin embargo, los ejemplos son claros y concretos; es común ver y escuchar que se burlen de alguien que se mire más débil y que sea presa fácil para violentarlo por su tamaño, color de piel, corpulencia, forma de hablar, familia o “falta de inteligencia”.  Puede ser que un niño o niña no mida los golpes verbales que esté ocasionando al otro u otra, pero es muy deprimente para alguien a tan corta edad saberse con características que son causa de risas y burlas para los demás.

Cuando se violenta a un niño o niña dentro de un establecimiento, siempre se hace en la ausencia de un adulto, en este caso, en ausencia del maestro(a).

Se puede afirmar que los niños o niñas en grupos pueden ser muy crueles a la hora de violentar a otros. Esta forma de desahogo verbal que viene a recaer en el niño o niña violentado(a) va generando a su vez, cierto resentimiento hacia los demás hasta el punto en que dicho comportamiento puede ser replicado cuando él o ella logran hacer sus propios grupos o cuando encuentran a alguien con otras diferencias y son ellos quienes se convierten en los agresores.

Es allí cuando podemos afirmar que  la violencia es un proceso cíclico, que si no es abordado de una manera adecuada puede llegar a ser difícil de detener.

Conozco casos reales de compañeros de escuela y de amigos de colonia que llegaron a decisiones severas en sus vidas por evitarse más violencias. Recuerdo a una jovencita quien decidició que ya no quería comer, provocándose el vómito, derivado de la burla realizada por sus propias compañeras de la clase de natación al hacerle ver, entre burla y  saña, que era “la más gorda del grupo”.  Ella aún no ha sanado y a pesar que ha logrado recuperar peso, su mente fue dañada a tal grado que en ocasiones no reoconoce ni a su propia familia.

Otro caso fue el de un niño que decidió aislarse del mundo al tener apenas 9 años de edad, por ser objeto de burla debido a su sexualidad distinta a la de los demás. Actualmente sigue siendo un joven sin amigos, siempre con miedo de que le reprochen el “daño a la sociedad” que representa su homosexualidad.

Sin lugar a dudas, los casos más fuertes son los que llevaron a jóvenes a  quitarse la vida por evitarse esa violencia de la cual eran víctimas a diario. Es posible que para muchos sea lo peor que se llegue a hacer o sea un acto exagerado, pero a falta de educación al respecto y de afecto incluso de la misma familia, esta puede ser la única salida y la más inmediata. Triste, pero esta situación no ha cambiado y  se siguen escuchando noticias que lo constatan, especialmente en lugares populares o zonas rurales de nuestro país.

Por tal razón es muy importante generar una clase de escudo en los niños antes y durante su ciclo estudiantil.

La violencia en la escuela no sucede únicamente para aquellos que estudian en escuelas públicas; hoy en día es muy común ver en todos los centros de estudio esta clase de violencias (escuelas, colegios, institutos), incluso en las que son especialmente “para señoritas” y peor aún, en años iniciales de estudio como pre-kinder, kinder y preparatoria.

Sería muy adecuado que los padres, responsables o encargados, se dieran la tarea de platicar con sus niños, haciéndoles ver todas esas violencias que se viven a diario y que sin duda serán presa de ellas. Con esto en mente, encontrarán que exisen otras situaciones a las que deben poner atención, como sus propias clases y las buenas amistades.

Otra situación importante que se debe de inculcar a los niños, aunque ellos piensen lo contrario, es que deben romper el silencio y acusar.

Es importante poner en evidencia a esos niños que actúan de forma violenta y de alguna forma también ayudarlos a dejar ese tipo de actitudes. Comunicación de doble vía entre padres e hijos es muy importante para prevenir muchas situaciones que se pueden tratar en el transcurso de la vida estudiantil y que no tienen por qué terminar complicándose o en decisiones trágicas.

Paz

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