Andrés Franco Febrero 1

Andrés Franco / Opinión /

Cuando la antipolítica encuentra un candidato II: Democracia e Institucionalidad

En una democracia, los actores políticos interactúan dentro un conjunto de reglas y procesos establecidos que les permiten negociar y llegar a acuerdos para gobernar. Por lo tanto, la institucionalidad es de vital importancia debido a que esta plantea y asegura los mecanismos para llegar a tales acuerdos.

Pero cuando estos mecanismos son rechazados o no se legitiman por parte de los actores políticos, caen en una dinámica de prácticas informales que pueden llegar a distorsionar la racionalidad de las instituciones y se presenta una situación en donde los fines son mas importantes que los medios, por muy poco legítimos, legales o eficientes.

En la columna Cuando la antipolítica encuentra un candidato hablo sobre la estrategia de campaña y el discurso que se utilizó en la campaña de Jimmy Morales, tomando como punto principal su caracterización como una candidato que encajaba en el perfil del electorado antipolítico.

Sin embargo, cuando continúa el discurso y la actitud antipolítica al momento de hacer gobierno, se encuentra con contradicciones que no le permiten desarrollarse dentro de la lógica de la institucionalidad democrática, y en este punto es donde la Presidencia de Jimmy Morales ha encontrado dificultades en su primer mes.

Juan J. Linz, al referirse a las dificultades que presenta el presidencialismo en una transición democrática, es que este tipo de régimen puede llegar a crear una “situación de suma cero”; es decir, el presidente o un líder individual recibe una importante cantidad de poder que no permite que otros actores puedan gobernar o actuar de la misma forma.

Sin embargo, cuando el presidente, en el caso de Guatemala, no puede plantear una agenda legislativa que le permita gobernar con respecto a su plan o programa de trabajo, o no logra llegar acuerdos que le permitan al menos incluir algunos puntos que este considera importantes, se genera una situación en la cual otros actores están planteando las condiciones y los caminos a seguir.

Pareciera de que los diputados del partido oficial -Frente de Convergencia Nacional (FCN-Nación)- no son capaces de llegar a acuerdos o de negociar para que sean incluidos en las posiciones o discusiones más importantes dentro del Organismo Legislativo. Abandonaron la discusión en torno al presupuesto general de ingresos y egresos del Estado, no tienen un espacio en la Junta Directiva y no presiden ninguna Comisión de Trabajo.

Pareciera que la visita del Presiente de la República en el Congreso, para presentar la propuesta de reestructuración del presupuesto general, es producto del desempeño de la bancada oficial en la presente legislatura.

El despeño del la presente legislatura, en este primer mes del año, es protagonizada por la presidencia del Diputado Mario Taracena. La publicación de salarios, la anulación de 54 plazas por Luis Rabbé, la presión a la Corte de Constitucionalidad para que conozcan la propuesta de reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, y la discusión sobre la reforma hacia la Ley Orgánica del Congreso de la República presentan a una Junta Directiva que está llevando a cabo una agenda política apoyada por varias bancadas, y que sus acciones están orientadas, más allá de brindar una mejor imagen del Organismo Legislativo, a buscar un escenario que les permita a las bancadas lograr los objetivos que se plantean.

No se trata de elegir al bueno o malo de la historia, simplemente es el hecho de que un organismo está trabajando de manera más eficaz al alcanzar los objetivos que se plantean, y es en este concepto en el cual se puede producir una situación de “suma cero”.

Porque mientras se buscan difundir una imagen de humildad y honestidad, al comer en el mercado central o viajar en clases ejecutivas para una visita oficial (que siendo sinceros, es un poco probable que las coincidencias lo favorecieron con encontrar a una periodista que encargara de difundir su acto de “humildad”), se están descuidando las acciones que realmente le garantizaran al nuevo presidente, las condiciones necesarias para gobernar.

Puede ser que el problema no sea percibido en este momento, pero la profundad de las acciones y errores que esta cometiendo el Ejecutivo al desligarse de los mecanismo institucionales, se percibirán mientras se enfrenten con la dificultada para generar acuerdos y acciones que permitan hacer gobierno.

Entonces , ¿realmente se puede hacer política, se puede gobernar un país, sin legitimar la importancia los procesos que están establecidos? En una democracia que estableció instituciones en base a acuerdos establecidos en una transición democrática, la respuesta es no.

Y el problema también se desarrolla en la poca vinculación que se busca tener con los mecanismos institucionales o partidos políticos por parte de los colectivos que estuvieron presentes en la plaza. Si las demandas no llegan por los canales establecidos, estas no serán tomadas en cuenta.

Cuando nos desvinculamos tanto de la institucionalidad ignoramos que más allá de ser un conjunto de individuos o una masa que se expresa por medio de acciones colectivas durante todo el año, somos ciudadanos y eso nos otorga derechos en un sistema con el que podemos estar en desacuerdo, pero que si contempla mecanismos de participación política que se pueden llegar a utilizar.

La pregunta queda en el aire: ¿Es realmente tan mala la institucionalización? Pero si lo es, ¿Existen otros mecanismo de participación política pacíficos y legítimos que permitirían generar cambios tan sustanciales, sin poner en riesgo la estabilidad y la gobernabilidad? Esas son algunas de las preguntas desde las cuales deberíamos de partir para hablar de democracia.

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