By Axel Ovalle
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Axel Ovalle / Opinión /

Querido alguien, no sé cómo te llamas ni dónde paseas tus tristezas, pero sé que leerás este mensaje y deseo que te sirva de ayuda.

En los días de lluvia, he visto como se mecen las gotas en los pétalos de las flores, evitando caer; sin embargo, la corriente es más fuerte y termina por desbaratarlas logrando hacer que queden derramadas en la acera. Así he sentido que es la vida. La falta de dinero, las discusiones familiares, el estrés en el trabajo, no saber si seguir estudiando, no contar con el suficiente tiempo, ser incomprendido, necesitar compañía, la presión social, son parte de esta corriente que poco a poco nos arrastra hasta dejarnos abatidos con gran sentimiento de tristeza, frustración, decaimiento, cansancio, insomnio y desinterés. Estos sentimientos cada vez van siendo más recurrentes y menos manejables, por lo que terminamos viéndonos de cara con la depresión.

Cuando una persona padece de depresión no se siente con fuerzas para hacerle frente a su vida, muestra una marcada tendencia a considerarse como deficiente, inadecuada e inútil y atribuye sus experiencias desagradables a un defecto físico, moral o mental. Tiende a rechazarse a sí misma, ya que cree que los demás la rechazarán, esa persona no vive sino que sobrevive; está hundida y desesperada, no puede ver más allá de la oscuridad que la ha sumido.

Vivimos en una sociedad en la que la depresión es considerada más como capricho, un defecto del carácter de la persona que como trastorno médico que se puede diagnosticar y que también tiene tratamiento.

En Guatemala, la depresión puede ir ligado a familias -en muchos casos- desintegradas en las que los jóvenes contribuyen a la economía familiar o bien, por la misma situación, se ven en la necesidad de tomar roles que no les corresponden, tales como el rol de padre o madre, ya sea trabajando o teniendo a su cargo el cuidado de hermanos más pequeños.

Otros factores importantes de mencionar son: las pocas expectativas laborales, la falta de acceso a los principales servicios y la falta de oportunidades, principalmente en nuestro país en el que los pobres cada día son más pobres y en el que las oportunidades de superación se limitan a sólo algunas personas.

La falta de oportunidades trae como consecuencias en los jóvenes, la desesperanza y depresión; ya que vivimos en una sociedad globalizada en la que se nos vende una imagen de éxito y felicidad, en un mundo materialista en la que el consumismo nos envuelve y, de cierta forma causa apatía y pesimismo el no poder ser parte de todo lo que se nos ofrece, no poder acceder a todo lo que la moda impone.

Más de 350 millones de personas en el mundo sufren o han sufrido depresión, y en los casos más graves las personas afectadas pueden llegar a desarrollar tendencias suicidas.

Según la ODHAG (Oficina de Derechos Humanos de Arzobispado de Guatemala,, en nuestro país los suicidios son un reflejo catastrófico de las depresiones y frustraciones de la ciudadanía.

En los datos del Departamento de Medicina Forense del Organismo Judicial se registran 10 suicidios mensuales por diversas situaciones, de los cuales 30 por ciento son adolescentes entre catorce y veintitrés años. Comprendemos entonces que el tema del suicido y la depresión van ligados y que no solo se ven afectados familiares y amigos sino la sociedad puede verse afectada si varios de sus miembros padecen de esta enfermedad y si no son tratados.

Para cualquier país proteger a la población con políticas solidarias de educación, salud y alimentación es una garantía para la subsistencia y fortalecimiento del desarrollo socioeconómico democrático. La depresión desestabiliza emocional y mentalmente a las personas que la padecen.

Un desequilibrio social se puede desencadenar si sus miembros no se encuentran a gusto y si no existe bienestar.

El Estado debe proveer bienes y servicios básicos a la sociedad como lo es la salud, citando el Artículo 2 de la Constitución Política de Guatemala: “Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona” así como los artículos 93 y 94 que citan lo siguiente: “El derecho a la salud y el Estado encargado de velar por la salud y la asistencia social de todos los habitantes. Desarrollará, a través de sus instituciones, acciones de prevención, promoción, recuperación, rehabilitación, coordinación y las complementarias pertinentes a fin de procurarles el más completo bienestar físico, mental y social”.

Para terminar, déjame decirte que si sufres de depresión por alguna razón, tu problema no va a desaparecer. Ningún problema desaparece, tú lo solucionas. Sólo debes de mantener el control y buscar ayuda. El Estado, la familia, los amigos deben buscar ayudar a la persona que está deprimida, hacerle ver que entienden que está enfermo. Es importante entender que esta es una enfermedad que necesita ser tratada.

Si te sientes deprimido, descuida, no estás solo, yo también estoy deprimido y es necesario que empecemos a ser tratados.

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Querido alguien: No sé cómo te llamas ni dónde paseas tus tristeza, pero sé que algún día me encontrarás.

Estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. Escritor Incauto, poeta, prisionero y fiel.

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One Comment
 
  1. Gabriela Sosa
    Gabriela Sosa / 14/09/2015 at 14:20 /Responder

    Gracias por esta columna. Es raro que alguien en Guatemala trate el tema. Urge en nuestro país un apertura acerca de esto o al menos algo como lo que hace la organización To Write Love on Her Arms en Estados Unidos, que promueven conferencias y donaciones a instituciones de apoyo a salud mental: https://twloha.com/home/

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