By Adriana Cordon
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En mis columnas anteriores he explicado el juego político que tienen Estados Unidos y la República Popular China en Medio Oriente, específicamente, en Afganistán e Irán. En esta columna, quiero describir la nueva política exterior de Joe Biden en Asia, y analizar lo que esto implica para Beijing dentro de las dinámicas geopolíticas, económicas y diplomáticas.

Es sumamente importante hablar de este tema, debido a que son las dos potencias mundiales que están dominando el mundo, y las alianzas que logren establecer van a definir la política mundial en términos económicos y militares.

Desde que Joe Biden llegó al poder, una de las políticas más sólidas del gobierno estadounidense ha sido mitigar la influencia de China en América Latina, Europa y África, y uno de los pilares de la política exterior, es la búsqueda de nuevos aliados en Asia. Es por esto que ha fortalecido sus relaciones diplomáticas y económicas con Japón y Corea del Sur, y a su vez, se ha acercado nuevamente al grupo del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad).

Este grupo está compuesto por Estados Unidos, India, Australia y Japón y su intento de resurgir dentro de las relaciones internacionales, es para bloquear la expansión de China en el Indo-Pacífico. Asimismo, se estableció una alianza militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos, denominada AUKUS, la cual tiene como objetivo ser un pacto de seguridad para compartir avanzada tecnología militar y de defensa para contrarrestar la presencia de China en toda la región de Indo-Pacífico.

Por otro lado, China ha mantenido una política internacional diferente, ya que siempre ha sido caracterizada con un “soft power”, en donde en lugar de buscar alianzas militares, busca el apoyo de naciones alrededor del mundo por medio de la cooperación.

Uno de los proyectos más grandes es la nueva Ruta de la Seda, la cual busca crear una red comercial entre Asia, África, Europa y ahora, América Latina. Este megaproyecto es conformado por más de 70 países y China, ha logrado invertir en países en vías de desarrollo para fomentar un crecimiento económico e integrarlos a estas nuevas dinámicas globales, tales como Grecia o Perú. En los últimos años ha establecido alianzas militares con Corea del Norte, Rusia, Irán y Pakistán, pero no se han institucionalizado, ni tienen el poder o la fuerza de las alianzas de Estados Unidos.

Cabe resaltar que, mientras Estados Unidos establecía alianzas militares en la década de los cincuenta en África, Asia y Europa mantenía una política exterior rígida hacia sus esferas de influencia en occidente (sobre todo en América Latina con la Alianza para el progreso), China se enfrentaba una guerra civil, a una crisis política y a un aislamiento diplomático.

Beijing inició con su apertura económica y comercial hasta finales de los setenta; para ese entonces, Estados Unidos ya había desarrollado tecnología militar y espacial avanzada dentro del contexto de la Guerra Fría, y sus relaciones diplomáticas con el resto del mundo eran estrechas y sólidas.

El Gigante asiático ha tratado de presentarse al mundo como un líder defensor de la soberanía estatal, sobre todo promoviendo el antiimperialismo en las organizaciones internacionales que conforma. Sin embargo, esta guerra fría que mantiene con Estados Unidos ha hecho que configure su política externa, hasta el punto de intervenir en conflictos y guerras civiles (sobre todo en Medio Oriente). Entonces, ¿qué implica el acercamiento estadounidense a Asia para la política regional de China? ¿Buscará establecer alianzas militares? ¿Formará una sólida como lo fue Organización del Tratado del Atlántico Norte  – OTAN -, para Estados Unidos en su momento?

A corto plazo, China no va a abandonar su política exterior, fundamentada en una estrategia geoeconómica y diplomática.

Si la seguridad de China se ve en riesgo con este nuevo acercamiento estadounidense a países estratégicos en el continente asiático, podría empezar a crear alianzas militares y buscará ser la potencia militar a nivel global (desplomando a Estados Unidos).

Para eso, tiene que tomar control sobre Hong Kong, Taiwán, Sinkiang y el Tíbet. No lo logrará sin alianzas estratégicas con Rusia, Pakistán e Irán y no podemos olvidar su alianza militar con Corea del Norte.

Además, una alianza chino-rusa sería un contrapeso indudable al poder de Estados Unidos, y podría anteponerse al poder político-militar que Estados Unidos tiene a nivel global, y que ha tenido desde el siglo XX.

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